Historia del cine de terror (Primera parte)
Alguna vez fantaseamos con Lorena con la idea de escribir una historia del cine de terror; sirva este texto como un primer acercamiento a ese proyecto.
Siempre me resultaron un poco misteriosas esas largas colas que se formaban en los parques de diversiones alrededor de los juegos "de adrenalina", por llamarlos de alguna manera. La gente pagaba esencialmente para sentir vértigo, miedo de caer, miedo de ser expulsado al vacío a grandes velocidades: en una montaña rusa, en un elevador en caída libre, en una máquina centrífuga gigante. Cuanto peor se habían sentido, más satisfechos salían, más ganas tenían de volver a intentarlo. Yo, inmune a estos conjuros, sentía en cambio algo similar con las pesadillas: si sufría en ellas, al despertar sentía el intenso placer de haber podido experimentar de una manera segura situaciones de peligro, de sufrimiento, de muerte. Deseaba volver a la pesadilla, deseaba que me ocurrieran otras pesadillas pronto. Una película de terror es un sucedáneo de estos estímulos: la gente busca sentirse mal, busca el miedo, busca padecer la amenaza de lo desconocido, de lo inasimilable, pero de una forma reversible: queremos, después de haber experimentado estos horrores, volver a la seguridad de la rutina. Pero es interesante indagar a qué le tenemos miedo, qué cosas en una película disparan ese terror, y en esas cosas intentar reconocer una fotografía del tiempo al que pertenece cada obra, porque no siempre le tuvimos miedo a lo mismo. Como en las pesadillas, en las películas de terror se cuelan los hechos de la vigilia, y a veces no de forma consciente o premeditada. Lo estimulante es la popularidad de estas películas, la elección de la gente que descartó algunos temas en favor de otros, para poder ver así en esa elección el modesto Zeitgeist que buscamos, que no siempre es obvio pero que puede verse confirmado por la repetición y la insistencia de estos temas a lo largo de una época. Las películas de terror operan de una manera sutil, no mostrando su objeto directamente, sino operando más o menos veladamente: ofrecen una trama principal como anzuelo, pero hay un disparador detrás que es el verdadero objeto terrorífico. Por eso el propósito de este texto es trabajar sobre las películas mainstream, no las películas que vieron unos pocos: aquellas películas con las que se identificaron toda una generación de amantes del cine del género. Un género que ha comenzado antes de la invención del cine.
Y es que la historia del cine de terror continúa de alguna forma la historia de la literatura de terror, una retoma a la otra, y seguirán juntas y complementarias con los años, porque la busca del horror es indiferente al medio para encontrarlo. Podemos empezar pensando en el Frankenstein que publicó anónimamente Mary Shelley, o en las pesadillas de Poe, ambos en la primera mitad del 1800; fueron libros seminales, distintos a todo lo que se conocía. El final de siglo completó esa nueva visión del terror con más libros: Jekyll y Hyde en 1886; Drácula, en 1897; Otra vuelta de tuerca, en 1898; el Fantasma de la ópera, en 1909. La primera película de terror fue filmada alrededor de esos años: la Casa del Diablo, de Méliès, data de 1896. Esos libros son los más grandes que dio la literatura gótica, y sobre este miedo a lo sobrenatural que manaba de sus hojas profundizaron las primeras películas, que abundaron en monstruos. El Jorobado de Notre Dame, el primer monstruo del cine, conoció cinco versiones entre 1909 y 1923; el Golem, tres, entre 1915 y 1920. En 1910 apareció un primer Frankenstein, y un Drácula no autorizado en 1922, el famoso Nosferatu de Morneau. En 1931 aparecieron simultáneamente el Drácula de Bela Lugosi, el Frankenstein de Boris Karloff, y la primera versión de