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La Mujer y los Márgenes: “Difficult Daughters”

I

En Difficult Daughters, novela publicada en 1998 y localizada principalmente en la India de los años 40, Manju Kapur habla, con gran elocuencia narrativa, del concepto de independencia. Esta novela, la primera de la autora (nacida en 1948, residente en Delhi y actualmente profesora en el centro universitario Miranda House College), fue galardonada con el prestigioso ‘Commonwealth Writers Prize for Best First Book (Eurasia Section)’, y le ha valido un notable éxito, tanto comercial como crítico, en su nativa India e igualmente en el mercado mundial. Desde finales de 2003, esta fascinante obra se halla al alcance del público lector de lengua castellana, publicada por Espasa (Madrid), bajo el título Hijas difíciles y en la excelente traducción de Dora Sales Salvador, de la Universidad Jaume I de Castellón (Comunidad Valenciana)1. Si por otro lado y también en 2003 Manju Kapur ha lanzado una segunda novela, A Married Woman2, tan fuerte como la primera e incluso más polémica en el plano temático, el ensayo actual se consagrará a explicar algunos aspectos fundamentales de Difficult Daughters, única obra de esta autora disponible hasta la fecha en castellano.

La búsqueda del control sobre su propio destino, tema motor de Difficult Daughters, se refiere a la Independencia que anhela y logra una nación (pero cruelmente dividida por una funesta Partición), pero también la independencia que añora (y que finalmente no consigue) una mujer, miembro de esa misma nación (o de una de sus comunidades rivales). Virmati, la protagonista, busca unas relaciones humanas que le permitirán ser ella misma, ejercer el grado de control sobre su vida que, como mujer educada, ella sabe merecer. Nacida en Amritsar, ciudad del Punjab, en los años 1940 e hija de un padre de ideas progresistas pero de una madre tradicionalista (su progenitora, Kasturi, tiene que dar a luz a nada menos que 11 hijos), aspira a una vida más libre que la que su entorno le propone. Esta busca se ve condenada al fracaso, gracias a la incomprensión que recibe tanto de su familia de origen como del hombre con quien se casa – pero también merced a sus propios errores, puesto que nadie le obligaba al casamiento que elige, y tenía la posibilidad de no llevarlo adelante.

A Virmati, como a tantas otras mujeres del subcontinente, se le quiere imponer el típico casamiento pactado (‘arranged marriage’). Se rebela contra este destino, para la gran vergüenza de su familia y especialmente de su madre. Insiste en su derecho a la educación, y consigue desplazarse para estudiar en Lahore. No obstante, se enamora del ‘Profesor’, docente de Amritsar, ya casado e inquilino de la familia de Virmati. Tras varias peripecias, entre las cuales un período como directora de escuela en un pequeño Estado de la Himalaya, logra casarse con el hombre que ama (o que cree amar), así regresando a Amritsar para vivir con él. Éste, no obstante, no quiere alejarse de su primera mujer, y las consecuencias para Virmati resultan ser muy duras: tiene que vivir marginada por su propia familia y menospreciada por la de su marido. La historia de Virmati está narrada, desde una perspectiva contemporánea, por Ida, su única hija, que quiere reconstruir las vivencias de su ya fallecida madre, y tiene como telón de fondo el movimiento independentista de los años 40 y el posterior trauma de la Partición.

Se puede afirmar que este caso de Virmati es representativo hasta cierto punto, pero no en términos absolutos. Se sabe que las mujeres participaron, y con fuerza, en los movimientos sociales que culminaron en la Independencia (y, desgraciadamente, en la Partición). Como nos recuerda Dora Sales Salvador en el posfacio a su traducción: ‘Kapur enfatiza la labor que en aquellos momentos ejercieron muchas mujeres que, al tiempo que reclamaban la igualdad de oportunidades, el acceso paritario a la educación y las posibilidades de una vida más allá de las convenciones, fueron una fuerza visible en la resistencia no violenta ante los británicos’3. Las páginas de Difficult Daughters hablan no sólo de Virmati, sino también de otras ‘hijas difíciles’ que tienen mayor éxito que ella en sus luchas, paralelas, por la independencia vital. En el centro de la narrativa, estamos enfrentados con una mujer que cae en la lucha; pero en los márgenes, como figuras sin duda no tan representativas pero emblemáticas no obstante, conocemos – como veremos más adelante – a otras mujeres, cuyo relativo éxito abre el camino hacia el futuro.

