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Tres canciones de Shakespeare

Tres canciones de Shakespeare

Come away, come away, death,
And in sad cypress let me be laid;
Fly away, fly away breath;
I am slain by a fair cruel maid.
My shroud of white, stuck all with yew,
O, prepare it!
My part of death, no one so true
Did share it.
Not a flower, not a flower sweet
On my black coffin let there be strown;
Not a friend, not a friend greet
My poor corpse, where my bones shall be thrown:
A thousand thousand sighs to save,
Lay me, O, where
Sad true lover never find my grave,
To weep there!
Quiero que vengas cerca, cerca, Muerte,
para acostarme en la madera del ciprés;
y que mi aliento lejos, lejos, vuele:
me ha dado muerte una muchacha rubia y cruel.
Preparen el sudario blanco,
que usen ramas de tejo como adorno.
Nadie su muerte se ha ganado
en mejor ley que yo, no hay otro.
No quiero flores, ni una dulce flor
sobre mi negro féretro arrojada;
No quiero amigos, ni un amigo, no,
que reciba mi cuerpo y mi mortaja,
así mil lágrimas se evitan, miles,
y yo me acueste allí
donde no pueda hallarme amante triste
para llorarme a mí.

Feste, en “Noche de reyes” (Twelfth night)

Fear no more the heat o’ the sun,
Nor the furious winter’s rages;
Thou thy worldly task hast done,
Home art gone and ta’en thy wages:
Golden lads and girls all must,
As chimney-sweepers,
come to dust.
Fear no more the frown o’ the great;
Thou art past the tyrant’s stroke;
Care no more to clothe and eat;
To thee the reed is as the oak:
The sceptre, learning, physic, must
All follow this
and come to dust.
Fear no more the lightning-flash,
Nor the all-dreaded thunder-stone;
Fear not slander, censure rash;
Thou hast finish’d joy and moan:
All lovers young, all lovers must
Consign to thee
and come to dust.
No exorciser harm thee!
Nor no witchcraft charm thee!
Ghost unlaid forbear thee!
Nothing ill come near thee!
Quiet consummation have;
And renowned be thy grave!
Ya no hay razón para temer al sol,
ni a la rabia furiosa del invierno;
tus trabajos mundanos terminaron,
no hay más hogar, no hay más salario:
los áureos jóvenes,
cual deshollinadores,
deben volver al polvo.
Ya no hay razón para temer al grande,
los golpes del tirano no te alcanzan;
ya no importa comer, vestirse,
iguales te parecen caña y roble:
cetro, sabiduría o cura, todo
obedece a esta ley:
deben volver al polvo.
Ya no hay razón para temer al rayo,
tampoco al trueno, que da susto a todos,
ni a la calumnia o la censura incauta;
se acabaron tus penas y alegrías:
los jóvenes amados, los amantes,
esta verdad confirman:
deben volver al polvo.
¡No hay exorcista que te dañe!
¡No hay brujería que te encante!
¡Almas sin paz, no te molesten!
¡Que nada malo se te acerque!
¡Que tengas un final en calma,
y que tu tumba sea célebre!

Guiderius y Arviragus, en “Cimbelino” (Cymbeline)

Full fathom five thy father lies;
Of his bones are coral made;
Those are pearls that were his eyes:
Nothing of him that doth fade,
But doth suffer a sea-change
Into something rich and strange.
Sea-nymphs hourly ring his knell:
Ding-dong.
Hark! now I hear them,—
Ding-dong, bell.
Tu padre en el profundo piélago reposa,
coral se han vuelto aquellos huesos,
donde estaban sus ojos ahora hay perlas.
Mas nada en él se desvanece,
pues el mar todo lo transforma
en algo extraño y prodigioso.
A toda hora las ninfas doblarán por él:
din, don.
¡Atento! Ya las oigo:
din, don, dan.

Ariel, en “La tempestad” (The tempest)