Jekyll y Hyde, la de Mamoulian; el Fantasma de la ópera es de 1925. Esas películas, como los libros en los que estaban basados, eran en blanco y negro y en su gran mayoría eran mudas. Hubo otras películas fuera de este patrón que abrevaba en la literatura (notablemente "El gabinete del doctor Caligari"), pero lo gótico dominó el cine de terror de la primera parte del siglo XX: es claro que había una necesidad de poner en los nuevos términos visuales aquellos monstruos que sólo vivían en la imaginación de los lectores. Pero, ¿a qué le tenía miedo la gente en esa época? Para cuando se publicó Frankenstein, Shelley seguramente estaba bajo el influjo del vitalismo, y no hizo explícito el proceso mediante el cual se daba vida al monstruo; el cine, un siglo después, al hacer que este proceso tenga su explicación en la electricidad, al hacer del doctor un científico soberbio, puso de manifiesto un nuevo miedo, relacionado con los avances del positivismo. Drácula, más cercano en el tiempo a sus versiones cinematográficas, muestra el miedo del Imperio Británico a las invasiones bárbaras, pero también el miedo de que la ciencia no dé cuenta de todo, que lo sobrenatural subyazca a todo intento de racionalización. Hay tinieblas, parecen decir esas películas, que la luz de Edison no puede disipar. El cine era un triunfo de la ciencia a través de la tecnología, pero la gente desconfiaba. El siglo XIX y el principio del XX trajeron numerosos cambios para la gente desde la ciencia: pensemos en la luz eléctrica, en Darwin, en Freud, en Einstein (sólo por nombrar algunos), cambios que subvirtieron creencias muy arraigadas en la gente, y la gente temía a que todo fuera reducido a una explicación, y también que la hubris humana terminara creando monstruos por su soberbia.
Pero quisiera volver a los parques de diversiones de la introducción: en Buenos Aires había uno, que yo frecuentaba de niño, el Italpark. Entre aquellos juegos que la gente buscaba para sentir miedo, había uno que nosotros conocíamos como "El tren fantasma", pero que se llamaba "Gruta de los fantasmas", y otro, un laberinto, el "Laberinto del Terror"; el propósito de los dos enclaves era producir susto de manera directa, con monstruos de cartón pintado, resortes sorpresivos, hombres disfrazados; sin duda este imaginario visual fue deudor de aquel primer momento del cine. Los artífices del Italpark eran, previsiblemente, italianos: en la ficha que franqueaba la entrada a los juegos podía leerse "Zanon hnos", por los inmigrantes Adelino y Luigi. La historia del Italpark termina con el fin de la seguridad, termina con una muerte, termina cuando la ficción termina y entra la realidad. Los hermanos Zanon lo sabían bien: eran sicilianos, y la historia dice que, antes del éxodo hacia Sudamérica, trabajaron en Italia fabricando armamento para la Segunda Guerra Mundial. Fueron los horrores de esta guerra los que superaron para el mundo los horrores de las invenciones del cine, los que trajeron nuevos miedos, mucho menos visibles que los monstruos que ofrecía el período gótico, y que terminaron cambiando el rumbo de las películas de terror.
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Yo, como buen freudiano, no puedo evitar pensar en la pulsión de muerte que subyace a todas las actividades humanas, representadas de la mejor forma en los deportes extremos y las películas de teror.
Leandro, exclente texto hasta el momento, muy buena síntesis del cine mudo de terror de los primeros 30 años del siglo XX. Así que esperamos con ansias la continuación.
Saludos.
Me recuerda al grabado de Goya "El sueño de la razón produce mounstros". Espero la segunda parte!
Leandro,
Excelente. Muy interesante lo que contás y muy bien contado.
Espero la continuación.
Saludos
Sí, la continuación promete.
