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La isla de una traductora

Me quejé de Helena Lozano Miralles más de una vez en este sitio. Para quien no la conoce, es quien nos hizo llegar las obras más conocidas de Umberto Eco a los hispanoparlantes; sus traducciones siempre deciden ignorar a los latinoamericanos, quienes tenemos que vadear el barro de su prosa aliñada de vocablos y dialectos peninsulares. Me ha complacido comprobar que en el último libro de Eco publicado aquí (A paso de cangrejo) esta malversadora ha sido sustituida por una española más digna. Pero estoy empezando por el final; debería comenzar contando que fracasé innumerables veces, en distintos puntos, con La isla del día de antes (tercera novela de Eco) a causa de su lenguaje, muchas veces ininteligible. Sé que la idea de Eco era alternar dos registros lingüísticos, uno de los cuales quería ser el remilgado barroco del siglo XVII, pero la versión en castellano, opaca en párrafos enteros, profusa en sus arcaísmos, me vencía. Con ánimos renovados, torné al ataque; con ánimos renovadamente frustrados, torné a las fuentes, es decir, al italiano original. Bastó cotejar uno o dos ejemplos del primer capítulo para comprobar la sospecha: Helena es tan infiel como la mitológica parónima griega. Pero es un tipo especial de infidelidad; paso primero por algún ejemplo. Luego de discurrir sobre diversos términos técnicos navales usados por el protagonista en concomitantes idiomas, el narrador termina dejándolos de lado para contar la historia sin más:

Eco:

Tanto che prendo una decisione: cercherò di decifrare le sue intenzioni, e poi userò i termini che ci sono più familiari. Se mi sbaglio, pazienza: la storia non cambia.

Esta última parte significa, literalmente, usaré los términos que son más familiares; si me equivoco, paciencia: la historia no cambia. En cambio, Lozano Miralles no fue feliz con ese laconismo, y prefirió la paráfrasis:

Helena:

Tanto que he tomado una decisión: intentaré descifrar sus intenciones y luego traduciré usando los términos que me resultan más familiares, pues me ha parecido pasar estas y otras menudencias, porque no venían bien con el propósito principal de la historia, la cual más tiene su fuerza en la verdad que en las frías digresiones.

¿Por qué? Hace pocos años Eco había escrito que traducir quiere decir comprender el sistema interno de una lengua y la estructura de un texto dado en dicha lengua, y construir un duplicado del sistema textual tal que, bajo una cierta descripción, pueda producir efectos análogos en el lector, sea en el plano semántico y sintáctico, o en el plano estilístico (Dire quasi la stessa cosa. Esperienze di traduzione, 2002). Al igual que en Baudolino, la lengua es parte fundamental de la obra; en éste se habla una especie de romance medieval, mientras que en La Isla todo está contado en un italiano del siglo XVII que Lozano Miralles reemplaza con el barroco español heredado de Góngora y Quevedo, mezclado con algo de Cervantes. A fin de lograr este efecto, cambia palabras que en italiano son cristalinas, por otras que en nuestro castellano son rebuscadas o pretenciosas. Ejemplo:

Eco:

Agitato, sognò il suo naufragio, e lo sognò da uomo dingegno, per cui anche nei sogni, e soprattutto in quelli, bisogna fare in modo che le proposizioni abbelliscano il concetto, che i rilievi lo ravvivino, le misteriose connessioni lo rendano denso, profondo le considerazioni, elevato le enfasi, dissimulato le allusioni, e le trasmutazioni sottile.

Esa última secuencia, que podría fácilmente traducirse por las proposiciones embellezcan el concepto, que los relieves lo reaviven, las misteriosas conexiones lo vuelvan denso, profundo las consideraciones, elevado los énfasis, disimulado las alusiones, y las transmutaciones, sutil, fue retorcido para quedar así:

Helena:

Agitado, soñó su naufragio, y lo soñó como hombre de ingenio, por lo que incluso en sueños, y sobre todo en ellos, ha de hacerse de suerte que las proposiciones hermoseen el concepto, que los reparos lo aviven, las conexiones misteriosas lo hagan preñado, profundo las ponderaciones, salido los encarecimientos, disimulado las alusiones, y las transmutaciones sutil.

En otros casos decidió aferrarse a la palabra italiana original para buscar una palabra casi igual en español para lograr un color anómalo:

Helena:

Alpes espumosos dentro de lúbricos sulcos con mieses si no espumas.

cuando

Eco:

Alpi spumose entro lubrici solchi che hanno le schiume trasformate in messi.

Sulco es un arcaísmo deliberado por surco, porque se parecía más al vocablo a traducir. Nada para decir de la forma enrevesada que escribe la simple expresión surcos que han transformado la espuma en mieses.
Basta con estos ejemplos; no estoy diciendo que Helena hizo esto a espaldas del escritor, ya que seguramente Eco trabajó con ella y le pidió que escribiera en esta vena. Es claro que Eco pretendía ese duplicado del sistema textual que produzca efectos análogos en el lector en el plano estilístico, y le encargó la tarea a Lozano Miralles: no se puede esperar que una novela narrada en un idiolecto de 1643 se narre en un español neutro adecuado para nosotros, los latinos. El problema (que es compartido por las traducciones joyceanas) es la recreación, o mejor dicho, quién recrea. Una cosa es Umberto Eco, el semiótico, con su gran erudición en literatura italiana, con su bagaje lingüístico a su favor, imitando con fina pluma y buen gusto un estilo arcaico, en fin, una cosa el escritor de la obra original, y otra muy distinta es una oscura traductora española pretendiendo hacer equilibrio entre una mala imitación de Quevedo y una adhesión literal a las voces italianas originales. Y no es que tenga nada contra el uso del español peninsular: leo a los escritores españoles de principios del siglo XVII y me deleito con su uso de la lengua y el divino ingenio de estos cavalleros; los malos ejercicios de anacronismos de Helena no son malos porque es Pierre Menard escribiendo el Quijote en el siglo XX, sino porque Helena es mala escritora, porque no es Neruda traduciendo a Shakespeare, no es Borges traduciendo a Whitman. He revisado en otros textos a ese Borges traductor: si bien uno está recibiendo una obra marcada por quien la traslada, el resultado es bueno porque justamente esta marca es buena. Simplifiquemos el problema, saquemos del medio a estos libros complejos lingüísticamente, y observemos los otros de Eco que tradujo Helena, digamos, los de crítica o el reciente y prosaico La misteriosa llama de la reina Loana: el trabajo no es menos inepto ni menos pretencioso. Ni menos localista: no tiene problemas en admitir que consideró llevar la historia de Loana, notablemente armada sobre el contexto histórico de la Italia fascista, a una reinvención situada en la España de Franco. Entonces, ¿a quién estamos leyendo? Tal vez esto esté bien para los españoles, pero entonces nosotros, en América, merceríamos una traducción a nuestra habla, salvo que Helena pretende que su traducción sea la única para toda Iberoamérica. Por eso el alivio de volver a encontrarse con María Pons Irazazábal como traductora de los últimos libros de Eco, por eso el enojo cada vez que vuelvo a la relectura de su Isla.

