La muerte de Fogwill
La lectura de las reacciones en los medios acerca de la muerte de Fogwill, las necrológicas en los diarios, en los blogs, dejan algo que ya era flagrante pero que uno esperaba que no fuese, cómo decirlo, la música que acompaña la apoteosis. La literatura de Fogwill se lleva menos palabras que los hechos y dichos de Fogwill, sus libros pesan menos que las anécdotas, sus personajes que su mayor personaje, Fogwill. Sin variantes repiten que Los pichiciegos y Muchacha punk son su legado incontestable, pero luego abundan en Fogwill provocador, en Fogwill publicista, en Fogwill leyenda. Alguno festeja emisiones infestejables, y la literatura queda de lado frente a los slogans, sean en la forma sucinta para favorecer a un cigarrillo, sean en la forma elaborada de la vituperación para favorecer a un escritor, Fogwill. Estas celebraciones vienen de uno de los flancos más asentados en la literatura argentina actual, el de la literatura sin literatura, el del desprecio al canon literario, el que desconfía de los clásicos por ser una elección demasiado obvia, y prefiere lo pintoresco, el aura de lo común con olor a sofisticación urbana. Se trata hace muchos años de reivindicar a Arlt porque miraba de soslayo a Joyce y escribía "a la que te criaste", porque de alguna manera siempre fue visto como el anverso de Borges. Cuando la sombra de Borges, con el paso de los años, se agigantó y se convirtió en un laberinto para los escritores locales, no se vio otra alternativa que escapar por algún lugar que Borges no haya transitado, o mejor, que Borges haya abiertamente menospreciado. En esa línea es visto hoy Fogwill, quien quiso rescribir El Aleph desde una perspectiva completamente diferente. Incluso le leyeron (censurando las partes pudendas) el resultado de este experimento a Borges1, quien cortésmente lo hizo a un lado; los que buscaban nuevos anti-Borges encontraron en este rechazo una confirmación. Gestos así son los que conglomeran hoy los obituarios, gestos que no equivalen a una literatura sino a una posición política, gestos que el Fogwill publicista naturalmente capitalizó en la construcción del Fogwill escritor de honestidad brutal, Fogwill el del depilado lingual, en fin, Fogwill el que, a diferencia de los que posan, no aspira a ser una figura estilizada de la literatura. Y así los que ejercían la suspicacia a la literatura con mayúsculas compraron esa estilización (porque indudablemente también es una pose), y lo nombraron su maestro y antecesor, para justificar una filiación literaria culta en los libros atroces que publicaron: Arlt, Fogwill, ellos.
1Fe de erratas: ver en los comentarios la confusión.
Muy duro Leandro. También muy cierto.
Muy bien visto pues aunque no leí nunca a Fogwill, lo mismo pienso de otros escritores.
Creo que el que creo la figura del escritor mediático fue Wilde. Por eso nunca me ha gustado del todo aunque ya Goethe persona era más que Goethe escritor…
Creo que estás confundiendo un par de cuestiones: nunca le leyeron a Borges "Help a él", la reescritura de El Aleph, entre otras cuestiones porque Borges ya estaba muerto en el momento en que Fogwill decide tomarlo como paradigma. La anécdota que mencionás, se refiere a un texto anterior presentado a un concurso en el que Borges era jurado y es, creo, uno de los textos que fueron a parar a "Mis muertos…" La siguiente confusión es que el Fogwill maduro literariamente, digamos, el de la década del 90 que fue donde elaboró el grueso de su obra, incluso la que se publicó posteriormente, nunca tomó como paradigma a Arlt, siempre fue Borges, quién trabajó con el legado de Arlt fue Piglia. Dicho esto, después no estoy de acuerdo con tu conclusión pero ya ahí se trata de una serie de creencias diferentes: yo sí creo que se debe mantener la suspicacia frente a la literatura (sin mayúsculas por favor) como frente a cualquier otra actividad de la civilización si uno no quiere resignar pensamiento crítico. Y en cambio sí estoy muy de acuerdo en que el tratamiento de los medios a su muerte fue espantoso aunque sinceramente tampoco esperaba otra cosa. Además hay algo que se te escapa, al menos desde mi perspectiva, y es que el canon literario tiene como única función ser provocar discusiones. Fogwill siempre accionó en ese sentido: discutiendo y proponiendo nuevos nombres. Desde ya, por si no queda claro, lejos de mi intención figura el convencerte, sólo plantearte una disidencia y explicarte que para muchos, para mí por ejemplo, amar la obra de Fogwill, está muy pero muy lejos de "justificar una filiación literaria culta en los libros atroces" que haya publicado alguien.