II

El período más feliz y más hermoso de la vida de Virmati es, seguramente, el que pasa en Nahan, la capital de Sirmaur, pequeño Estado de la Himalaya y feudo de un maharajá de ideas más bien avanzadas, que le da refugio por algún tiempo, y donde trabaja como directora de una escuela femenina. Este estado existía en la realidad, y hoy forma parte del estado indio de Himachal Pradesh. Es allí donde tiene el mayor control sobre su vida: hay normas que debe respetar (y al transgredirlas cae), pero puede ejercer su profesión en un marco de buena ordenación, y su forma de desempeñar le gana un respeto merecido. Si es cierto que la profesora o directora de escuela soltera o viuda es una figura que recurre en la literatura india moderna (pensemos en la ‘solterona’ Bimala, en Clear Light of Day de Anita Desai, o en la abuela de The Shadow-Lines, de Amitav Ghosh), la particularidad del destino de Virmati, en este trance de su vida, es que tiene que ejercer todas sus responsabilidades a solas. En el Estado chico adonde le trajo su destino, no tiene ni familia ni amigos íntimos. Logra un éxito (casi) ejemplar de autogestión femenina. Por la primera y única vez, tiene un domicilio que es sólo para ella, ‘una habitación que sea suya’ (como diría Virginia Woolf, ‘a room of one’s own’). Y sin embargo, tropieza. Cree necesitar de un hombre, y elige erróneamente; reincide en un amor que ya sólo le había traído sufrimiento. Las repetidas visitas clandestinas del funesto Profesor hacen que pierda la confianza de sus patrones, y se ve forzada a dejar escuela, residencia y empleo.

Visto de manera retrospectiva, el periodo de Nahan aparece como el único momento utópico de la triste historia de Virmati. La sensación de una utopía lejana es reforzada si el lector del siglo XXI se da cuenta de que son unas circunstancias de antaño que no podrían producirse hoy, ni para bien ni para mal. Los maharajás ya no existen: los más de quinientos estados-principados o ‘princely states’ de la India de la época pre-Independencia y pre-Partición, eran de tamaño tan variable que la categoría abarcaba desde un vasto territorio como el Hyderabad del Nizam hasta micro-estados como Sirmaur. El texto de Manju reza: ‘Nahan, clean and prosperous, was ruled by an enlightened royal couple’ (182) (‘Nahan, limpia y próspera, era gobernada por una erudita pareja real’ – 220). Puede que no todos los maharajás fuesen tan retrógrados como se suele opinar, que no todos deban ser asimilados a aquel Nawab de Bahawalpur, cínico y explotador, que ha merecido tan acérrima condenación por parte de V.S. Naipaul4. En fin y sea como sea, se trata de una opción de vida – trabajar en un estado minúsculo, cerrado pero bien ordenado, y capaz de proporcionarle un refugio en el plano psicológico y mental – que una Virmati de hoy no podría elegir.

Para ella, había, empero, otra solución todavía. Hay una salida que ella vislumbra, pero que en el último momento se esfuma. Pudo haber ido a otro sitio: Shantiniketan. Fue precisamente esta solución que adoptó para con sus patrones, como pretexto para evitar el escándalo abierto. Pero fue más que eso: existía, para Virmati, la posibilidad real de ir allí. Shantiniketan: lugar consagrado de la espiritualidad india de índole moderna; localidad de Bengala (hoy en Bengala Occidental) donde, gracias a los mejores oficios del gran poeta Rabindranath Tagore, primaban la Educación y la Iluminación, bajo la égida de una filosofía liberal; sede de Viswa-Bharati, fundación (escuela y, posteriormente, Universidad) establecida por el propio Tagore, donde la mujer desde siempre era aceptada como protagonista del proceso educativo. De haber completado ese viaje inacabado, Virmati hubiera podido rehacer su vida, conocer a otra gente, mantener su independencia. O, al menos, se le hubieran abierto nuevas oportunidades. Desgraciadamente, tiene que cambiar de tren en Delhi. Son muchas horas de espera, y así cae en la trampa: acude a casa de un conocido de la capital, que es también amigo del fatídico Profesor. Y así se le difumina el vislumbre de un despertar espiritual, de una renovada autonomía.