34 comentarios

  • Losada61 dice:

    Es la primera vez que ingreso en un blog. Lo hago porque una vez terminado de leer La misteriosa Llama De La Reina Loana me he visto obligado a buscar orientacion para determinar si mi lectura del libro es disimil de la lectura de otras personas. Considero que el libro no se puede considerar ni bueno ni malo pues hacerlo seria caer en un maniqueismo inoportuno. El libro no me deja indiferente y eso es algo positivo. Mueve algo dentro de mi. Tanto el contenido como la forma tienen su ambito propio. La historia es un asunto, el entorno historico y su manejo es un asunto aparte y las figuras a las que recurre (la niebla, los dibujos, el coma) son otro asunto tambien aparte. El final, los ultimos parrafos, magistrales. La traducciontraiciono una vez mas. Sugiero que alguien emprenda la labor de hacer una buena traduccion, que sea amigable con hispanos y americanos, que sea honesta con el autor y con el lector. Gracias por permitirme leer sus opiniones y criticas.

  • Leandro dice:

    Supongo que habrás leído la crítica que hice en su momento a Loana. Los comentarios generales de los viajantes fueron en defensa o apoyo del libro; a nadie dejó indiferente. Un ejercicio de nostalgia así a mí me dejó la impresión de un museo de una época que no viví, y que sin duda alguna debe ser emocionante para alguien como mi padre, italiano y coetáneo a Giambattista Bodoni. Fallé en lo básico: la inmersión en el libro, pero acaso también eso sea imputable a la traducción, en las antípodas de los principios fundacionales de José Bianco (quien apuntaba a que el lector no esté recordando todo el tiempo que lee un libro traducido). Naturalmente, uno juzga la obra como de quien viene, es decir, uno piensa que ese libro lo escribió el Eco de los buenos libros que lo precedieron. Muchas veces (como registré con Los Detectives Salvajes) prefiero pensar que soy yo quien fracasa frente a un gran libro, no el escritor. En fin, gracias por tus comentarios.

  • strika dice:

    Justo acabo de dejar La isla del día de antes, porque simplemente no pude seguir leyendo. Como lo digo en mi blog, el estilo barroco me fastidió por completo. Soy una gran admiradora de la obra de Eco, pero esta novela me pareció insufrible. Y por un momento sospeché que la traducción no era buena, pues de hecho la traductora (que hasta donde sé es colaboradora de Eco) no es la misma que tradujo El nombre de la rosa y El péndulo de Foucault. Dichas novelas fueron traducidas por Ricardo Pochtar, que es argentino. Helena metió mano, pero el crédito es de Pochtar. Y te puedo decir que son buenas traducciones.
    Saludos

  • Leandro dice:

    No logré terminar tampoco esta vez el libro, aunque casi llegué al final. Me queda la impresión, sin embargo, pese a lo que escribí, que el lenguaje del narrador (no del protagonista) de La Isla no era especialmente arcaico en el original, aunque sí algo remilgado. Hay, por ejemplo, referencias a los tiempos modernos. Hay una alusión inequívoca a Moby Dick. Si estas sospechas son reales, entonces el trabajo de Helena Miralles es completamente inepto y significativamente distorsiona sus originales para los hispanoparlantes. No recuerdo quién hizo las traducciones de los ejemplares por mí leídos de las primeras novelas de Eco; sé que no eran especialmente incómodas. Dada la complejidad de Eco, en términos lingüísticos y culturales, nunca pude leer sino ensayos y cartas en el italiano original. La longitud y lo ambicioso de las novelas de Eco supera mi conocimiento, y me hace dependiente de los traductores de turno. Por eso mi ira.

  • [] escrito por Umberto Eco, y traducido por su lamentable traductora, Helena Lozano Miralles. Ya he escrito sobre el tema hace poco; quisiera agregar algún aspecto más. Eco defiende un paradigma de traducción []

  • RM dice:

    Yo comencé a leer La isla del día de antes y tuve que dejarlo por eso mismo, porque no entendía ni una sola palabra. Es más, algunas palabras ni salían en el diccionario. Pensaba que era una traducción exacta del italiano, pero por lo visto la traductora saca otro libro distinto del que tenía que traducir.

    Gracias por la información.

  • Hace poco puse en mi blog algo respecto de las novelas de Eco. En realidad no comenté mayor cosa, pero me dio la impresión de que en Costa Rica no lo han leído más allá de El nombre de la rosa y a lo mejor alguna otra. Digo esto, porque veo con agrado que a lo mejor has leído las cinco. Me pardce genial, en este orden: Péndulo, Rosa, Loana, Isla, Baudolino. Esta última es la única que no pude leer, me aburrió terriblemente. Mientras que las otras las devoré, a esta llegué con igual ansia, solamente para decepcionarme y abandonarla.