Sí, creo que mi confusión respecto a Help a él viene de la ambigüedad en esta entrevista que le hace Kohan:
-Hay una anécdota tuya que me pareció significativa: cuando le leen a Borges un cuento tuyo, pero lo hacen salteando en la lectura las partes demasiado fuertes…
-Ese era Enrique Pezzoni. Lo hace Pezzoni, la primera vez, y lo hace Josefina Delgado la segunda.
-Borges elogia el cuento, diciendo que sos un maestro de la elipsis.
-Ahora, vos fijate que pasado tanto tiempo, hace dos años vuelvo a leer El Aleph- , y veo cuánto más logrado está – El Aleph- que mi versión.
Pero tenés razón: ha de haber sido cualquier otro cuento anterior (ese "elogio" de Borges es de Kohan: en alguna otra entrevista Fogwill dice que fue una ironía). Ahora, la segunda confusión es tuya. Yo no dije que Fogwill había tomado a Arlt; más bien que ciertos escritores y críticos locales toman a Arlt como una línea en contra de la estética literaria pura, digamos, de un Borges, y así leen a Fogwill, como un renegado literario, como se lee a Bukowski en Estados Unidos, por ejemplo. Con todo, y aquí entramos en el terreno del gusto, pienso que Piglia está más cerca de Borges que Fogwill, y menos cerca de Arlt que Fogwill: los textos, claro, no las intenciones.
El canon literario, como yo lo entiendo, es una lectura "consensuada" de la literatura desde el gusto actual. Ese consenso podrá ser discutible en los márgenes, pero no en el centro: hoy nadie podría discutirle ese centro, pongamos, a Shakespeare. Sin embargo, esta facción de la que hablo prefiere decir que Shakespeare está sobrevalorado, y que tiene menos para ofrecer que, no sé, Paul Auster. Para ellos la ignorancia (o como ellos prefieren, el soslayo) de estos clásicos es visto como una virtud, y salen a decir (¿cuántas veces lo escuché de cuánta gente?) que Borges es un escritor menor, y que sin dudas X es mejor, y cuanto más impresentable es X, más impresión causará la afirmación. Fogwill fue usado por esta gente, pese a que Fogwill ha defendido una visión bastante clásica del canon. El problema es el personaje cáustico y escandaloso en que se fue convirtiendo calculadamente Fogwill, y el también calculado desparpajo de muchos de sus textos.
Muchas gracias por tus comentarios.
Con respecto a las anécdotas, creo que son dos distintas: una fue una ironía de Borges en la que lo llamó "el hombre que más sabe de automóviles y cigarrillos" y la otra es la mentada, cuando le leyeron un texto de salteando las partes "fuertes" dice que dijo: "este hombre es un maestro de la elipsis". En TVE hay ahora mismo una entrevista que le hicieron a Fogwill hace poco en España y creo que narra ambas.
