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La ribera fangosa

Siempre he admirado al Piglia ensayista, al Piglia conferencista. Creo que las intervenciones sobre Borges que hizo para el canal estatal argentino fueron brillantes, probablemente lo mejor de su carrera, no he escuchado o leído nunca algo mejor sobre Borges, Borges sin los laberintos y los espejos. Me detengo en un error, un detalle ínfimo, que me llamó la atención. A Piglia siempre le gusta observar una frase particular que usó Borges en su traducción de The Wild Palms de Faulkner; la observación está también en esa conferencia de la TV Pública:

Hay un hombre que está preso que se escapa en el momento de una gran inundación del Mississippi y anda con una balsa con una mujer embarazada por el río. Entonces hay un momento en el relato de Faulkner en que la canoa encalla contra entonces Borges pone «repechó la ribera fangosa» que es de Las ruinas circulares. O sea, tomó la frase, que es lindísima, «repechó la ribera fangosa», el buque «repechó la ribera», es lindísimo, «repechó», y lo puso así, «ahora va a quedar mejor», dijo, y lo puso así.

Al ver el video se ve que Piglia, en una de las veces que repite repechó, se toca el pecho. En otra conferencia, Novela y Traducción, repite la misma anécdota y el mismo gesto:

una historia bellísima de un penado de una cárcel que se escapa con una mujer embarazada en una balsa, y hay una crecida del Mississippi y ellos van ahí con esa balsa, y en un momento encalla y entonces Borges pone «repechó la ribera fangosa», y es una frase de Las Ruinas Circulares, ¿no? Es un canalla, puso «repechó la ribera fangosa», que es una frase bellísima, «repechó» como quien enfrenta, como un caballo que golpea con una superficie, «la ribera fangosa», lindísimo, ¿no? La síntesis. Pero en Faulkner no está esa frase, mejor dicho, está esa acción, de la balsa que va contra la costa del río, contra la ribera, y queda como encallada, entonces Borges pone esa frase, que en realidad es una frase propia, ¿no?, que viene de ustedes la van a encontrar en Las Ruinas Circulares.

Es claro ahí que para Piglia repechar significa golpear con el pecho, que incluso proyecta usando la imagen de un caballo, una idea muy rara, porque el verbo y el sustantivo repecho en realidad apuntan a una subida corta y empinada, como la que se suele dar en la margen de un río. Veamos ahora lo que Borges escribió en Las Ruinas Circulares:

Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era una de las infinitas aldeas que están aguas arriba, en el flanco violento de la montaña, donde el idioma zend no está contaminado de griego y donde es infrecuente la lepra. Lo cierto es que el hombre gris besó el fango, repechó la ribera sin apartar (probablemente, sin sentir) las cortaderas que le dilaceraban las carnes y se arrastró, mareado y ensangrentado, hasta el recinto circular que corona un tigre o caballo de piedra, que tuvo alguna vez el color del fuego y ahora el de la ceniza.

Es decir, el hombre, ya bajado del bote, ya besado el barro sagrado, caminó cuesta arriba la ribera. Esa escena está repetida casi idéntica en el momento culminante de El Inmortal:

El cuatro de octubre de 1921, el Patna, que me conducía a Bombay, tuvo que fondear en un puerto de la costa eritrea. Bajé; recordé otras mañanas muy antiguas, también frente al Mar Rojo; cuando yo era tribuno de Roma y la fiebre y la magia y la inacción consumían a los soldados. En las afueras vi un caudal de agua clara; la probé, movido por la costumbre. Al repechar la margen, un árbol espinoso me laceró el dorso de la mano

La misma acción: un hombre desembarca, sale del río subiendo a pie por la orilla y se lastima con la vegetación (incluso usa el mismo verbo, lacerar). Que repechar para Borges es subir una cuesta, es indudable, como por ejemplo en Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto:

Repechando colinas arenosas, habían llegado al laberinto.

Y en ese mismo sentido lo usa para traducir a Faulkner, donde Borges usa el verbo no una vez, sino cuatro. Por ejemplo aquí, donde también alguien sube entre la vegetación:

aunque Wilbourne sabía que apenas repechaba el callejón entorpecido de maleza

traduciendo:

though Wilbourne knew it was now merely crawling up the rutted weed-choked lane

Pero no hay ningún bote ahí, quien sube es una ambulancia: Faulkner compara la sensación de urgencia que da la sirena contra la realidad de una subida lenta por una calle empinada, llena de baches y maleza. Otra imagen, más cerca de la del cuento de Borges:

Pero él la sostenía, jadeando, sollozando, y volvía a repechar la pendiente fangosa. Casi había alcanzado la cima plana

cuando Faulkner:

But he held her, panting, sobbing, and rushed again at the muddy slope; he had almost reached the flat crest

Ahí está la subida embarrada (muddy slope) hacia la cima (crest), no hay ninguna sorpresa en la traducción. Esa escena es muy parecida a la escena donde está la frase que alude Piglia:

Empuñando el extremo del sarmiento saltó al agua, desapareciendo en la agitación de trepar y reapareció, siempre trepando, y (él, que nunca había aprendido a nadar) zambulló y se metió hacia el terraplén casi invisible atravesando el agua que lo cubría como el ciervo había hecho ayer y repechó la ribera fangosa y se quedó alentando y rendido, siempre con el sarmiento en el puño.

