Los Emigrados (W. G. Sebald)
Hablar de un libro nuevo cuando ya su publicación data de más de diez años es quizás peligroso; acaso no sea así si se considera la literatura como un camino milenario, o si se tiene en cuenta que hubo que esperar tres años para su primera traducción (al inglés, por supuesto), y otros cuatro más para que la leamos en castellano. "Los Emigrados" me sorprendió como literatura nueva y vieja a la vez; nada de experimentaciones con el lenguaje, nada de "modernismos", sólo palabras que corren y cuentan incesantemente historias de fantasmas. Los fantasmas son personas que nacieron en alemán, y tuvieron que emigrar, que murieron de melancolía, en un lugar donde no sintieron pertenecer. Las cuatro historias están documentadas con fotos en blanco y negro, porque el blanco y negro es de alguna manera adecuado a las historias, que se escuchan como ecos lejanos, como susurros de un viento antiguo que ya pasó y algunos todavía lo recuerdan y lo evocan. Que sintamos las historias como verdaderas, que nos emocionemos al recrear estos espíritus, es extraordinario en una obra de ficción de finales del siglo XX; Sebald, un emigrado también, un alemán que vivió más de 35 años en Inglaterra y que no se resigna a no escribir en ese alemán atemporal que usa, Sebald, que murió también afuera de su hogar, es quien tuvo esa magia tan infrecuente en estos días de ruido y velocidad, de asalto y agobio, de soledad y alienación.
[...] para mí que Sebald quiso estar en el lugar de Austerlitz, víctima de esta historia nefasta. Ya en Los Emigrados Sebald estaba tratando de abordar el problema del desarraigo y la identidad, el problema de un [...]
[...] Como Sebald, Amelio contó su historia de emigrados para poder elaborar su propia historia. La ausencia de su padre fue determinante para él, y parece visitarlo como el fantasma del padre de Hamlet. Amelio eligió a Carmelo de Mazzarelli, el que hace de Michele, en la calle, por su cara: era un albañil, no un actor. Como en la película, Amelio buscaba a Michele y sabía a quién buscaba; cuando los empresarios italianos lo encuentran en la cárcel, uno dice "me recuerda a mi padre: es tal cual". Michele, cuando habla de la vida que dejó por ir a la guerra, dice que tiene un hijo, que "estará buscando a su padre". Como el fantasma del padre de Amelio, Michele se le aparecía a Gino recurrentemente pese a que quería estar en paz. Su función es la de un recordatorio de identidad: Amelio les estaba diciendo a los italianos modernos que no olvidaran quiénes fueron antes, ahora que los albaneses eran lo que los italianos en aquel tiempo. Por eso acaso está esa frase: "los albaneses son como chicos": en la infancia de la Italia moderna estuvo ese hambre y esa emigración masiva. [...]