    Es muy válido lo que decís sobre Helena. En realidad, considero que en una traducción, el traductor puede poner lo que quiera; y si se se aleja, mejor. Pero calro, esto l ohace alguien que sea relamente un escritor, y no solamente traductor de oficio.

    Lamentablemente, no domino el italiano como para leer a Eco, así que he leído las traducciones; pero bueno, igual me convencieron.

    Nota: lástima que hasta ahora llego a este blog, porque hay mucho material que me gustaría comentar con más calma: Waters, Radiohead, Seinfeld, Eco, Greenaway, etc. Hay mucho en común. Pero bueno, seguiré visitando y esperando más cosas de este estilo.

    Saludos.

  • Seikilos dice:

    Creo que mayormente comparto tu orden de preferencia con Eco. Yo sí terminé Baudolino, aunque no quedé muy impresionado. Los capítulos finales son delirantes. Creo que me quedo con las dos primeras de tu lista, más los libros de ensayo.
    Me alegra que compartamos gustos, pese a la distancia geográfica, que uno a veces confunde con otras distancias. Seguiré atentamente yo también tu blog.

  • Hector dice:

    Hola Seikilos.
    He leído tu ensayo sobre la traducción de Helena Lozano a La isla del día de antes, de Umberto Eco. Antes de leer tu escrito, así como los comentarios de tus lectores tenía a ese libro como uno de mis imprescindibles, uno de mis libros de cabecera (siguiendo a Greenaway, que por lo que veo en tu blog es otro punto de contacto). He leído, releído tal libro. Cuatro, cinco veces. Admito que no entiendo completamente todos los textos, mi español es limitado, mis conocimientos de artes navales y armas son limitados, pero el deleite no es menor al leer y releer la novela. Fue en la segunda o tercera lectura que advertí que buena parte del crédito se la debía a Helena Lozano, al leer con más calma la novela y advertir el uso de algún tipo de español antiguo (que en el original debía ser algún tipo de italiano antiguo) y la inserción de un lenguaje apenas dominado por un viejo holandés. Entonces me tomé la molestia de leer las notas de la traductora y pensé que la traducción debió ser una aventura extra. He intercambiado opiniones con algunos amigos, todos ellos lectores de ese libro, tipos que lo han leído con la misma pasión y que comparten conmigo el punto de vista acerca del buen trabajo de la traductora.
    Leo las anotaciones en este blog y me doy cuenta que es otro puñado de lectores asiduos de la obra de Eco, que a falta de conocimiento del italiano nos refugiamos en las versiones en español de Lozano. Pero los comentarios son (casi todos) diametralmente opuestos a los míos.
    ¿Qué puedo decir? De inmediato me nació la inquietud de releer La isla (y Baudolino, que también apareció por ahí). Pero también pensé algunas cosas que quiero compartir. Comienzo con la más simple. ¿El español de México (de donde soy y son los amigos con los que comparto el gusto por las versiones de Helena Lozano a los libros de Eco) es más afín al español de España (en el que esta mujer ha traducido los libros en cuestión? Hasta hoy habría jurado que el español de España y el de Argentina eran más parecidos entre sí que alguno de ellos con el español de México. ¿Será ese el punto por el cual la lectura se dificulta más? Disculpa lo simple de esta conjetura. En los últimos años he leído libros traducidos por españoles en los que me atoro con vocablos en español para españoles, traducciones terribles de libros de Coetzee (Hombre Lento, el último), Imre Kertesz (Liquidación) y de Orhan Pahmuk (La vida nueva y La casa del silencio), los tres editados por Mondadori. (Ahora quiero advertir algo: desconozco si los traductores de estas obras son españoles, pero no puedo pensar otra cosa.)
    Por otro lado, no soy traductor, no hablo ni leo en italiano, no me considero un lector experto. Sólo disfruto los libros que leo. ¿Será esto una limitante para no advertir las infidelidades y traiciones de Helena Lozano? Quizá, pero los libros de Eco que he leído (Baudolino, La Isla del día de antes,
    Decir casi lo mismo, Segundo diario mínimo) han sido de los más deliciosos que he leído, y algo importante: no he detectado el uso de un idioma ajeno al mío, y aunque reconozco que hay muchos vocablos que no entiendo, tengo la idea que lo mismo sucedería si lo leyera en italiano.
    Hasta aquí mi opinión.
    De nueva cuenta gracias por compartir tu punto de vista sobre el trabajo de Helena Lozano, y por tomarte tiempo para leer el mío.
    Trataré de estar al corriente con las anotaciones en tu blog, que me ha gustado.
    Saludos desde el sur de México.

  • Seikilos dice:

    Héctor, bienvenido. No deja de ser curioso todo lo que escribiste. De manera simétrica estamos iguales: no tengo conocimiento del español de México otro que el que adoctrinan los doblajes (notoriamente el de los Simpson), o el que dejan traslucir un puñado de escritores de tu país que he leído, aunque asumo que esos textos son demasiado cultos para comparar con el habla cotidiana. Ignoro si las traducciones que se leen en México son mayormente peninsulares (aquí suelen ser argentinas, con más o menos neutralidad latina: ustedes en vez de vosotros, computadores/as en vez de ordenadores, etc). Si esto fuera así, más allá de los traspiés que hayas tenido con algunos casos desaforados (que tal vez coincidan con un cierto aspecto coloquial que fuerza al localismo), puede que ustedes estén más acostumbrados al español de España, pero sólo estoy, como decís vos, conjeturando. Tal vez haya que aceptar con resignación a Lozano Miralles, tal vez no haya posibilidad de traducción fiel satisfactoria a uno, en obras tan pegadas a la lengua como las de Eco o las de Joyce. Con todo, me alegro que las obras de Eco encuentren sus lectores en nuestra lengua; en mi caso, y en el de otros, Eco llega con serios obstáculos. No dejo de admirarlo, pese a esto, y tratar de correr la cortina que me molesta. El problema de la traducción siempre me ha fascinado, y creo que si leíste Decir casi lo mismo, te asomaste a algunas de sus problemáticas. No siempre estoy de acuerdo con las soluciones que propone Eco, y que ponen en práctica sus traductores de turno, pero admito que ninguna puede ser completamente satisfactoria, reemplazando al original. Saludos, y gracias por pasar!