No hay la acción del bote encallando en la ribera que describía Piglia, sino un bote parado y un hombre usando una rama como bastón para ayudarse a salir a la orilla. Todo esto está escrupulosamente correspondido en el original:

Grasping the grapevine end he sprang into the water, vanishing in the violent action of climbing and reappeared still climbing and (who had never learned to swim) plunged and threshed on toward the almost-vanished mound, moving through the water then upon it as the deer had done yesterday and scrabbled up the muddy slope and lay gasping and panting, still clutching the grapevine end.

Repechó la ribera fangosa sintetiza admirablemente scrabbled up the muddy slope, porque en el scrabble up está la idea de subir trabajosamente, en slope está la cuesta, y una vez más, fangosa está justificada por el mismo adjetivo en inglés. Hay quien ve repechar como un criollismo; es un verbo que los gauchos solían usar con los caballos, y es posible que Borges lo usara en ese registro, puesto que parecería haber mudado Las Palmeras Salvajes a su predilecto paisaje de Palermo, empleando palabras como compadrear, caranchos o catinga, o comparando a Jesse James con Juan Moreira y Hormiga Negra.

Ahora, fuera del significado errado de repechar, Piglia dice además que Borges copia una frase textualmente de un cuento suyo (lo dice explícitamente por ejemplo en Traducción y Tradición), y por tanto asume el cuento anterior a la traducción. Por un lado, basta leer nuevamente el párrafo que copié del cuento para constatar que repechó la ribera fangosa no está como frase textual: está el fango, está la acción de repechar, no ambas cosas a la vez. Por otro lado, la cronología es complicada. Faulkner publicó su novela en 1939; para fin de ese año ya Borges la tenía traducida y salió a la calle en 1940; a fines de ese 1940 Borges publicó por primera vez Las Ruinas Circulares en el número 75 de Sur. La publicación de la traducción, entonces, es anterior a la del cuento, pero uno siempre puede pensar que ya lo tenía escrito. Effrain Kristal argumenta elocuentemente que Borges sacó la idea de Las Ruinas Circulares de un cuento de Giovanni Papini: L’ultima visita del gentiluomo malato, que Borges tradujo para la Antología de la Literatura Fantástica, y que se publicó en 1940 también. Es decir, probablemente la traducción de Las Palmeras Salvajes y la escritura de Las Ruinas Circulares hayan sido simultáneas, y una cosa haya influido a la otra. Uno tiende a pensar, puesto que el libro de Faulkner ya estaba escrito, que acaso simplemente al traducir la idea repetida de Las Palmeras Salvajes de subir una cuesta fangosa desde el río le haya dejado esa imagen fuerte a Borges, y la haya usado, conscientemente o no, al escribir Las Ruinas Circulares, no lo sabemos. Pero aún hay otro texto anterior, de 1926, unas anotaciones de su puño y letra sobre una hoja de una traducción de las Noches Aticas de Aulo Gellio. En un momento escribe:

repechar sentirse muerto, estado metafísico
el revés de lo conocido, como de la invisible azotea que lleva nuestra casa o
del barro elemental

Y allí, en esas pocas palabras, puede verse un reflejo de varios textos posteriores, como rastrea Balderston, pero en particular de una oración de la futura Historia de la Eternidad, publicada en 1936, y que luego repetirá en Nueva refutación del tiempo, fechándola en 1944, es decir, con el eje de simetría puesto en nuestro 1940:

La vereda era escarpada sobre la calle; la calle era de barro elemental, barro de América no conquistado aún.

Es como si Borges dijera que hay que repechar hacia la vereda de la civilización que está arriba, desde el barro de la barbarie que está abajo, el barro de tierra no conquistada que encontró Solís en la Fundación Mítica de Buenos Aires:

¿Y fue por este río de sueñera y de barro
que las proas vinieron a fundarme la patria?

Una fundación que Borges corrige y mueve a Palermo, el mismo Palermo donde está la calle Godoy Cruz que la repechaba a los barquinazos el 64, el Palermo donde no faltaba en sus noches alguna lancha contrabandista holandesa que atracaba en el bajo, ante las cortaderas cimbradas. Las cortaderas: el hombre gris besó el fango, repechó la ribera sin apartar las cortaderas que le dilaceraban las carnes. Nos queda ese caleidoscopio de imágenes: hay una calle de barro empinada por la que trepa un tranvía con su corneta insolente, hay una calle de barro en Barracas desde la que Borges sube a la alta vereda, hay lanchas que desembarcan rutinariamente entre las cortaderas del Maldonado, hay un río de barro en La Boca del que desembarca el conquistador entre los camalotes de la corriente zaina, hay un río de la India o del Sudán en el que desembarca un hombre y besa el barro como un conquistador besa la tierra que va a pisar por primera vez, y se abre camino cuesta arriba yendo por la orilla entorpecida de cortaderas, hay un hombre y una mujer que vadean el declive de barro del Mississippi entre la vegetación, y todo eso sucede en Palermo.