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Los Emigrados (W. G. Sebald)

Hablar de un libro nuevo cuando ya su publicación data de más de diez años es quizás peligroso; acaso no sea así si se considera la literatura como un camino milenario, o si se tiene en cuenta que hubo que esperar tres años para su primera traducción (al inglés, por supuesto), y otros cuatro más para que la leamos en castellano. “Los Emigrados” me sorprendió como literatura nueva y vieja a la vez; nada de experimentaciones con el lenguaje, nada de “modernismos”, sólo palabras que corren y cuentan incesantemente historias de fantasmas. Los fantasmas son personas que nacieron en alemán, y tuvieron que emigrar, que murieron de melancolía, en un lugar donde no sintieron pertenecer. Las cuatro historias están documentadas con fotos en blanco y negro, porque el blanco y negro es de alguna manera adecuado a las historias, que se escuchan como ecos lejanos, como susurros de un viento antiguo que ya pasó y algunos todavía lo recuerdan y lo evocan. Que sintamos las historias como verdaderas, que nos emocionemos al recrear estos espíritus, es extraordinario en una obra de ficción de finales del siglo XX; Sebald, un emigrado también, un alemán que vivió más de 35 años en Inglaterra y que no se resigna a no escribir en ese alemán atemporal que usa, Sebald, que murió también afuera de su hogar, es quien tuvo esa magia tan infrecuente en estos días de ruido y velocidad, de asalto y agobio, de soledad y alienación.