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Internet y la música (parte II)

Hace dos meses escribí algunas reflexiones sobre cómo el mundo de la música está cambiando a través de internet. Hoy Radiohead anunció la salida de su nuevo disco (“In Rainbows”), y la novedad es la forma de comercialización: tienen una versión “real” (CD + vinilo), y otra que se puede bajar por internet. Esta última no tiene precio fijo: el precio lo decide quien lo compra, incluyendo decidir bajarlo gratis. Algunas reflexiones desordenadas. La idea de decidir el precio parece muy acertada, más teniendo en cuenta que se capitalizará la idea de que nadie va a poner cero, porque quien lo quiera gratis seguramente lo buscará por otros medios (eMule, BitTorrent, etc.). ¿Quién, entonces, es el potencial comprador? Dada la proliferación de medios de reproducción de música, la idea del CD está un poco defasada con respecto al MP3: hoy una persona escucha canciones a través de un celular, de un reproductor portátil de MP3 (potenciados a través de iTunes/iPod), de la PC de la oficina mientras trabaja, del estéreo del auto (que mayormente soporta MP3, permitiendo llevar en la guantera diez discos estándar en un sólo CD), eventualmente incluso en el equipo de música de la casa. Comprar un CD original implica multiplicarlo en forma de MP3 para todos estos medios; estos MP3 están al alcance de la mano de cualquier persona medianamente educada en tecnología de internet, gratis. La constatación de las exiguas regalías que las compañías discográficas pagan a sus músicos, más la caza de brujas que están realizando organizaciones como la RIAA y los terroríficos planes de licencia digital de Microsoft, hacen que el único obstáculo (si es que existe) para que una persona se sirva de este repositorio global y libre, sea de índole moral: uno no le querría robar plata a su ídolo. Radiohead dice “OK, bájenlo, y si les parece que nosotros valemos algo, dennos algo”. Naturalmente el público de Radiohead les va a dar algo. Alguno le dará más que lo que vale el CD en la calle, porque le parecerá que la música es superior a la media; algún otro pagará menos que un CD, ya que es sólo música digital y vale materialmente menos (no hay cadena de distribución, ni CD físico, ni librito, etc.). Radiohead ganará en cualquier caso; sus simpatizantes podrán cumplir con su deber ético. Hasta aquí, todo suena perfecto. Ahora, algunos grises. Por un lado, este método ha sido intentado antes. Está Jamendo, que regala música pero permite donaciones (y en la página es pública la lista de donantes); está Magnatunes, una compañía discográfica pensada para internet, con precios menguados, según la realidad nueva de internet. El problema es que ambos proyectos implican a músicos desconocidos, y si Radiohead puede presentar esta nueva forma, es porque ya son famosos y notorios, son suficientemente ricos para arriesgarse a que no funcione. ¿Cómo una banda inscripta en los otros dos sites mencionados podría hacerlo? ¿Cómo lograr difusión, rotación en las radios, gente que se baje sus temas y vaya a sus conciertos, etc.? Falta un método democrático como, digamos, los videos que rondan en Metacafe, para que la gente los vote, los escuche, los popularice. Otro gris: la versión que se puede bajar tiene la mitad de música que la versión “material”; esta última es lujosa, es decir, cara. Al final se pirateará también esta versión, inevitablemente ganará terreno en el mercado P2P, y la gente terminará cediendo a la tentación, porque la opción moral no es completa. Finalmente, la democratización del precio, ¿cómo se mide para nosotros, los que vivimos en la periferia? Para dar un ejemplo concreto, pagar el equivalente local de 80 dólares para la versión “material” es mucho dinero, pero ¿nos parecerá ético pagar con nuestra magra divisa frente a lo que puede pagar, digamos, un británico? ¿Se sentirán estafados los Radiohead si muchos tercermundistas deciden pagar con sus monedas empobrecidas? Y esto sin mencionar que un adolescente de los países en vías de desarrollo no cuenta con una tarjeta VISA internacional (requisito innecesario para comprar un CD en una disquería del barrio).
Al menos, hay nuevas respuestas al problema de la música en internet. Agrada saber que un grupo grande esté ofreciéndolas, en vez de protestar porque venden menos discos.