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Dos fotógrafos

Hoy leo en la Escuela de Fotografía Digital algunas citas de fotógrafos famosos. Hay dos que separo:

No hay que sacar fotos, hay que hacerlas (Ansel Adams)

Lo bello puede ser visto en todo; ver y componer lo bello es lo que separa la instantánea de la fotografía (Matt Hardy)

Hay un fotógrafo que está al acecho de lo bello. Nunca deja de observar, de caminar, hasta encontrarlo. Siempre está listo a tomar su cámara y dejar un registro fotográfico de ese objeto, de ese paisaje, de ese gesto en esa persona, en ese momento. Es rápido y práctico; ve muchas cosas, pasan a su cámara muchas imágenes, pero no todas tendrán la pureza de esa belleza que hace a una gran fotografía. Las que sí la tengan, serán espontáneas, persuasivas, incontestables, verdaderas.

Hay otro fotógrafo que construye sus fotos. Sabe ver en el esbozo de lo real la potencial fotografía escondida. Elige el equipo adecuado, cambia las lentes y fija el trípode. Se toma el tiempo, hace varias tomas, quizás vuelva al día siguiente a buscar una mejor luz. Ya en el laboratorio, separa algunas posibles candidatas, combina las fotos, las trabaja a lo largo de muchas horas con colores y texturas y goma de borrar, hasta lograr sacar a la luz el objeto vislumbrado. Un objeto que todos saben que no tiene contrapartida en la realidad, pero que es un objeto estético perfecto, que de alguna manera nos convence de que así es como debe ser en el instante nunca percibido en que muestra su plenitud.

El primero podría llamarse Henri Cartier-Bresson; el segundo, Ansel Adams; también podrían llamarse Vincent Van Gogh y Jan Vermeer, o Roberto Arlt y Jorge Luis Borges, o Pier Paolo Pasolini y Peter Greenaway, o Jimi Hendrix y Robert Fripp.