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Amy

Murió Amy Winehouse, y los medios se han llenado de ese regodeo que les da cuando alguien cae públicamente muy bajo. Amy WinehouseAlguien lo resumió así: “Amy Winehouse fue encontrada hoy un poco más muerta que ayer”. Las radios repiten “Rehab”, casi como si se rieran de ella. Algunos pocos medios (el Guardian, notoriamente) han tenido la integridad de recordar quién era esa mujer que, siendo muy joven, habiendo publicado sólo un puñado de canciones, había generado tanta admiración en tanta gente admirable.
Muchas veces, por curiosidad, me había preguntado qué clase de discos hubiera producido Jim Morrison de haber vivido más, o Kurt Cobain, o Jimi Hendrix. ¿Qué hubiera sido de la música de esos rebeldes cuando su música era su rebeldía? Pero Amy no. Amy, en sus discos, era una artista respetuosa de un canon, una artista que claramente estaba entroncando en una tradición de grandes, cuya música ya era una música madura, aún en canciones ligeras como “Rehab”. De haber vivido más, Amy seguramente hubiera seguido produciendo discos cada vez más prodigiosos.
Y ayer volvía a ver incontables conciertos de Amy Winehouse, porque sus discos se acaban tan rápido, y bastaba verla allí, parada frente a su micrófono, cantando casi al descuido, bastaba verla allí para sentir la dimensión de lo que perdimos. La heredera a su trono, Adele, tiene una voz perfectamente educada, pero cómo compararla con la soltura de Amy, cómo comparar la concentración y la profesionalidad de Adele con la completa indiferencia de Winehouse, quien sin esfuerzo recomponía cada vez sus canciones. Amy Winehouse no era una intérprete, no en el sentido de esos artistas que aprenden un número y lo ejecutan con una precisión tal que pueden emocionar a su público, que pueden generar esa ilusión de que el artista está hablando sus sentimientos en una canción, cuando en la realidad, concierto tras concierto, están repitiendo las mismas inflexiones, ya desgastadas y vacías de significado para ellos. Amy Winehouse, ella era la misma mientras cantaba, y las canciones eran Amy Winehouse cada vez, distintas cada vez, sin programa, sin otra preparación que volver a contar aquella historia que seguía siendo su historia. Y uno, paralizado como frente al viejo marinero de Coleridge, tenía que escuchar.
Muchos dijeron que su tragedia fue el motor que creó “Back to black”, el más brillante de sus dos discos, o que su tragedia disparó sus ventas a posteriori. Sin embargo, su talento era insoslayable. Uno se olvida muy fácilmente de que Amy Winhouse era una cantante de un género que pertenece al pasado lejano, que pertenece en el mejor de los casos a un público que dista de ser masivo, y aún así era una artista inmensamente popular. Uno se olvida de lo joven que era, y de lo honesta que era. Y esos registros extraordinarios que parecen querer desmentir todos esos “era”.