Tríptico
Aquí estoy de vuelta con una canción, esta vez más bien clasicona, nada de experimentos. Se trata de música sencilla para piano y cello imaginarios, con tres partes, en tres minutos (sospecho que los instrumentos deberían haber sido tres también, pero qué vamos a hacerle). Noto que entre julio de 2006 y julio de 2009 sólo compuse tres canciones; de allí a julio de 2010, esta es mi tercera canción, y las tres este año, de forma que puedo pensar que ésta es una temporada prolífica, en mis términos.
La canción puede bajarse desde aquí.
PS: A partir del comentario de Héctor decidí agregar los primeros bocetos que hice, los que descarté, que están en crudo y constan de unos pocos compases. Uno incluye una introducción de piano más dura, y otra es un intento de desarrollarlo como cuarteto de cuerdas.
PS2: Aquí está la partitura, y aquí la parte de cello y la de piano.
El enlace lleva a una página que dice estar en reconstrucción.
Saludos
Listo, gracias por avisar.
Sí, me gustó, me gustó la ambientación que consigue.
Por curiosidad: compones escribiendo o tocando, ¿de ambos modos? ¿diferencias? Me parece un punto interesante de analizar
En general (siempre hay excepciones) parto de una idea que tuve improvisando con el piano: dos o tres acordes, una melodía. Todo el resto, que es la mayor parte de la canción, la escribo y al mismo tiempo la voy "probando" con el programa que uso para escribir: puede ser un programa simple de escribir partituras, con sonidos básicos de guía, o algo más sofisticado como el Linux Multimedia Studio, que ofrece un abanico más grande de instrumentos, que permite elegir el tono exacto del piano (clásico, de jazz, de rock, etc.) o el sonido de las cuerdas (atacado, con vibrato, etc.)
Utilizo este método por mis limitaciones: cuando improviso con el piano no puedo tocar todo lo que "me suena" en la cabeza: soy un intérprete bastante malo, en parte porque nunca estudié ningún instrumento académicamente, y mi autodidactismo fue siempre de a ratos perdidos, con poca dedicación y menos sistema. Con el cello puedo tocar aún menos que con el piano, de forma que en algunos casos casi no tengo opción. Dejo entonces la interpretación a la máquina, y me concentro en la composición.
La respuesta completa es más complicada. Pongo por caso este tema. Partí de los primeros cuatro compases en el piano. Boceté algunas ideas armónicas posibles, y luego pasé a la máquina. Tuve un par de falsos comienzos (que, por curiosidad, subí al texto principal), vi cómo (no) funcionaba sólo con el piano o con varias cuerdas. Cuando encontré el tono que me gustó, comencé el verdadero trabajo. Siempre es más o menos así: escribo la parte que tengo (la primera es la que sale de la improvisación), la escucho ejecutada por la máquina, y en seguida me aparecen en la cabeza otros tres o cuatro compases. Los escribo; vuelvo a pedirle a la máquina que ejecute. Tal vez me quede un tiempo en lo que acabo de escribir, lo limo un poco, lo ajusto a lo que me "suena" internamente, porque lo que escribo no siempre es infalible, claro. Una vez satisfecho, vuelvo a escuchar todo, y ya tengo nuevamente más compases para escribir. A veces no me suena nada; en esos casos, si lo último escrito no es fuerte, es decir, no tiene el carácter de inevitable para mí, lo borro y pruebo a ver qué otra cosa me suena. Si no, paso a modo cerebral, y pruebo desde lo consciente: ¿qué podría poner ir aquí, qué notas hay, qué acordes? En algún momento la pieza se agota sola, llega al final. Escucho todo de nuevo, emprolijo, retoco algún detalle, pero la pieza ya tiene su forma final. Es como un camino que se va descubriendo: se puede volver atrás el último paso, pero no se puede corregir algo que está entre A y C, porque B ahí lleva a C.
En esencia es una improvisación en cámara lenta. Cuando se improvisa lo que fue tocado se va escribiendo en el tiempo; el resultado es inmodificable, pero ese carácter no tiene que ver con la idea de "lo tocado, tocado", ni con la idea de que no se puede volver al pasado, sino con la idea de que un punto musical lleva a otro, y no a cualquier otro. Esto, naturalmente, no quiere decir que toda pieza "descubierta" de este modo es buena; en general, tiene el defecto de la previsibilidad por su naturaleza misma, al menos para mí, y depende mucho de mi estado de ánimo, como toda improvisación.
Este método de escribir en la máquina agrega además otras deficiencias a las que ya tiene la improvisación. Por un lado, lo que escribo rara vez lo puedo tocar. Por otro lado, está la tentación de usar instrumentos que no existen (son electrónicos) y así la pieza existe sólo para la máquina.