En lo segundo y reconociendo mi error inicial te pregunto cómo podemos hacer cargo a un autor por las manipulaciones críticas a la que pueda ser sometida su obra. Tampoco estoy muy de acuerdo con lo de la lectura "consensuada" porque en el fondo no creo que exista un "gusto actual". Lo tomo más bien como que todo es una discusión crítica en marcha desde la cual se elaborará un canon futuro. Tengo un ejemplo: Cortázar hace quince años y Cortázar ahora. Podemos acordar sobre Shakespeare o Flaubert pero me parece más difícil consensuar sobre lo que está en gestación, sobre la letra viva. Otro ejemplo: sobre Borges existe consenso ahora, no lo hubo mientras estuvo en vida. Tu lectura de Piglia, por ejemplo, yo no la comparto. Puedo reconocer (y lo hago) Respiración artificial o el último lector pero de ningún modo aceptar Plata quemada o la nueva Blanco diurno, son modos de leer. De hecho encuentro sospechoso el consenso alrededor de Aira, por ejemplo, no termino de comprenderlo. En el fondo pienso, cuando discutimos lecturas, no hacemos otra cosa que discutir escrituras. Los pocos lectores que existen, normalmente también escriben (o quieren escribir). En el fondo creo que cuando llegamos a un consenso alrededor de una obra, es porque ya no esperamos nada nuevo de ella. No logro entender del todo a quien te referís diciendo que utilizan o utilizaron la obra de Fogwill para sostener o excusar atrocidades pero reconozco que estás en tu derecho a pensar así. Sólo dejame que te diga que, en lo personal, yo amo la obra de Fogwill (incluso aquella que de aquí en más van a empezar a llamar menor: Runa, Urbana, etc)y no siento haber justificado ninguna atrocidad. En cuanto al personaje cáustico, dejame decirte que al menos siempre supo "decir" sobre literatura sin correcciones ni complicidades. Eso yo lo voy a extrañar, que exista alguien que pueda y quiera hacerlo. A partir de ahora, los Kohan, Piglia y Pauls que queden, serán infinitamente más correctos e infinitamente más aburridos también. Por otro lado reconozco que el personaje Fogwill fue calculado por un publicista (que lo era) pero yo no creo haber leído ni un único texto al que le pueda endilgar algún "calculado desparpajo". Por lo demás, linda discusión. Abrazo.
Es que el canon literario es siempre leído desde el presente: hoy, como decís, no es el mismo que era antes. Alguna vez Shakespeare fue popular, luego fue olvidado, luego fue rescatado, luego estuvo en el canon. Pero hay un gusto actual, un gusto que se puede palpar en la opinión de una buena parte de la gente, estemos de acuerdo o no. Digamos: Shakespeare goza de buena salud, es leído, se escribe sobre él, se buscan sus huellas, se representan continuamente sus obras, se las filma, se las traduce, se las analiza desde el psicoanálisis o desde la política de género, y se pretende que la literatura occidental sin él es impensable. Hay un consenso ahí, "podemos acordar", como decís vos. Es el gusto actual. Pero aún los muertos recientes, más cerca del bronce, como Saramago o Bolaño, es muy difícil saber si en cincuenta años seguirán tan aplaudidos. Probablemente Saramago comparta el destino de Cortázar, por ejemplo: será un escritor ligado a un contexto político más que a una literatura.
Ahora, pese a la volatilidad del canon, ahí está nuestra identidad literaria. Los autores que están ahí se parecen a nosotros hoy, por eso están ahí, o mejor, son los que más admiramos de nuestra cultura. Es claro que un escritor no querrá escribir como Shakespeare, pero sería una tontería ignorar que alguna vez alguien escribió esas obras tan intensas y tan humanas, porque son parte de lo que hoy llamamos literatura, ineludiblemente.
Te voy a dar un ejemplo (prestado de Jorge Mayer) que seguramente me vas a discutir. Una vez Nielsen le leyó este texto a Fogwill:
Tuve el primer sueño el día que empecé a trabajar en lo de Gómez. Yo subía al entrepiso por una escalera de madera, encendía la luz. Era un desván con porquerías, cajas atadas, ventiladores y baúles. Iba a buscar una jaula de las que había en el piso, apiladas contra la pared derecha del cuartito. Las jaulas estaban cubiertas por una sábana sucia.