  • Hector dice:

    Hola Seikilos.
    Varios meses después leo tu respuesta. Gracias por atender mis inquietudes. En estos días le estoy dando vuelta a una idea vieja: la importancia del concepto de traducción en la formación de los estudiantes de mi Facultad. ¿De qué se trata? De resaltar la importancia de saber decir lo mismo (o casi, siguiendo a Eco) en distintos ámbitos. Mis estudiantes son del área biológico-agropecuaria. Son gente de campo que viene a la Universidad a aprender términos nuevos, conceptos, tecnicismos para fenómenos que ellos conocen, que han visto. Vienen a conocerlos un poco más a fondo y a llevarse palabras de vuelta a casa. Cuando ellos tengan que transferir sus conocimientos a su familia, a campesinos, a empresarios, tendrán que utilizar otro lenguaje para transmitirles lo que vinieron a aprender aquí, es decir, retornar a ese conocimiento original que traían, más lo que aprendieron. ¿Cuánto se pierde o cuánto se gana en ese proceso de traducción-interpretación? ¿Eso tiene que ver con la traslación de los lenguajes cultos al habla cotidiana? Le estoy dando tantas vueltas al asunto que me da miedo que salga un texto alejado de mi pretensión original.
    Hasta pronto y estoy al tanto de las notas.

  • Seikilos dice:

    Hola, Héctor, de nuevo. Si comenzamos a indagar, todo es traducción, sin necesidad de que medie una lengua extranjera: si vos leés a Borges, desde tu México, ¿no estás traduciendo lo argentino a lo mexicano? Me acerco aún más: si yo leo a Borges, desde mi Argentina, ¿no estoy traduciendo la lengua de hace al menos medio siglo, de otra clase social, de otro nivel de cultura? Uno traduce incluso cuando escucha a las personas más cercanas, y uno nunca está seguro de que al otro le llega lo mismo que uno quiere significar cuando uno habla. Y Borges, pese a todo, llega. Hasta Homero llega, desde su griego milenario.
    El problema que planteás es el que se plantea con toda jerga culta: ¿cómo comunicar el conocimiento de la psicología o la filosofía o la teología a una persona de a pié? Esas jergas se construyen para simplificar el discurso, se pone nombre a un concepto complejo para poder discutir más allá, y luego un texto de, digamos, Sartre o Lacan, deja completamente afuera al lego, le hablan en un idiolecto que es completamente diferente. Una disciplina de cierta complejidad requiere un nuevo lenguaje, que hay que aprender a priori para acceder al conocimiento. La transmisión de ese lenguaje es sin dudas una traducción, que será distinta si es un empresario o un campesino el destino de esa traducción. Naturalmente hay buenos y malos traductores, y se sabe de traducciones que han mejorado el original. También está la pericia del interlocutor, el que lee o escucha, el otro traductor oculto de la escena.

  • Hector dice:

    Hola Seikilos.
    A esta hora viene un verso de José Emilio Pacheco, un escritor mexicano que últimamente se ha vuelto famoso: Todo acto es traducción. Y quizá no sea traducción. El fontanero entiende que en las llaves del lavabo H es para el agua helada y C para el agua caliente, si no es que la experiencia le dice que las llaves son importadas y que H es la llave del agua caliente y C la del agua fría, no porque sepa que H es hot y C es cold, sino porque así es y así ha sido siempre y punto. La traducción versus la interpretación. El punto de vista del otro traductor oculto de la escena. A esta hora dudo de que lo que hablemos no sea traducción sino interpretación. Y aquí me quedo a pie. Estos temas me atraen (quizá en parte esa haya sido la atracción hacia mi hoy esposa, que es más letrada en el asunto), pero quizá sólo me atraen como las señales que a veces vemos en el cielo. Borges, lenguaje, Eco. He estado rumiando desde hace varios años un texto sobre traducción. Sobre esos distintos enfoques de la traducción (o interpretación). Veremos qué sale en estos días. Por lo pronto este diálogo medio asíncrono me ha dado algunas pistas para seguir rumiando. Gracias.

  • Marco dice:

    La verdad que me he sorprendido.
    En este momento estoy leyendo Baudolino, y, sorprendido por el uso de algunas conjugaciones, que me resultaron extrañas.
    Como soy uruguayo, me pareció reconocer el estilo argentino (mejor dicho bonaerense) de conjugar algunos verbos, por lo que puse el nombre de la traductora en Googley vine a dar acá.
    Baudolino es la cuarta novela de Eco que leo, (El Nombre de la Rosa, El péndulo de Foucault, La Isla del día de antes, en ese orden), y si bien leí más de una vez El nombre.. y El Péndulo.. no me había resultado molesta su traducción.
    En este caso me divirtieron mucho los comienzos de la escritura de Baudolino (por momentos recordaba El lazarillo de Tormes), pero luego empecé a sentirme molesto con algunas expresiones: ..a mi amada tendré que volverla a ver, un día u otro.., cuando entiendo debiera decir volver a verla.
    Este tipo de cosa se reitera en muchos pasajes, y no puedo evitar que me rechine.
    Sin dudas que no es fácil la traducción y Eco no es moco de pavo. En fin. Me alegra no ser el único con cuestionamientos a la traducciópn, si bien carezco de la erudición de otros intervinientes en este lugar.

