Must you go? (Antonia Fraser)
Este libro no pretende ser una biografía de Pinter, aunque todos habrán comprado el libro buscando esa intención. Antonia Fraser y Harold Pinter se conocieron en 1975, ambos casados y con hijos, y "Must you go?" cuenta esa historia de amor, desde los primeros encuentros furtivos hasta la muerte de Pinter. Como se advierte en el subtítulo y en el prólogo, el libro es más la vida de Fraser que la de Pinter, pero aún así no deja de tener momentos interesantes. El primer tercio no tiene mucha carne: el idilio, los divorcios, las visitas y salidas con nombres muy conocidos, mucho esnobismo y una prosa adornada de palabras rebuscadas. Un ejemplo que aunque sea es divertido:
Me senté junto a Mario Vargas Llosa; su sonrisa deslumbrante y sus apuestas facciones, como las de un caballo, me dejaron una impresión de lo más favorable. Por eso, cuando dijo que admiraba intensamente la obra de Harold, "especialmente Who’s Afraid of Virginia Woolf?" (que en realidad fue escrita por Edward Albee), sólo respondí "Mmm", cuando si se hubiera tratado de un hombre menos atractivo se habría ganado una corrección más cortante.
Otras partes hablan de la personalidad de Pinter, con pinceladas de color como esta:
Los Pinter desaprobaban el hecho de que Vivien [Merchant, primera mujer de Pinter] no fuera judía, junto al hecho de que Harold, por error (algo que nunca pudo explicar ya que hubiera sido peor) se casó en Yom Kippur.
Entre los nombres interesantes está el de Beckett:
Pinter a Beckett (en la Coupole) después de hablar un rato de política: "Lamento, Sam, ser tan sombrío". Beckett a Pinter: "No podrías ser más sombrío que yo, Harold".
La muerte de Arthur Miller. Harold estaba extremadamente triste. Yo: "No lloraste a Beckett pese a que a él también lo amabas". Harold: "Beckett quería ir hacia la muerte mientras que Arthur estaba lleno de vida y quería seguir vivo".
Salman Rushdie es otro nombre recurrente en el libro, especialmente en la época de la fetua por "Los versos Satánicos", cuando usaba la casa de Pinter para encontrarse con su familia clandestinamente:
Salman nos dice: "Esto no tiene nada que ver con el Islam. Esto es un monstruo que ha salido de una botella, como a veces sucede en la Historia".
Lo mejor del libro es que arroja luz sobre la génesis de muchas obras (posteriores a Vivien Merchant, se entiende). Por ejemplo, Pinter tuvo una aventura con Joan Bakewell y muchos años después usó esa historia en Betrayal.
Harold le contó a Joan acerca de Betrayal en el Ladbroke Arms. Ella quedó "en estado de shock"; él siempre supo que este encuentro iba a ser algo fuerte. Yo, como una idiota: "además de eso, ¿le gustó la obra?". Harold: "sería como preguntarle lo mismo a la señora Lincoln".
Este ejemplo es más interesante para nosotros, los argentinos:
El yunque de Harold empieza a sacar chispas. En Le Caprice, empieza a hablar de una obra acerca del encarcelamiento y la tortura: "La gente tiene que ser muy consciente de su condición, pero irónicamente. Nada explícito. Sin sangre, sin escena de tortura". Yo: "Rápido, rápido, debe haber papel y lápiz aquí. Esto es Le Caprice, el restaurante preferido de Jeffrey Archer". Harold cita entonces el final del libro de Jacobo Timerman sobre qué es ser un prisionero político en la Argentina. Describe una mujer que la sacan de su celda para llevarla a su sesión matutina. Se escucha que el guardia dice "Apurate, puta de mierda". Nunca se la vuelve a ver. Este es el primer avistamiento de la obra que luego se convertiría en "One for the road", pero la imagen se desvaneció hasta Enero.
Otra para los argentinos:
3 de Abril
La invasión a las Islas Malvinas trae unidad política a la mesa del almuerzo familiar. Escuchamos el debate de la Cámara de los Comunes con aprobación, con los sentimientos patrióticos de Harold al frente. La Argentina fascista y llena de odio impone su gobierno del mal sobre los pobres isleños: "tenemos que pelear".
El segundo tercio del libro está mayormente signado por el compromiso político de Pinter quien, pese a esta nota sobre Malvinas, era pacifista. El final trata de la larga agonía y la lucha contra el cáncer (primero de esófago, después de hígado) que terminaría con su vida luego de siete años de precaria salud.
"Must you go?" está adornada aquí y allá de algunos poemas de Pinter, dedicados a Antonia Fraser o escritos espontáneamente por alguna ocasión. Ya que ayer fue 24 de Marzo, traduzco este para terminar:
Los desaparecidos
Amantes de la luz, los cráneos,
la piel quemada, el blanco
destello de la noche,
el calor en la muerte de los hombres.
Tendón y corazón
destrozados en una habitación de música,
donde los hijos de la luz
saben que es tiempo de su reino.