Fogwill le corrigió "prendía la luz". Esa corrección, que Fogwill justificó diciendo que no se habla así (¿vos le decís a una mina después de coger "prendé la luz" o "encendé la luz"?) está diciendo que la literatura no se debe a lo formal, y está toda esa movida cada vez más grande, donde se escribe, se filma, se compone como sea, porque tanto da. Es el paradigma anti-Borges, es de alguna manera el que defendía Arlt en el prólogo a Los Lanzallamas: los que buscan lo formal de la literatura y hablan de Joyce son snobs con renta, y el verdadero escritor escribe de cualquier manera en cualquier lugar. Fogwill le corrige muchas más a Nielsen: donde Nielsen pone "entablé una relación inmediata con él", Fogwill le corrige "en seguida fuimos compinches"; donde Nielsen dice "entre todos aquellos males", Fogwill reemplaza con "desgracias". Y así. La justificación es que uno debe copiar el lenguaje coloquial porque el personaje hablaría así en la realidad. Fogwill se quiere olvidar de que ese personaje que él reconstruye no escribiría nada en la realidad. Y esa concepción literaria borra toda la literatura de Joyce, la de Kafka, la de Proust, naturalmente la de Shakespeare, la de Dante, la de Homero, la de Virgilio, o más acá, la de Sebald, la de Thomas Bernhard, y claro, la de Borges. Nadie habla como escribieron ellos. La literatura no se debe a una copia de la realidad: la literatura es un juego con la lengua, y uno lee libros para encontrar ese juego, no para escuchar al vecino decir que prendió la luz: es como si en una ópera, si la que canta fuera una esclava, debería cantar desafinadamente porque una esclava no tiene entrenamiento vocal. Fogwill, que sabía estas cosas, y que sabía escribir bien cuando quería, podía pretender esa pose, que ésa era su literatura y así vender su personaje: eso es lo que llamo un "calculado desparpajo". Otros, que quisieran no tener el ancla del canon, la obligación de leer a Shakespeare, a Virgilio o a Joyce, el tedio de la formalidad, de la métrica, de la prosodia, la forzosa medida con Borges, aplaudirán todas estas cosas como maná del cielo; los críticos, a quienes esto no les presenta dificultades, también. Como bien recordás, más de uno de esos críticos y escritores porfió que Borges era un fraude y que la moda iba a pasar. Creo que hoy, merecidamente, es el único escritor argentino en el canon universal, y quizás en un siglo sea olvidado, si ya no coincide con las ideas literarias dominantes, como parece ser la tendencia general: como dijo Bloom (hablando del Finnegans Wake) el mérito estético ya no es el centro del canon. Y eso es lo que lamento.
Trataré de ser breve: Comparto plenamente el pensar de Seikilos.
Algo menos breve pero breve al cabo: La posición canónica de Shakespeare no es discutible porque genera desde una industria crítica enorme hasta una angustia referencial a escritores contemporáneos y habidos, pasando por una abultada inspiración en medios artísticos varios desde el cine hasta la ópera pasando, cómo no, por el propio teatro que siempre encuentra una forma de renovar su obra.
En ese sentido, es referencial, es decir, en el sentido literal del término. Por lo demás, estoy de acuerdo con la crítica a considerar que hay que "prender la luz" que, irónicamente ya que español, me suena a literatura dado que aquí se dice "encender" pero es que además detrás de ese ansia de mímesis se esconde un empirismo ingenúo que ni siquiera tiene cabida hoy en la epistemología moderna en donde se asume que no es posible aprehender hechos puros sin usar una teoría previa y pensemos que incluso cuando fabulamos ya estamos seleccionando e interviniendo en esa supuestamente pura aprehensión. Antes bien, la literatura, como el esculpir de Miguel Angel según su parecer, crea haciendo parecer que simplemente quita las sobras de la realidad pura.
p.d: ¿Qué es eso de que Cortázar quedó como una moda política? Hasta donde yo sé Cortázar es el escritor argentino por excelencia (de no existir Borges)? ¿No?