  • Seikilos dice:

    Es que en El nombre de la Rosa y El péndulo de Foucault, como dijo alguien en este hilo, no es el trabajo de Helenita.
    Gracias por pasar y comentar.

  • Paloma dice:

    Acaba de caer en mis manos Kant y el ornitorrinco que pretendía leer con avidez. Para mi desgracia ya en la introducción me doy cuenta de que la traducción al español es bastante lamentable porque la traductora, Helena Lozano (que desde que tradujo a Eco por primera vez- con leer su biografía ya se sabe por que- ha decidido no aprender NADA) ha cometido un error de principiante: ha copiado literalmente la puntuación de la lengua original. De todos es sabido que cada lengua tiene una puntuación y que en español las oraciones disyuntivas NO SE ACENTÚAN, eso por no mencionar la sobreabundancia de pasivas, que dan un tono impostado y que no es natural a la lengua española. Me tiene sorprendida cómo se hace cierto el refrán cría fama y échate a dormir. Es poco menos que sobrenatural que al genio de Umberto Eco nadie le haya advertido de semejantes deslices. Más extraño aún tras la publicación de su blíbia sobre la traducción, de la misma Helena, que adolece de los mismisimos errores. El corrector de la editorial, que se mantiene en el sacrosanto anonimato, tambiénle valdría la expulsión del reino de las Letras porque comete los mismos errores una y otra vez, libro tras libro. Una lástima porque su problema es el problema de Eco y no lo sabe
    Un saludo

  • Seikilos dice:

    Paloma, gracias por tu comentario. He pensado en eso que decís: Helena es, después de todo, un problema de Umberto Eco, un problema sobre el que nadie parece haberle advertido. Luego de leer el libro que mencionás, Dire quasi la stessa cosa, comprendí que muchos de los problemas de Helena están de alguna manera subvencionados por Eco mismo, incluidas la traducción fuertemente localizada y la pretensión de que esa traducción sea la misma para Latinoamérica. Esto último, por otro lado, está en el contexto de una política editorial cada vez menos velada de las grandes editoriales españolas de utilizar traductores de poca monta y orientarlos al castellano ibérico. Esto no disculpa los problemas de estilo de Helena, por supuesto, pero por otro lado Eco nunca hace correcciones de estilo: pensando en la idea joyceana de la traducción como reescritura en la lengua de llegada, deja mucho espacio de juego al traductor-escritor y sólo se asegura de que las referencias intertexuales le lleguen para que éste las pueda recrear. El problema de esta posición en la traducción es, como ya dije, que el traductor en el caso de Joyce era Joyce mismo, o escritores de la altura de un Beckett. Helena no está a la altura del conflicto, y Eco parece querer ignorar este pequeño inconveniente.
    Eco tuvo mejores traductores (la filóloga mallorquina María Pons Irazazábal y el filósofo argentino Ricardo Pochtar, quien tradujo El Nombre de la Rosa con Helena como ayudante); la repetición de Helena no deja de ser irritante. La sola mención de su nombre en su última novela, Il Cimitero di Praga, hace que yo esté a la espera de poder conseguir una versión en italiano.
    Muchas gracias nuevamente por dejarme saber que hay alguien más que deplora el trabajo de esta mujer. Quizás, si seguimos emitiendo quejas, haya alguna posibilidad de que Eco las escuche.

  • Paloma dice:

    Gracias a ti por abrir este debate. Antes de nada quiero rectificar un error en mi post. Dice las oraciones disyuntivas NO SE ACENTÚAN, cuando, creo que todo el mundo ha entendido, lo que quise decir es NO SE SEPARAN POR COMAS, cosa por otra parte, harto frecuente ver hoy. Como el cambio língüístico es la evolución de la lengua eso será regla pero mientras no lo sea, ciñamonos y seamos nosotros los traductores, los que velemos por eso.
    Respecto a lo que comenta Seikilos sobre la traducción como reescritura en la lengua de llegada yo, personalmente,creo que ese es el modo correcto de que la traducción no parezca una espantosa traducción, como parecen las de Helena y además creo que no hace falta ser ni Becket ni Joyce, sólo hace falta usar un truco de primero de carrera: lee en voz alta tu traducción, escuchando lo que dices, y no necesitarás correctores de estilo si eres un nativo con una cierta formación, claro está. Por la admiración que tengo a Eco, quiero creer que desconoce completamente lo que ocurre. ¿Nadie le puede enviar una carta debidamente documentada? (yo ayudo a documentarla) haciéndole saber que el hecho de que su pupila sea la reina en otras lindezas lingüiísticas no la convierte en buena traductora?

    Y a propósito de nativos y para acabar el año con una sonrisa, he aquí una anécdota que me ocurrió hace muchos años a propósito de esa obsesión por los nativos como profesores de lenguas extranjeras. La madre de una alumna (lengua inglesa) protestaba permanentemente porque no había suficientes clases de conversación con nativos. Cansada ya de explicarle que si el nativo no está cualificado no me sirve de mucho sin que se aviniera a razones, le entregué una nota en inglés sacada de unun periódico local en el que la gente anunciaba los eventos del pueblo. La nota (traducida del inglés) venía a decir algo así como: El prosimo domingo abremos una reunion en el local del ayuntamiento pa solucionar lo de los jardines publicos y pa venir es impescrindible de llebar el recivo daver pagao la contribución. Literal.
    Así que, finalmente le dije a esa mujer que cuando pidiera un nativo con tanta vehemencia recordara pedirlo con estudios adecuados a la tarea en cuestión. Y ese es el asunto con Helena que sus estudios no estan adecuados a lo que se requiere de ella como traductora, además de un tremendo desconocimiento de su propia lengua, lo que viviendo de un lingüista ya tiene delito, ya!

