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Tres de Robert Frost

 

En mi retiro al bosque en que mi canto
era en hojas tragado y se perdía,
te vi en los lindes caminar un día,
(en mi sueño) mirando en torno tanto

que entrar deseabas, mas te daba espanto,
como al pensar “no tengo la osadía
de ir lejos con sus pasos como guía;
que él me busque y deshaga este quebranto”

Lejos, no; estaba cerca yo y vi todo,
tras ramas que bajaban hasta allí;
no llamarte dolió de un dulce modo,

no decirte que aún sufro lo que vi.
Mas no es verdad que vivo así apartado:
despierta el bosque, estás aquí a mi lado.

A Dream Pang, en “A Boy’s Will”, 1913

Pese al bosque, las charcas al perfecto
cielo entero reflejan sin defecto;
al igual que sus flores, tienen frío,
y al igual que sus flores, ya se irán,
pero no hacia un arroyo o a un gran río:
sus aguas a la oscura fronda van.
El brote de árbol, bajo su corteza,
eclipsar quiere a la naturaleza.
Que el árbol piense y no use su vigor,
que no borre ni beba ni se lleve
la flor como agua, el agua como flor,
que al disolverse ayer dejó la nieve.

Spring pools, en “West-Running Brook”, 1928

En los árboles yo pienso.
¿Por qué hemos de tolerar
para siempre el malestar
de su ruido tan intenso
tan cercano a nuestro hogar?
Lo sufrimos día a día,
perdemos concentración,
nuestro ritmo y la alegría,
y quedamos escuchando.
Quien quiere huir de una vez
prefiere hablar a la acción,
y no es que habla menos cuando
ya algo sabe en su vejez:
que irse de aquí nunca quiso.
Mis pies propenden al piso,
la cabeza balanceo
como árboles que yo veo
desde la puerta o ventana.
Voy a irme a algún lugar
tomar la audaz decisión,
cuando alto bramen mañana
para causar aprensión,
bajo el cielo encapotado.
Tal vez seré más callado,
pero ya no voy a estar.

The sound of the trees, en “Mountain Interval”, 1916