Cortázar tiene el mismo problema que Saramago: está muy relacionado con un contexto social en particular, por sus dichos y sus contradicciones, por tratar de incorporar la figura del escritor latinoamericano sensible, del intelectual activo políticamente. Al igual que Saramago, tiene buenos libros, aunque eran mejores cuando era un referente de algunos movimientos que hoy han caducado o mutado, porque esa caducidad de alguna manera afecta la figura literaria de Cortázar. A Borges se lo sigue considerando como un escritor universal, mientras que Cortázar se lo ve cada vez más como un escritor ligado a los sesenta, o a la adolescencia, "un escritor de iniciación", como dijo Aira. Supongo que en España se puede hablar de Cortázar como el escritor argentino por excelencia, un poco porque en España se puede ignorar todo esto. Naturalmente antes que Cortázar yo prefiero a un Antonio di Benedetto, que nunca entrará al canon ni marginalmente. En el canon argentino, no sé de ningún escritor importante que siga el camino abierto por Cortázar: más bien la cuestión se dirime entre Borges y Arlt, con Bioy Casares, Macedonio Fernández y Leopoldo Marechal en la periferia, siempre hablando del centro del siglo XX, claro: esos son los escritores que han hecho algún tipo de escuela, que han creado sus seguidores, que han dejado su marca en las generaciones que siguieron.
Ojo a eso, se acabó la época en que la literatura argentina vista desde España atrasaba veinte años. Te lo digo con conocimiento de causa, vivo en Barcelona, casi todo Fogwill está publicado, hoy son encontrables en las librerías unos quince libros de Aira (decir todo Aira sería una ilusión), todo Piglia. Tabarovsky edita antes en España que en Argentina, Iosi Havilio, Busqued, Terranova, etc, todo se edita en España. Se lee a Sarlo, a Ludmer, etc. Y no te nombro a los escritores argentinos que viven y publican en España, porque los considero a todos irrelevantes. En sentido inverso, los libros de escritores españoles no llegan a Argentina por una ecuación que tiene que ver con las condiciones editoriales y el desinterés del mercado. Unica excepción quizá Vila-Matas. Ahora se publicó la novela de Carrión y se importaron los libros de F. Porta y F. Mallo en una movida editorial que ya veremos hasta donde llega. Pero si quisieras, por ejemplo, conseguirte la obra completa de J. Marías en Buenos Aires estarías jodido, no podrías hacerlo.
Volvamos al tema anterior: conozco la desgrabación de esa charla entre Fogwill y Nielsen. Una especie de taller literario a la carta donado a un pendejo que no era más que un amateur ese momento, no niegues una enorme generosidad en ese acto. Nielsen en particular creo que siempre fue amigo de Fogwill. Y yo no puedo leer ahí lo que lográs leer vos, una filiación realista, digamos, que intenta obviar o desarmar otras elaboraciones de tipo estético. Yo lo tomo como correcciones puntuales a un texto específico. En algunos casos bastante básicas, "prender la luz" es un error siempre y de cualquier modo. Se prende una vela, viene de ahí, es una deformación de la lengua hablada. Borges en particular no perdonaba esos deslices, es famosa una burla sobre alguien que había escrito "portero eléctrico".
En el último reportaje que le leí en vida, Fogwill afirmaba que Cortázar era un invento y que había que leer a Juan Emar. Yo no estoy de acuerdo, conozco bastante de Juan Emar y me parece un escritor muy menor. Cortázar, reconociendo que es un escritor de iniciación (porque lo fue para mí como para casi toda mi generación. Y también lo fue para los escritores españoles) me sigue pareciendo un monstruo que tiene dos novelas (Rayuela y 62) y dos cuentos magistrales (Casa tomada y el perseguidor). Si alguien me propone tirar el resto de Cortázar a la basura estoy absolutamente de acuerdo pero cuando yo logre escribir dos novelas y dos cuentos de esa magnitud, a partir de ahí voy a aceptar que se trata de un escritor menor. En lo personal creo el "canon universal" es cosa de Bloom, a mí me preocupa poco. Porque además soy incapaz de leer la mayoría de las lenguas que existen en el universo. Como me preocupa poco también el "canon nacional" porque ya la creo una categoría obseleta. Falta que se entere Sarlo pero alguna vez se va a enterar. Si las categorías nacionales dejaron de existir en todas las disciplinas por qué no habrían de hacerlo también en la literatura. Lo que para mí tiene importancia real es la discusión crítica general sobre escritos, textos y escritores, por lo que te decía antes, estamos elaborando el canon de pasado mañana. Es decir, desde donde se elabora escritura en el presente. En lo personal yo no creo que uno deba escribir desde un canon externo a la propia experiencia de lecturas, esto quiere decir que cuando cada uno escribe, vos o yo, Nielsen o Mayer, en la memoria actúa lo que quedó registrada en la de cada uno. En mi caso, por ejemplo, influyen tanto Borges como Cortázar y tanto Fogwill como Lamborghini o Zelarayán.