  • Natalia dice:

    Estoy completamente de acuerdo con Paloma. Estoy leyendo El cementerio de Praga, última obra de Eco, y la redacción es tan terrible que sentí la necesidad de buscar quién era la traductora, lo que me llevó, finalmente, a este blog.
    Lamentablemente no tengo el libro en su lengua original, así que mi queja va directamente hacia la redacción en español. Les transcribo algunos ejemplos:

    El viandante que esa gris mañana de marzo de 1897 hubiera cruzado, a sabiendas de lo que hacía, la place Maubert, o la Maub, como la llamaban los maleantes (antaño, en la Edad Media, centro de vida universitaria, cuando acogía la algarabía de estudiantes que frecuentaban la Facultad de las Artes en el Vicus Stramineus o rue du Fouarre y, más tarde, emplazamiento de la ejecución capital de apóstoles del librepensamiento como Étienne Dolet), se habría encontrado en uno de los pocos lugares de París exonerado de los derribos del Barón Haussmann, entre una maraña de callejones apestosos, cortados en dos sectores por el curso del Biévre, que en esa zona todvía emergía de las entrañas de la metrópolis a las que fuera relegado desde hacía tiempo, para arrojarse con estertores febriles y verminosos en el cercanísimo Sena

    Con esta oración kilométrica comienza El cementerio de Praga. Lo primero que se enseña en una clase de redacción del español es que las oraciones deben ser lo más simples posibles. En una oración bien construida no debería haber más de dos oraciones subordinadas. Claramente, la traductora no ha tomado nunca una buena clase de redacción del español. Una buena traducción no sólo debe ser fiel al original, sino que debe respetar las normas de la lengua en la que se traduce el texto. Les copio otro ejemplo:

    Y que no se espere el lector que le revele el Narrador que se sorprendería al reconocer en ese personaje a alguien ya mencionado porque (habiendo empezado este relato en este mismo instante) nadie ha sido mencionado antes.

    Me tomó varias lecturas para comprender lo que Eco quería decir. Es absolutamente lamentable que un lector tiene que volver (con disgusto) varias veces sobre el texto e imaginar cómo debió haber sido el original en italiano para poder comprender una idea tan simple.

    Un oficial me indicó a los suyos que estaban trabajando y me dijo

    Esta oración es muy ambigua. Una buena traducción hubiera sido: Un oficial señaló a las personas que estaban trabajando y me dijo.

    Sin contar los casos de dequeísmo que inundan la redacción.

    Pienso que es importante informar al autor al respecto. Si alguien tiene la forma de contactarlo y hacerle llegar la información, con gusto podría ofrecer más ejemplos. Verdaderamente es muy desagradable y lamentable que la obra de un autor tan importante como Umberto Eco quede manchada por tan terribles traducciones.

  • Seikilos dice:

    Sería bueno comparar un poco esos pasajes con los originales en italiano. Veamos el primero:

    Il passante che in quella grigia mattina del marzo 1897 avesse attraversato a proprio rischio e pericolo place Maubert, o la Maub, come la chiamavano i malviventi (già centro di vita universitaria nel Medioevo, quando accoglieva la folla degli studenti che frequentavano la Facoltà delle Arti nel Vicus Stramineus o rue du Fouarre, e più tardi luogo dell’esecuzione capitale di apostoli del libero pensiero come Étienne Dolet), si sarebbe trovato in uno dei pochi luoghi di Parigi risparmiato dagli sventramenti del barone Haussmann, tra un groviglio di vicoli maleodoranti, tagliati in due settori dal corso della Bièvre, che laggiù ancora fuoriusciva da quelle viscere della metropoli dove da tempo era stata confinata, per gettarsi febbricitante, rantolante e verminosa nella vicinissima Senna.

    La oración no es más breve en italiano, aunque sí es más legible. Esto se debe a una cuestión rítmica: esa oración, que abre el libro, es casi el paso apurado del viandante, que camina y camina y no para. El ritmo, en la traducción de Helena, llega entrecortado. Un ejemplo está al principio. Donde Eco dice avesse attraversato a proprio rischio e pericolo place, Helena impone una coma para la proposición: hubiera cruzado, a sabiendas de lo que hacía, la place. Una forma más natural hubiera sido traducir se hubiera arriesgado a cruzar. Otro ejemplo: lo que en Eco es già centro di vita universitaria nel Medioevo, quando, en Helena es antaño, en la Edad Media, centro de vida universitaria, cuando. Nuevamente la misma interrupción: nada hubiera costado traducir ya centro de vida universitaria en la Edad Media, cuando El resultado es la pérdida completa del estilo original. La elección léxica es otro problema: antaño es una afectación, como lo es traducir risparmiato dagli sventramenti por exonerado de los derribos: son elecciones que sólo complican la lectura.
    Tu segundo ejemplo:

    Né si attenda il Lettore che il Narratore gli riveli che si sarebbe stupito nel riconoscere nel personaggio qualcuno già nominato in precedenza perché (questo racconto iniziando proprio ora) nessuno vi è mai stato nominato prima, e lo stesso Narratore non sa ancora chi sia il misterioso scrivente, proponendosi di apprenderlo (in una col Lettore) mentre entrambi curiosano intrusivi e seguono i segni che la penna di colui sta vergando su quelle carte.

    Lo que estás marcando es un error de la edición castellana, porque en el italiano original es claro y no puede (quiero creer) ser un error tan grosero de la traducción. Esa oración comienza con Ni espere el Lector que el Narrador le revele que (prefiero traducir si attenda sin el reflexivo). Es curioso que la oración de Eco es mucho más larga, y Helena la partió en dos en este caso. Aquí hay otro ejemplo del celo literal que tiene, y en vez de traducir in una col Lettore por junto al lector, o a la vez que el lector, traduce a la una con el Lector, harto más afectado.
    El último ejemplo:

    Un ufficiale mi ha indicato i suoi al lavoro e mi ha detto

    Creo que, nuevamente, es un problema de apego al original. Tu sugerencia es acertada: mucho más natural hubiera sido decir señaló o incluso mostró por ha indicato, su gente por i suoi.