Si los miedos pudieran cuantificarse, a mí, los miedos colectivos se me antojan infinitamente menores que los miedos individuales, lo que no deja de ser una paradoja, ya que la mayoría de las personas sufrimos de los mismos tipos de miedos: el miedo a ser rechazados por el entorno, a no ser amados y a su contrario ( a serlo demasiado ), al dolor fisico, al sufrimiento moral,a la locura, a los demonios del insomnio, a caer en la pobreza etc Si tuviera que hacer una sintesis, me parece que el miedo mayor, y al que se reconducen todoslos demas, es el miedo a nuestra propia individualidad y lo que eso conlleva, tener que morir solos: una posibilidad que es diaria se tenga la edad que se tenga. Veánse los diarios ( tan queridos por todos, supondo ) de Alejandra Pizarnik, los de Cesare Pavese o El libro del desasosiego de Pessoa… y podrá comprobarse como el mayor miedo es la soledad ( y la necesidad de esa soledad ) y, finalmente, el miedo a la locura y a una muerte excesivamente solitaria. Las muertes de Nagasaki y Hirosima, las de Colonia y Dresde, solo fueron muertes en tanto que nos las contaron, quiero decir: la muerte no existió para quienes alli perecieron, existió , eso sí, para quienes posteriormente hemos sido sus testigos. ¿ Pero quién fue testigo de la muerte de Pavese, de Alejandra Pizarnik, de José Asunción Silva,de Georg Tralk, de Alfonsina Storni, de Virginia Wolf, de Jacques Rigaut,de Vladimir Mayakoski ( "Lili amame "), de José Maria Arguedas, de Paul Celan, de Syvia Plath, de Raymond Roussel, de José Antonio Ramos Sucre etc Asi, se me antoja, que morir junto a un conjunto de personas es muchisimo menos dramático que hacerlo en completa soledad. Ese, creo, es nuestro miedo esencial, y en tal sentido parecen girar las novelas de Coetze " La edad de hierro" y " Desgracia ", fundamentalmente. La locura, asimismo, como creo que ya he indicado, me parece otro de nuestros mayores terrores; quiero decir, caer en ella. Asi, las peliculas que tan brillantemente reseñas me parecen un juego de niños en comparación, por ejemplo, con " El corredor sin retorno " (1.963) del inclito Samuel Fuller.Pero insisto todo lo que cuentas me parece estupendo y es un análisis brillante. Aporto, si así puede llamarse, lo que puedo tras una noche en la que no he podido pegar el ojo, lo que aqui en España llamamos " una noche teresiana o toledana ". Ya son las siete de la madrugada, voy a intentar dar unas cabezadas. Gracias por estar ahí, espero no haber roto las reglas del juego. Un saludo cordial. Alberto
Alberto, no te preocupes por las reglas. Tengo en borrador, hace mucho, inconcluso, un texto con los suicidios de los artistas, de los escritores en particular, y como bien decís, siempre aparece la locura, la soledad, o ambas, en el último tramo de esas vidas. Ahí está el terror personal, como decís vos, el de verdad, el que acerca y lleva a la muerte real, no a la muerte de mentira de estas ficciones populares. Estos textos que voy dejando sobre el terror, es claro, apuntan a otro lugar, a lo popular, a la ficción que se busca para encontrar la sensación del horror y (esto es fundamental) sin pensar. Los terrores colectivos afloran en esas fantasías muchas veces sin que sean buscados por quienes las hacen o percibidos directamente por quienes las miran. Logran el horror sin saber de dónde viene el símbolo, por qué funciona tan bien, por qué es tan popular. "El corredor sin retorno" es sin duda una película perturbadora (yo no diría de horror), pero difícilmente masiva, porque es demasiado directa de alguna manera, ofende a la gente que no quiere ser recordada de ciertas cosas. Es un género igual de interesante para analizar: las películas que han causado controversia, que han ofendido, que han sido prohibidas, que han movido olas sociales en su contra, que hubieran sido quemadas en la hoguera en alguna otra época. Sin dudas, Fuller tendría su lugar en ese infierno. Esta historia, que también queda por ser escrita, al menos en nuestro idioma, también dejaría un retrato social muy claro de a qué cosa le tenemos miedo en cada época.
Gracias por tus comentarios de alto nivel, Alberto. No tengas pruritos en escribirlos, que enriquecen sin duda alguna este humilde lugar.
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Che te olvidaste de mencionar la pelicula ¨Freaks¨ Esa si que daba miedo, con respecto a las otras peliculas, es obvio que se basaban en la literatura precedente.
"Freaks" fue una película pionera del shock, en su época, un poco como después fueron las películas de Jodorowsky. Hoy seguramente causaría gracia; es una lástima que se hayan perdido las partes censuradas.
que las hitorias de terror
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la pagina no sirvio para nada invesiles careculo de mierda