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Vuelo 93 (United 93)

El género realista y el cine-catástrofe suelen ser antagonistas. La breve enumeración que sigue da cuenta de las convenciones de este último:

  • El director comienza mostrándonos uno a uno a los personajes que van a participar. Llegamos a conocer su superficialidad bastante íntimamente con unas pocas pinceladas.
  • El grupo tiene la obligación de ser heterogéneo, y debe incluir al menos un representante de una minoría (ayer era negro, hoy es gay), una pareja de enamorados, uno que sea indefenso: un mayor de edad, un niño. Se trata de que sean estereotipos de un rol social: el rico, el adolescente conflictivo, el hombre de mundo, etc.
  • Del conjunto sobresaldrá un líder nato, que es quien los guiará a la salvación. El rol del líder será cuestionado por un segundo líder menor, que invariablemente morirá; habrá una mujer que se enamore del ganador.
  • El grupo sufrirá alguna baja de importancia emocional durante el proceso de supervivencia.
  • Los peligros que el grupo afrontará excederán los que nosotros, espectadores, seríamos capaces de tratar. En cada caso presentado, el grupo se salvará en el último instante.
  • Pese a la confusión reinante, la cámara presentará didácticamente (usualmente ayudada por el líder) cada situación con clara precisión. Nunca habrá lugar a dudas de cómo sucedieron las cosas.
  • Habrá culpables por negligencia, y esos culpables serán presentados a priori para que tengamos oportunidad de odiarlos con tiempo.
  • Sobre el final, sólo unos pocos elegidos, purificados por el proceso, se salvarán y se convertirán en héroes.

La reciente remake de Poseidon acata estas normas al pie de la letra. Vuelo 93, que trata del único avión secuestrado el 11 de Septiembre que no logró su objetivo, no aprueba uno solo de estos puntos esenciales, y aún así (justamente así) conmueve a través de una bien simulada realidad, que tampoco es flexible a las convenciones. No hay tomas externas del avión. No hay efectos especiales, ni de los otros. No sabemos más que lo que saben ellos (excepto el desenlace). Las víctimas son convenientemente anónimas: no conocemos sus nombres, no son actores conocidos, no sabemos sus historias, no simpatizamos ni disentimos con ninguno. Nadie es un líder obvio, no hay héroes ni patriotismo, los malos y los buenos son presentados en el mismo plano: es una tragedia de hombres, seres humanos metidos en una confusión: hay llanto, hay desesperación, hay rezos, hay caos, tedio, desorden, realidad, miedo, y estos sustantivos se reparten equitativamente entre atacados y atacantes. Acaso sólo un inglés podía haber despreciado el sentimentalismo y el maniqueísmo en una película sobre un tema tan sensible; acaso sólo cinco años podía dar esta madurez de visión, exenta de patetismo y revancha.