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Caminos del Neuquén

Es común darle toda la importancia al punto de llegada y al camino el olvido; muchas veces sentí que el proceso es tanto o más valioso que el fin, que el objetivo planeado. En un país de distancias largas como Argentina, donde los kilómetros se miden con cuatro cifras, el viaje tiene un peso distinto para mí. Uno deja de estar simplemente contando hacia atrás cuánto queda y pasa a mirar, a parar el auto y el tiempo, a pisar el camino con los pies, no sólo con las rápidas ruedas. Estas fotos que dejo ahora son de esos momentos en que miraba hacia afuera, hacia los costados, y veía no sólo lugares extraordinarios y secretos que había al virar incontablemente las curvas, sino el camino: una ínfima franja que no alteraba sino que incluso confirmaba la ausencia de marcas humanas en un todo que no se podía abarcar, medir, entender. A veces esa línea nimia podía verse por muchos kilómetros hacia adelante y hacia atrás, acentuando la insignificancia del pequeño vehículo que corría solitario a mucha velocidad, pero que parecía permanentemente detenido en un espacio demasiado grande. Como un río, el camino siempre estaba ya comenzado y casi nunca lo abandonaba yo en su final, era un tramo discreto de una línea inconcebiblemente larga, incesante. Me sentía recorrer distancias cortadas a nuestra medida de finitud, tan duradera me parecía la totalidad; incluso los hombres que encontraba en los pueblos eran distintos cada vez: no sólo los apartaba un trayecto enorme, sino que el tránsito por el prolongado camino ya los había cambiado. Y sin embargo esa herida exigua, ese reto ridículo a lo inmenso, a lo salvaje, era una victoria: pensé en las manos que hicieron cada camino, las que rompieron la montaña para que el auto pasara entre medio de las duras paredes, las que colgaron de alturas de vértigo, las que limpiaron piedras y arbustos, pequeñas manos que ganaron una conquista irreversible en la esfera que comprende desierto y cielo. Y yo también, al pisar el camino, reafirmé de alguna manera ese logro, acentué la marca, volví a aseverar la posibilidad de pasar de un lado a otro a través del poder estático de lo ilimitado.