Quiero decir, nada de esto es tan grave. No lo es ni las desidencias que podamos tener, ni lo pudo haber sido la influencia de Fogwill en la literatura nacional. No son los comentarios de un blog el lugar ideal para ponerse de acuerdo, pero yo no logro quitarme la idea que en tu caso, como el de tantos otros que odiaban al personaje, no consiguen separar paja y trigo, personaje y narrador en este caso y actúan confundiendo al segundo con el primero. Pero insisto, no es grave, al propio Fogwill le causaría gracia y nos insultaría a ambos, tal como era su costumbre.
Muchas gracias nuevamente por tu extenso texto. Estas son conversaciones que realmente valen la pena, especialmente cuando hay posiciones distintas. Algunas consideraciones breves. Respecto a España, lo único que dije es que sin el contexto político, que arrojó mucha luz sobre cierto momento literario en Sudamérica, España probablemente sólo juzgue a Cortázar por sus libros y el aderezo de su fama. Respecto al canon, Bloom postulaba el canon occidental (no universal), que para él estaba compuesto mayormente por escritores de habla inglesa, claro, y que derivó sospecho yo de la Dr. Eliot's 5' shelf; con todo, creo que el canon preexiste a cualquier libro, está en cualquier ámbito de literatura. En Argentina hay un canon que es local, en parte porque, digamos, el Martín Fierro y el Facundo son libros muy poco legibles fuera de su contexto, pero que tuvieron una influencia innegable en otros que fueron más universales. Algo similar ocurrirá con los libros españoles que hacen agua en Argentina. Hay obras bellísimas que requieren compartir su origen, y otras que sólo adquieren encanto cuando se las lee por fuera de su origen (para mí entre estas últimas está toda la obra de García Márquez y la de Vargas Llosa). Es innegable eso que decís que en cada escritor influirán sus lecturas, pero también es innegable que ciertos pesos pesados mueven muchos escritores: Borges no dejó a nadie indiferente, y se escribió siguiendo lo que él hizo o en contra de lo que él hizo. Eso es el canon: una forma de entender la literatura en un momento dado del tiempo, y eso existe, escriba Bloom un libro con una lista o no.
Respecto a Fogwill, no es que odie al personaje: es un verbo demasiado fuerte. Me gustan algunos de sus cuentos, me divierte escucharlo hablar e insultar. A veces dice cosas interesantes, y a veces se le ve la hilacha (me doy cuenta que lo sigo viendo en tiempo presente). Pero sí me produce tristeza que una buena parte de los escritores más nombrados de la última generación literaria argentina pretenda escribir "prendí la luz", como quería Fogwill, porque es más real, esto es, menos literario. Los gauchos no hablaban como Martín Fierro, ni Quiroga hablaba con la voz que le dio Sarmiento, y quién puede quitarles realidad. La pretensión que hay detrás de esa desconfianza a la literatura es que cualquiera puede escribir un gran libro sin haber leído otra cosa que El Principito (o El Príncipe), y en esa pretensión naufraga esta generación y no da un sólo libro de valía: así la literatura argentina se está apagando, y como mucho hoy podemos discutir a Fogwill, a Aira, a Piglia y a Saer, una generación que ya se consideran dinosaurios.
Gracias nuevamente.