Ahí las palabras parecen querer cubrir un vacío esencial, como esos pacientes de Oliver Sacks con síndrome de Korsakov que hablan para no desesperar, o que cuya habla continua es una forma de desesperación menor que callar. Aún en las obras donde hay personajes que están callados todo el tiempo uno tiene la sensación de que tienen muchísimo para decir: pienso que si al Protagonista de Catastrophe, o a Croker, el suicida de Rough for theatre II, o a la mujer referida en Not I se les diera tiempo de hablar, elaborarían ese tipo de monólogo constante, desesperado, que tienen los otros personajes de Beckett (en esas obras, esos personajes tácitos son "hablados" por los otros, los que están juzgando o manipulándolos). Una posible confirmación de esta hipótesis está en Lucky, de Waiting for Godot, un personaje de estas características. Lucky no habla nunca, pero cuando puede finalmente hablar, no puede parar; cuando lo silencian, como los pacientes de Sacks, cae como cuerpo muerto. Y lo que dice es en principio incomprensible, especialmente para alguien que está escuchando la obra por primera vez: es un fluir constante de palabras que parece tener muy poca conexión, hay como una liberación y una angustia en el acto de hablar y hablar, que se va viendo cada vez más claro a medida que avanza el desarrollo del discurso, la desesperación del discurso. En ese momento de Waiting for Godot está concentrada en gran parte la esencia de la obra de Beckett.
Sin embargo, algo hay que no cambió entre ese inicio con libros muy joyceanos y ese final tan pulido, tan callado. Podemos volver un momento más al discurso de Lucky: no sólo hay ahí una labor dedicada con las repeticiones de frases, sino también una busca consciente de una sonoridad en particular; la prueba es que ese discurso hay que escucharlo, no leerlo. Beckett lo entendía así: revisando la traducción al alemán, corrigió "anthropopopometrischen Akakakakademie" con "Akakakakademie der Anthropopopometrie" porque el ritmo no era el adecuado; trabajó arduamente con el actor alemán que iba a decir esas palabras, pronunciando cada sílaba con él, para que sonara exactamente como él quería. Le confió que la repetición de "qua" es porque Lucky no logra decir "quaversalis"; le pidió enfáticamente que se demorara en la consonante final de "Mensch". Le importaba que el nombre Peterman fuera una insistencia de esa tierra "abode of stones". Así Beckett parecía pensar en cada palabra que ponía en sus obras. Una vez, traduciendo "A Piece of Monologue" al francés cortó un párrafo porque no lograba encontrar una palabra que sonara como suena "birth" en inglés. Otra vez le recitó a su biógrafo cierto párrafo de Krapp’s last tape, para luego agregar que “si se sacara una sola sílaba de esas líneas, se destruiría el sonido del agua chapoteando al costado del bote”. Hay obras que son notorias por su sonido: basta con escuchar A piece of monologue o Rockaby, que además está escrita en versos como si fuera un poema, no una obra de teatro. Ahí, en esas obras, se puede apreciar a un nivel más microscópico, aún más que el discurso de Lucky, el mismo mecanismo de repeticiones y patrones y ecos, esta vez ya al nivel de las sílabas que componen las palabras.
Probablemente no habría sido tan buena si Massive Attack se hubiera inclinado por Madonna, la primera opción que tenían, en vez de Elizabeth Fraser; probablemente no habría sido tan buena si Jeff Buckley no hubiera muerto en aquellos días. Como toda gran canción pop, Teardrop está identificada para siempre por su interpretación: por la voz etérea de la cantante de Cocteau Twins, por esa instrumentación mínima y precisa de Massive Attack, no podría haber otra versión después de ésa, y por supuesto que la hubo. Muchos intentaron reapropiarse de esa canción, incluyendo artistas talentosos como Mika, pero todos fallaron en transmitir su esencia, ninguno pudo reemplazarla. Casi secretamente, sin embargo, en algunos conciertos un pianista de jazz
La canción, desde luego, ha inspirado muchos covers notables, y sin embargo la versión definitiva hoy sigue siendo la original. Hay una
Alguien lo resumió así: "Amy Winehouse fue encontrada hoy un poco más muerta que ayer". Las radios repiten "Rehab", casi como si se rieran de ella. Algunos pocos medios (el Guardian, notoriamente) han tenido la integridad de recordar quién era esa mujer que, siendo muy joven, habiendo publicado sólo un puñado de canciones, había generado tanta admiración en tanta gente admirable.
El alivio, esperaba, vendría como una correntada desde lo desconocido. Una habitación desconocida. Una escena desconocida. Salir hacia donde nada fue compartido. Volver hacia donde nada fue compartido. De esto alguna vez esperó a medias que le llegara algo de alivio. Día tras día se lo podía ver caminando lentamente por el islote. Hora tras hora. En su largo impermeable negro, sin importar el clima y con un gran sombrero de otra época. Al final siempre se detenía a contemplar la correntada que volvía: cómo, en alegres remolinos, sus dos brazos fluían y confluían unidos. Luego daba la vuelta y volvía sobre sus lentos pasos. En sus sueños le habían advertido contra este cambio. Visto el rostro amado y escuchado las palabras silenciosas. "Quédate donde estuvimos solos tanto tiempo juntos, mi sombra te dará consuelo". ¿No podía acaso volver ahora? Reconocer su error y volver donde alguna vez estuvieron solos tanto tiempo juntos. Solos juntos, tanto compartido. No. Lo que había hecho solo no podía deshacerse. Nada de lo que había hecho alguna vez solo podría alguna vez deshacerse. Por él solo. En este extremo fue presa de su viejo terror nocturno. Después de tanto tiempo, un lapso, como si nunca hubiera ocurrido. Ahora, con fuerza redoblada, los síntomas aterradores (descriptos largamente en la página cuarenta, párrafo cuatro). Otra vez las noches blancas, como cuando su corazón era joven. Sin sueño, sin batallar al sueño hasta el amanecer.