    Si se hiciera una comparación más detenida, aparecerían muchos más problemas, problemas que no se pueden detectar sólo leyendo la versión castellana. Son los mismos problemas que aquejan a Lisola del giorno prima: celo de literalidad, falta de estilo, afectación, sordera prosódica, ignorancia de la extensión de la lengua castellana.
    Gracias a las dos por pasar.

  • Julio dice:

    Umberto Eco es un escritor italiano y debe ser leído en italiano. Después de esta perogrullada, paso a explicarme: Eco se deleita disfrazando su escritura de acuerdo con el siglo en el que transcurren sus novelas. Tiene un manejo insuperable de todos los registros imaginables (recordemos el personaje de Salvatore, de El nombre de la rosa, en el que parece encarnarse la evolución lingüística o el protagonista de Baudolino, que de a poco va adquiriendo el dominio de la lengua cortesana). Traté de leer Baudolino en la traducción de Helena Lozano Miralles y a las pocas páginas ya había decidido dejarlo hasta conseguir el original. Eco, o quienquiera que asuma con real calidad el género de la novela histórica, no es un autor fácil de traducir, al contrario. Sus conceptos están motivados, no elige palabras porque sí. Su léxico tiene en cuenta las distintas épocas y las distintas circunstancias históricas. Quien no conozca bien (muy bien) la historia y la geografía de Italia, no puede traducir cabalmente a nuestro autor. Eco se reconoce, además, como heredero de una tradición literaria y sabe que sus lectores disfrutan con las referencias que hace a los grandes literatos italianos, particularmente Dante y Manzoni. El que lee El nombre de la rosa en cualquier otro idioma y se encuentra con Adso que se desvanece en presencia del cuerpo de una mujer (emoción que no había sentido nunca) y lee Y caí como cae un cuerpo muerto, puede pensar: Está exagerando un poco. El que lo lee en italiano: E caddi come corpo morto cade, reconoce en este endecasílabo el verso final del episodio de Paolo y Francesca del Infierno dantesco. Y podría multiplicar los ejemplos.

  • Seikilos dice:

    Estoy completamente de acuerdo con tus razones, y con que mejor leer a Eco en italiano, pero, por un lado, los ejemplos que se han citado podrían perfectamente ser volcados a un castellano razonable; por otro, tu presupuesto da por tierra la opción de cualquier traducción. También la Commedia debería leerse sólo en italiano, salvo que hasta los italianos tienen problemas para hacerlo, puesto que el italiano ha cambiado bastante desde el siglo XIV. Toda lectura, aún en la lengua nativa, importa una traducción: nadie puede compartir el contexto de nadie por completo; cuánto menos cuando la geografía o la historia difieren.
    La solución que da Eco al problema de la intertextualidad que mencionás es completamente insatisfactoria: dejar que el traductor interpole referencias de la cultura de llegada. Así, para traducir caddi come corpo morto cade, tal vez Helena debería haber escrito polvo seré, mas polvo enamorado. Eco así asume que, digamos, esas líneas de Quevedo serán más reconocibles para una persona culta que las de Dante, lo cual puede no ser verdad, especialmente cuando la cultura de llegada, en el caso del castellano, no es tan clara: en Sudamérica, por influjo de Borges, esa línea de Dante probablemente ha sido leída más que cualquier poema de Quevedo. Por otro lado, nosotros sabemos que Umberto Eco es un escritor italiano, como vos bien dijiste, y uno espera (aún en una traducción) citas de Dante, no de Quevedo.
    Finalmente está la imposibilidad: puedo leer a Eco en italiano (no sé si un libro como Lisola del giorno prima, sin embargo), pero no puedo leer a un escritor ruso, o islandés, o árabe. Cualquier obra, decía Benjamin, es también sus traducciones: las Mil y Una Noches, la Ilíada y la Odisea, los Hermanos Karamazov, son más que sus textos de partida: son sus muchas traducciones y las diversas lecturas que se hicieron de esas obras en las varias culturas en las que se han traducido. Es importante contar con buenas traducciones, necesitamos de ellas, no son contingentes. Las traducciones que hizo Borges de Faulkner, de Woolf, de Kafka, han influido a muchos escritores, han formado en cierta manera la literatura sudamericana de los años sesenta. Esa misma literatura hubiera sido radicalmente diferente sin una traducción del Ulysses de Joyce. Tal vez traducir Baudolino sea una tarea complicada, imposible si uno busca la perfección en la traslación de cada referencia, pero también lo es traducir a Sófocles o a Mishima, y se ha hecho. Se demanda del traductor de un escritor de cierta talla como Eco un poco más de idoneidad, de rigor y de buen castellano.
    Saludos, y gracias por comentar.

  • Carmen A. dice:

    Al igual que Natalia, he empezado a leer _El cementerio de Praga_ y, espantada por la traducción y sabiendo que la traductora cuenta con el beneplácito del propio Eco, he buscado en internet para ver qué se decía sobre este engendro que ha parido. Así me he topado con este blog y este debate, muy interesante, por cierto.
    Soy traductora profesional, y he hecho mis pinitos como traductora literaria, empresa que abandoné porque es imposible vivir con las tarifas que se pagan.
    Seilikos decía: «el contexto de una política editorial cada vez menos velada de las grandes editoriales españolas de utilizar traductores de poca monta y orientarlos al castellano ibérico». Es tan sencillo como que las grandes editoriales en lengua española son de España, y se da por hecho (tremendo error, al menos esa es mi opinión) que es posible traducir en un «español neutro», algo que no existe ni falta que hace. En cuanto a la calidad de la traducción, cada vez es peor porque las tarifas son bajísimas, y cada vez más. Como resulta imposible vivir únicamente de la traducción literaria, al final las editoriales prefieren recurrir a estudiantes, recién licenciados, gente con poca experiencia que hace su trabajo rápido y mal. En los últimos años muchas editoriales también han decidido ahorrarse los correctores de pruebas y los de estilo, así que si el traductor comete un error, nadie lo va a detectar. Aunque hay honrosas excepciones son eso, excepciones.
    Me alegra ver que vosotros también lamentáis la pobre traducción de este libro. Creo que podríamos escribir, cada uno, a título personal, a la editorial quejándonos de esta traducción. Al menos, eso voy a hacer yo.
    Saludos y gracias por compartir vuestras opiniones.

