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Los sonetos húngaros de López Bobadilla

Palimp se trajo de Logroño una caja llena de los papeles póstumos de un poeta menor riojano, Jesús López Bobadilla, apodado “el poeta nutricio”, por su afición a componer poemas sobre alimentos. Decidido a exhumar esos papeles para descubrir qué valor puede haber en ellos (Bobadilla tiene un libro publicado, quizás dos), convocó a quien quisiera ayudarlo, así que me ofrecí. Estos son algunos hallazgos.

En un papel arrugado encontré este poema que sospecho inaugura los que luego terminé agrupando como “sonetos húngaros”. Pese a que no tiene fecha, ahora me parece evidente que López Bobadilla allí ensayó el primer poema sobre un conocido manjar del este europeo. Al principio no está mal, pero hacia los últimos versos va trastabillando:

Se da una confusión con cierto plato
que algunos llaman
gúlash y es de Hungría;
y es por eso que escribo esta poesía,
a modo de cultísimo alegato

para así detener el insensato
desparramo de terminología.
Explicado el designio, empezaría
anunciando el problema de inmediato:

con tener carne y páprika no basta
para llamarse
gúlash. Digo más:
ni siquiera con
spätzles, esa pasta

de harina y huevo. Tú preguntarás
cuál es el nombre y yo, muy entusiasta,
contestaré: se llama
paprikás.

Algunas observaciones de vocabulario sobre el “cultísimo alegato”. Hay quien podría discutir que la palabra “spätzles” está mal usada allí, ya que “Spätzle” es el diminutivo de Spatzen, en cierto dialecto suabo, y ya está en plural. Es claro por otros escritos que López Bobadilla estaba familiarizado con la palabra, y de la métrica se deduce que la pronunciaba adecuadamente comenzando con la “s”, evitando el tan común “espátzel”. Tal vez por la misma razón forzó el plural español obligado por la cantidad de sílabas; en algún poema posterior utiliza la forma correcta. También “Gúlash” tiene bien puesto el acento en la primera sílaba: he escuchado incontables veces gente pronunciando mal “gulásh”. Yo particularmente prefiero escribir “goulash”; la Real Academia desconoce cualquiera de sus variantes.
El poema manuscrito tiene, por cierto, muchas palabras tachadas, y la letra empeora visiblemente en los últimos versos, que parecen apurados. La idea no se entiende muy bien: el paprikás es el nombre del plato que lleva crema y spätzle, mientras que el goulash es más bien una sopa o un guisado, sin pasta; aparentemente Bobadilla quería marcar la diferencia entre los dos, pero el resultado es desafortunado. A juzgar por unas anotaciones que hay debajo, el poeta mismo estaba insatisfecho también; las anotaciones están escritas en prosa, pero al leerlas me di cuenta que también siguen la forma del soneto, de manera que las arreglé en versos:

Este soneto me quedó muy mal,
porque en vez de arrancar por el principio
me tenté con la rima y con el ripio
y en los tercetos ya escribí el final.

Pero hacer un soneto no es banal,
y acabas por usar el participio
u objetos raros como “municipio”,
y ya llega un momento en que da igual:

con tal de que los versos tengan rima,
el mal poeta trastorna forma y fondo,
o mejor dicho: el fondo desestima

para que el poema quede bien redondo.
La configuración del ritmo prima
pero el producto es puro verso hediondo.

Pese a este fracaso, Bobadilla eventualmente insistiría con el tema; encontré en otro cuaderno un poema más, de Abril de 1998, que presumo no ha de ser muy posterior:

El paprikás es húngara delicia
que en verdad lleva pocos ingredientes:
carne, que puede ser de diferentes
animales; la carne más propicia

es ternera; también se beneficia
de cordero o de sus equivalentes,
cerdo, o incluso un buen pollo, mas no intentes
con pescado: sería una impericia.

La carne en cubos chicos va cortada,
e inmersa en una crema bien espesa,
de páprika, muy bien condimentada,

y es por eso su nombre: no es sorpresa.
Con lo que he escrito es suficiente, nada
falta para servirlo en una mesa.

En el margen, con otra tinta, está garabateado “carne húngara: ¡qué delicia!”, y en la parte superior del papel, “húngara delicia”, no sé si a modo de título. El soneto está más acabado que el anterior, aunque el final también es débil, y conserva la forma conversacional que le gusta a Bobadilla. La reincidencia temática me dio curiosidad, y seguí buscando: tres años posterior, en 2001, aparece este otro poema, también de tono didáctico:

El paprikás la gente lo acompaña
con un tipo de ñoquis alemanes
que cumplen la función de nuestros panes:
la comida es picante, y la artimaña

contra la páprika (que con gran saña
ataca nuestra lengua) es que sus planes
rompas con algo neutro, y alivianes
ese picor que tu intestino daña.

Se llaman
spätzle, knöfle, y en Hungría
le dicen los
csipetke, o las galuska,
incluso una italiana analogía:

nokedli, que seguro a gnocci busca
parecerse. En Italia se diría
troffi, vocablo con raíz etrusca.

