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Tres de “The Final Cut” (Pink Floyd)

El disco “The final cut” (“El corte final”) tiene tres canciones consecutivas que profundizan la historia esbozada en The Wall, la de un maestro de escuela, veterano de la Segunda Guerra Mundial, que maltrataba a los alumnos “esparciendo su sarcasmo sobre cualquier cosa que hiciéramos”, pero que en la casa lo esperaba una mujer “gorda y psicópata” que lo azotaba por las noches.

One of the few



When you’re one of the few
to land on your feet
What do you do
to make ends meet? (teach)

Make ‘em mad
Make ‘em sad
Make ‘em add two and two

Make ‘em me
Make ‘em you
Make ‘em do what you want them to

Make ‘em laugh
Make ‘em cry
Make ‘em lay down and die

Uno de los pocos



Cuando sos uno de los pocos
que todavía sigue en pie
¿qué hacés para llegar a fin de mes?
(enseñar)

Enloquecerlos
Entristecerlos
Que sumen dos más dos.

Que sean como yo
Que sean como vos
Que hagan lo que vos digas.

Que rían
Que lloren
Que se tiren y mueran.

The hero’s return



Jesus, Jesus, what’s it all about?
Trying to clout these little
ingrates into shape.
When I was their age all the lights were out.
There was no time to whine and mope about.
And even now part of me flies over
Dresden at angels one five.
Though they’ll never fathom it
behind my sarcasm
desperate memories lie.

Sweetheart, sweetheart are you fast asleep? Good.
‘Cause that’s the only time that I can really speak to you.
And there is something that I’ve locked away
A memory that is too painful
To withstand the light of day.

When we came back from the war
the banners and flags hung on everyone’s door.
We danced and we sang in the street and
The church bells rang.
But burning in my heart
The memory smolders on
Of the gunner’s dying words
on the intercom.

La vuelta del héroe



Jesús, Jesús, ¿por qué tanto problema?
A golpes trato de formar
a estos niños ingratos.
Yo a esa edad no podía andar de quejas
cuando todas las luces se apagaban;
aún hoy parte de mí sigue volando
quince mil pies por sobre Dresde.
Y aunque no lo sospechen ellos,
detrás de mi sarcasmo
se esconden los recuerdos angustiosos.

Mi amor, mi amor, ¿estás ya bien dormida?
Es que así puedo hablarte de verdad:
hay algo que he guardado bajo llave,
un recuerdo que duele demasiado
para verlo a la luz del día.

Cuando volvimos de la guerra
colgaban en las puertas las banderas y estandartes,
todos cantaban y bailaban en la calle,
las campanas sonaban en la iglesia.
Pero sigue quemándome en el alma,
el recuerdo que no se extingue:
la últimas palabras en la radio
del artillero moribundo.

The gunner’s dream



Floating down
through the clouds
Memories come rushing up to meet me now.
In the space between the heavens
and in the corner of some foreign field
I had a dream.
I had a dream.

Good-bye Max.
Good-bye Ma.
After the service
when you’re walking slowly to the car
And the silver in her hair
shines in the cold November air
You hear the tolling bell
And touch the silk in your lapel
And as the tear drops rise
to meet the comfort of the band
You take her frail hand
And hold on to the dream…

A place to stay
Enough to eat
Somewhere old heroes
shuffle safely down the street
Where you can speak out loud
About your doubts and fears
And what’s more no-one ever disappears
You never hear their standard issue
kicking in your door.
You can relax on both sides of the tracks
And maniacs
don’t blow holes
in bandsmen by remote control
And everyone
has recourse to the law
And no-one kills the children anymore.
And no-one kills the children anymore.

Night after night
Going round and round my brain
His dream is driving me insane.
In the corner of some foreign field
The gunner sleeps tonight.
What’s done is done.
We cannot just write off his final scene.
Take heed of his dream.
Take heed.

El sueño del artillero



Cayendo lentamente
a través de las nubes,
vienen veloces los recuerdos a mi encuentro.
En el espacio entre los cielos
y algún rincón en un país extraño
tuve un sueño.
Tuve un sueño.

Adiós, Max.
Adiós, mamá.
Después del funeral,
al caminar despacio al auto:
la plata que reluce en su cabello
bajo el frío aire de noviembre;
escuchás el llamar de la campana
sentís la seda en tu solapa,
y al tiempo que aparecen lágrimas,
cuando estás cómodo al calor del grupo,
tomás su frágil mano
y te aferrás al sueño…

Un lugar donde estar
algo para comer
que nuestros héroes veteranos
caminen por la calle sin problemas.
Donde se pueda hablar de dudas y de miedos,
y más: donde la gente no desaparezca
y no vuelvan las rutinarias
patadas a la puerta.
Donde uno pueda estar tranquilo
no importa en qué lugar de la ciudad
y donde los maniáticos
no acribillen soldados
con un control remoto.
Donde cualquiera pueda
recurrir a la ley
y que ya nadie vuelva
a matar a los niños.

Noche tras noche
me da vueltas y vueltas en la mente:
me estoy volviendo loco con su sueño.
En un rincón de algún país extraño
duerme esta noche el artillero.
Lo hecho, hecho está.
No podemos borrar su última escena.
No hay que olvidar su sueño.
No hay que olvidarlo.

El disco “The final cut” tiene por subtítulo “Un réquiem para el sueño de la post-guerra”, el sueño del artillero: un mundo más pacífico, menos desigual. Ese “rincón de algún país extraño” es una cita a un poema de Rupert Brooke llamado “El soldado”: if I should die, think only this of me: / that there’s some corner of a foreign field / that is for ever England.