Algún libro de valía habrá. Admito que con escritores argentinos menores de sesenta años no sabría nombrar alguno.
Pero no hay que generalizar; porque exista un grupo que hace mucha bulla, que ignora o desaprueba la literatura anterior, y que publica libros que para cualquier lector viejo son "nada", o "cualquiercosa", imposibles de ser respetados, digo, que ese conjunto bullanguero acapare el mote de escritores nuevos (o al menos no jurásicos) no quiere decir que sean todos. Con menos fama habrá otros que ya saldrán a la luz si son realmente buenos.
Eso se llama tradición, es parte del canon también pero es imposible discutir aquello que tiene más de, no sé, 60 ó 70 años. No tiene sentido hoy, por ejemplo, discutir a Lugones, pero para Borges tenía todo el sentido que puede tener lo urgente, porque discutiendo a Lugones modificaba la comprensión (por lo tanto el valor) de su propia escritura. En toda discusión literaria hay implícita la justificación de una escritura. Y entonces discutimos aquello que puede estar sujeto a valoración y a apreciaciones disímiles. Quiero decir: podemos discutir a Cortázar, podemos discutir a Lamborghini y podemos discutir lo actual. Llámese actual a los "nuevos" como Terranova, Havilio, etc o a los que ya comienzan a tener una obra madura como Chitarroni, Guebel, Nielsen, etc.
Yo no estoy de acuerdo con que "la literatura argentina se esté apagando", me parece que no. Y en todo caso, si así fuera, no entiendo por qué de eso debería ser culpable Fogwill, en un colectivo en el que también producen (efectos) Saccomanno y sus alumnos, Olguín (y su premio trucho) y todo el enorme catálogo del benemérito Schávelzon, Kohan incluído.
Me parece que, si uno hiciera un trabajo de investigación y búsqueda en los archivos de los medios, de todos los elogiados en todas las entrevistas a Fogwill en vida, uno podría sostener que su acción publicitaria en favor de nuevos autores siempre tuvo un signo inverso al que vos le suponés. No lo sé, la mía también es una suposición, alguien debería hacer ese trabajo para que alguno de los dos pueda confirmar su sospecha.
Tenías razón con respecto a Bloom, es el canon occidental, fue un lapsus. También cambié el nombre de la última novela de Piglia pero ese caso tuvo algo de intencional.
Algún día, cuando pase la cercanía de la muerte de Fogwill, porque para algunas cosas es mejor dejar pasar el tiempo, quizá te invite a escribir un ensayo sobre tu valoración sobre él (obra, narrador, personaje), me gustaría armar un discusión pública, creo que sería interesante e incluso quizá necesaria. Necesaria a medias, bah, como todo lo relacionado con la literatura, que siempre es prescindible e innecesario pero que aún sabiéndolo algunos seguimos insistiendo.
ericz, sí, uno, para simplificar, o para decir una opinión, a veces tiende a la generalización. El tiempo dirá, como decís vos.
Daniel, me gustaría decir que no es mi intención echarle la culpa a Fogwill de nada. Es una percepción que tengo de la literatura actual argentina, que coincide con ciertas efusiones de Fogwill, pero que no las postulo como causa y consecuencia. Es más bien el espíritu de nuestro tiempo. El texto original apuntaba a que eso se podía ver en la forma en que despidieron a Fogwill: menos literatura que personaje, y el recorte de Fogwill personaje conviene a cierta visión actual de la literatura en la que lo formal no tiene ningún valor, y la literatura, como todo arte, es forma. Fogwill, como escritor, se puede discutir, pero no en estos términos: Fogwill escribía y leía desde la literatura, cuando así lo quería.
casi un año despues leo el post y el intercambio de ideas. Y me encuentro sin sorpresa del lado de Borges, Kafka, Proust, Henry James y de el estimado seikilos. Literatura es arte, y representacion, y aunque puede recrear o copiar a la realidad, yo siempre espero encontrar algo mas colorido. Fue buena idea , sin embargo, la de llevar esta charla al plano real, y abrirla al publico. Espero se concrete. Saludos.