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Gormenghast

El escritor chino Mervyn Peake es un caso curioso en la literatura. Podría haber sido tan famoso como otros escritores de fantasía, como Tolkien, o C. S. Lewis; pese a que sus amigos Dylan Thomas y Graham Greene (o más adelante Anthony Burgess) trataron de rescatar su obra, hoy sigue siendo sólo un escritor de culto, leído por pocos. Sting compró los derechos de la trilogía -Titus Groan, Gormenghast, Titus Alone-, y logró que la BBC hiciera un teleteatro radial, reservándose el papel de Steerpike (su propia empresa se llama así, y su hija Fuchsia, en honor a otro personaje del libro). Finalmente la BBC pudo filmar una miniserie muy lograda con los dos primeros libros. Cuatro capítulos de una hora los condensan representativamente, y les dan vida a sus inverosímiles personajes. Algunas concesiones fueron hechas, naturalmente, y así Irma Prunesquallor pierde su eco característico:

“Did he go upstairs just now?” said Miss Irma Prunesquallor. “I said did he go upstairs just now?”

The tall lady had the habit of speaking at great speed and of repeating her questions irritably before there had been a moment’s pause in which they might be answered. Prunesquallor had in moments of whimsy often amused himself by trying to wedge an answer to her less complex queries between the initial question and its sharp echo.

(-¿Acaba de subir?-dijo la señorita Irma Prunesquallor- Pregunté ¿acaba de subir?

La alta mujer tenía el hábito de hablar a gran velocidad, y de repetir sus preguntas irritablemente antes que se produjera una pausa en la cual se pudiera contestarlas. El doctor Prunesquallor muchas veces se complacía en intentar meter una respuesta a sus consultas menos complejas entre la pregunta inicial y su tajante eco.)

Con trazos como éste, Peake define para siempre un personaje. Basta esta línea para pintar a las estúpidas gemelas:

The Doctor and his sister found that the Ladies Cora and Clarice had not been paying the slightest attention but had been staring at Steerpike more in the manner of a wall staring at a man than a man staring at a wall.

(El doctor y su hermana se dieron cuenta de que las damas Cora y Clarice no habían estado prestando la menor atención, sino que se habían quedado mirando a Steerpike, más como una pared que mira a un hombre que como un hombre que mira a una pared)

Quien haya leído alguno de sus libros se habrá deleitado con ese extraño mundo, con sus inútiles tradiciones, y donde las moralidades siempre son dudosas. Nadie puede afirmar con seguridad si el maquialevo Steerpike (extrañamente traducido a nuestro idioma como “Pirañavelo”), que tiene algo de Ricardo III y algo de terrrorista, es el malo o el bueno de la fábula. Los personajes del libro se escapan a toda convención; los monólogos interiores de cada uno (“reveries”) son deliciosos, desde el económico lenguaje de Flee hasta la elaborada sofisticación de Prunesquallor. Mervyn Peake, pobre e ignorado en su tiempo, murió loco, loco como escribió la tercera parte de ese mundo foráneo y loco que es Gormenghast.