No dejo de notar que hay una simetría en este soneto con el primero: a pesar de saber que “gnocci” ya es plural en italiano (como lo muestra en el último terceto y en una nota al pié), utiliza “ñoquis”, redoblando el plural en la castellanización, de la misma manera que hizo anteriormente con “spätzles”. Podemos pensar que son licencias poéticas, aunque en su defensa también es lícito argüir que ambas formas (“spätzles” y “ñoquis”) son muy populares en el habla común.
En el manuscrito no queda claro si quiso usar “campaña” o “artimaña”, ambas palabras están escritas una sobre otra, y no se entiende cuál corrige a cuál (para mí tiene más sentido “artimaña”). Por lo demás, hay formas riesgosas aquí, como utilizar “galuska” para rimar, que tiene realmente muy pocas posibilidades en español. Las características de los sonetos bobadillanos se mantienen: el poeta que habla al lector, el final desbaratado. Sin embargo ciertos giros de estilo y las informadas anotaciones de los tercetos (por no decir la elección de la ardua forma soneto) me hacen pensar que Bobadilla tenía un buen trasfondo cultural, y posaba de lúmpen. Al final del soneto hay una nota que luego me resultaría clave:

Una vez en Roma pedí que me sirvieran gúlash, y no me sorprendió que me dieran paprikás. Sí me sorprendió que la camarera (que estaba muy buena) me preguntara si “il signore vorrebbe i troffi”, ya que yo no conocía esa palabra. Inconscientemente esperaba “gnocci”, pero los italianos son expertos en pastas: todo tiene su nombre específico allí. Luego en Milán volví a pedir “troffi” y me miraron con cara de no saber de qué hablaba.

Luego sigue hablando de las bondades de la camarera romana. Pegada a esta hoja hay un papel escrito con letra de otra persona, que dice:

farina
uova
acqua tiepida
sale
noce moscata

Todo esto no hizo sino fustigar mi curiosidad. Rebusqué, pero en los siguientes años, Jesús López Bobadilla parecía haberse olvidado de los sonetos húngaros. Al fin en una carpeta de 2003 apareció este poema, perdido entre otros en verso libre:

Estando en Roma gulyás he ordenado
y
pörkölt me sirvieron a pesar
mío. Yo al punto me iba del lugar
pero estaba muy bueno ese guisado.

La camarera (que por otro lado
era maja) me dijo ser magiar.
Me sorprendió lo extraño del azar
de hallar a una húngara en Italia, dado

que yo también era extranjero. Pero
divago: luego me ofreció traerme
tarhonya, y yo conté cuánto dinero

tenía encima, no es cuestión de verme
en problemas con ella, siendo austero:
gana el que está despierto, no el que duerme.

Varias cosas para agregar aquí. Por un lado, desde el punto de vista estilístico, se nota el cambio de época. Hay versos que son descuidados o experimentales, como ese juego entre “maja” y “magiar”, o esas rimas internas poco felices, como “extranjero” seguido inmediatamente de “pero”, o “dado” asonante con “divago”. Esto es consistente con otros poemas del mismo período. Por otro lado, hay más encabalgamientos y cada vez más notas cultas: gulyás en vez de gúlash, usando la voz húngara; el pörkölt es una variante de ese plato, y la tarhonya, una variante de los spätzle. Si se compara este soneto con el addendum al soneto anterior, se notarán las similitudes: la historia romana es esencialmente la misma, sólo los pormenores de la comida han cambiado. Esto me hizo pensar que las marginalia del soneto del ’98 están relacionadas con este episodio. Luego hallé estos versos sueltos, sin fecha:

Romance

Estando en Roma ordené gulásh
qué más da
When in Rome
Do as the Romans do

Notar la acentuación distinta para “gulásh”. El título tengo mis razones para pensar que está en inglés. Se trata de una variante o un antecesor de este otro poema, el último soneto de la serie húngara, fechado el 30 de Diciembre de 2007:

Cada vez que he pedido gúlash me
dieron un plato diferente. Si
yo pido
gúlash quiero gúlash y
no
paprikás y no pörkölt. ¿Qué

le sucede a esta
fucking gente? Se
supone que
ragout no quiero ni
tokány ni otra cosa si yo di
claras, precisas instrucciones. De

aquí en más pediré
gulásh y no
aceptaré otra cosa. ¿Qué más da?
Estando en Roma no me dieron lo

que yo quería: no hubo guiso y la
camarera tampoco quiso, y yo
que me quedé sin comer nada. Ja.

En este soneto la palabra goulash tiene dos acentuaciones distintas, según la ocasión. El uso excéntrico de los monosílabos al final de cada verso me parece un mecanismo para acentuar el tono furioso del poema. Es evidente que para el poeta la comida húngara y la camarera húngara estaban ligadas indefectiblemente, o que de alguna manera una era metáfora de la otra. Los que lo conocen ponen en duda la existencia de la historia romana, ya que Bobadilla no habría salido nunca de la península ibérica. Queda el misterio de la receta de los troffi, escrita en italiano, y no de su puño y letra.