  • Seikilos dice:

    Carmen, estoy de acuerdo con vos en recordar las excepciones: España dio muy buenos traductores (pienso en Miguel Sáenz, en Angel Crespo, en Ramón Buenaventura), y hay traductores que no son estudiantes ni recién licenciados ni gente con poca experiencia, sino que por el contrario gozan de renombre y dejan mucho que desear. Helena Lozano Miralles es un ejemplo de esos traductores, naturalmente.
    Gracias por escribir y sumarte a este grupo de insatisfechos.

  • moncho dice:

    No puedo dejar de comentar que acabé hace pocos día La isla del día de antes y que tanto la novela como la traducción me parecieron excelentes.

  • Seikilos dice:

    Moncho: el que vivas en España explica que no percibas lo local de la traducción, o que lo percibas como una virtud al menos. No niego los valores de la novela, sino los de la traducción. En el texto di ejemplos de las desviaciones (de significado, de estilo) respecto a la novela original en italiano. Tal vez, teratológicamente hablando, te guste ese animal compuesto de una novela de Umberto Eco y una interpretación algo caprichosa, reescrita en español peninsular. Signo de los tiempos, supongo.

  • ETM dice:

    Propongo que se envíen todas estas cartas a la tal Helena, o al mismo Eco, o a la editorial que publica. Llegué aquí porque me pareció sospechosa la traducción de La isla del día de antes y quise averiguar más sobre quién traducía. No es casual que aquí nos encontremos tantos lectores y con, más o menos, las mismas premisas. Algo anda mal con esas traducciones. Sencillamente la obra de Eco no nos está siendo comunicada como creemos que debería; sencillamente, el lenguaje, la palabra es colectiva, no de una erudita.

  • Gonzalo dice:

    A mi las traducciones de Helena me gustaron, estas críticas me tomaron por sorpresa

  • El Profe1946 dice:

    Comencé a leer el libro de Eco, El cementerio de Praga, tardíamente: hoy y ahora. Creo que la traduccióny he leído, como se dice, a pulso, más de 100 páginases definitivamente españolizante, algo chapucera (por favor, llamar perras a ciertas monedas equivalentes del francés decimonónico(!!!) y reciclar el tabaco!!! Por Diosperdón a los no-creyentes-Je suis desolé) y atroz Pero debo continuar leyendo hasta el final, aunque ya me leí los capítulos finales qué más da. Yo hago lo que Seikilos recomienda: cotejar la versión española con la versión italiana original. Así hice con El nombre de la rosa, que leí en inglés, español e italiano, y la visualicé cuando vi varias veces la película con Sean Connery Enough said. Creo que la idea de torcer, tergiversar y trastornar las realidades a través del idioma es el signo de Eco a pesar de todo, a pesar de todo a pesar de todoooo

  • Sebastián Mateus dice:

    Estoy releyendo todas las novelas de Eco. El italiano es uno de mis autores de cabecera, pese a que siempre he encontrado serios problemas con las traducciones de Helena Lozano. He leído todo lo que comentaron en esta publicación, y me he preocupado e indignado aún más: Numero cero, la nueva novela de Eco, también pasó por las manos de la misma traductora. No sé si comprar la novela o esperar treinta años hasta que alguien más la traduzca.

  • Seikilos dice:

    Habría que esperar más de treinta años: hasta el siempre postergado vencimiento del copyright para eso, lamentablemente.

  • Cecilia Castillo dice:

    A Helena Lozano no la encontré tan mal en Decir casi lo mismo, pero en Número Cero está pésimo su trabajo. Me da la impresión de que mientras más informal es un diálogo peor es su traducción. Echa a perder el placer de leer. De verdad terminé lamentando el dinero invertido y deseé saber más italiano. Número Cero es un muy buen libro, pero

    Encuentro un caso similar en las novelas de Massimo Manfredi. Su traductor, José Ramón Monreal destruye el texto. He optado (aunque parezca ridículo) leer a Manfredi en inglés y es una delicia. Claro que de italiano a inglés lo traduce su esposa.

  • FELIX dice:

    EN VERDAD QUE ME CAUSÓ UNA ENORME DECEPCIÓN LA LECTURA POR TODOS LOS PÁRRAFOS EN FRANCÉS EN LATÍN QUE NO ENTIENDO Y QUE NI UNA TRADUCCIÓN AGREGAN, ME FASTIDIARON LOS CAPÍTULOS QUE A MI PENSAR SOBRAN SOBRE LOS EMBLEMAS LO DEL MENTADO FERRANTE QUE NO VIENE AL CASO CON LA HISTORIA QUE AL FIN DE CUENTAS NO CONCLUYE ESTUVE A PUNTO DE TIRAR EL LIBRO Y QUEMARLO

  • Walter dice:

    Es la primera vez que la decepción de una lectura me lleva a buscar al traductor en su causa. Lamento que la señora Lozano haya conseguido la complicidad de Eco y no lo entiendo. Los ejemplos que has puesto (o que pusiste) son muy clarificadores. Lozano enrevesa y confunde, despista, distrae y falsea y haste inventa. (¿Por que se empeña en ponerle género femenino al puente del Amarilis?).
    Gracias por tu artículo. ocho años despúes.

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