III

La vida matrimonial con el Profesor, en Amritsar, resulta ser un desastre. Virmati se hunde bajo la mirada, hostil e implacable, de Ganga, la primera mujer de su marido con quien tiene que convivir. Pierde toda identidad: la continuación de su educación (estudia, sin ganas, para un grado superior en filosofía) ya no le sugiere los senderos de la autonomía. Finalmente, su historia individual desaparece, se hace casi irrelevante, dentro de la tragedia colectiva, más vasta y más resonante, de la Partición. Y no obstante, a lo largo de su trayectoria Virmati se había cruzado con otras mujeres deseosas de otra vida, que tuvieron mejor éxito que ella.

Son Shakuntala, su prima; y Swarna Lata, su compañera de habitación en Lahore. Ambas son representativas de un cierto tipo femenino que recurre en la literatura india: la militante emancipada. Como ya hemos enfatizado, nunca debemos olvidar que fueron numerosas las mujeres que participaron en la lucha por la Independencia y en el movimiento gandhiano: el Kanthapura de Raja Rao, novela de 1938 narrada a través del prisma de una voz femenina, es un notable homenaje literario a ese hecho. En la literatura pos-independencia, se destacan personajes como Daisy, la militante de The Painter of Signs de R.K. Narayan que prefiere permanecer soltera, o Malati Trivedi, la activista izquierdista de A Suitable Boy de Vikram Seth que, curiosamente, también aparece como compañera de habitación del principal personaje femenino, Lata. Notemos también la convergencia de nombres entre Lata [Seth] y Swarna Lata [Manju], otro detalle que sugiere una posible intertextualidad. El nombre Shakuntala también tiene connotaciones intertextuales: el lector indio pensará inmediatamente en la protagonista epónima de El Reconocimiento de Shakuntala, obra dramática de Kalidasa, gran clásico de la literatura sánscrita: la joven que, a pesar de ser abandonado por su marido el rey, finalmente hace valer sus derechos y obtiene un tratamiento justo.

En la familia extendida de Virmati, la prima Shakuntala aparece desde siempre como quien ejemplifica la mujer ‘moderna’ o ‘liberada’. Estudia, da clases, y se mete en la actividad política y gandhiana: aun después de casada, logra mantener su autonomía y su libertad de actuación y pensamiento. Shakuntala se convierte así en un polo de atracción para Virmati: ‘Virmati listened, … drawn towards Shakuntala, to one whose responsibilities went beyond a husband and children’ (17) (‘Virmati escuchaba, … atraída por Shakuntala, alguien cuyas responsabilidades iban más allá de un marido y unos hijos’ – 29).Tampoco se puede ver en ella una figura totalmente atípica o aislada: comparte sus vivencias ‘liberadas’ con un grupo de amigas, cuyas actividades le explica a Virmati en las palabras siguientes: ‘We travel, entertain ourselves in the evenings, follow each other’s work, read papers, attend seminars. One of them is even going abroad for higher studies’ (ibid) (‘Viajamos, nos divertimos por las tardes, observamos el trabajo de cada una, leemos los periódicos, asistimos a seminarios. Una de ellas incluso se marcha al extranjero a continuar con estudios superiores’ – 29)5. Más adelante, en la figura de Swarna Lata, Virmati encuentra actitudes parecidas: su amiga, militante muy comprometida, la lleva a una reunión de la Punjab Women’s Student Conference, en la cual brilla como oradora: ‘Heavy applause broke out as Swarna finished speaking’ (145) (‘Un fuerte aplauso estalló cuando Swarna dejó de hablar’ – 177). Swarna incluso llega a continuar su actividad de militante después de su matrimonio, expresándose al respecto a Virmati en los términos siguientes: ‘We have plenty of married women working with us. I’m married, aren’t I?’ (252) (‘Tenemos muchas mujeres casadas trabajando con nosotras. Yo estoy casado, ¿no?’ – 300). En este sentido se puede destacar un paralelismo entre las trayectorias de Shakuntala y Swarna, aunque también habría que matizar, puesto que, en la única occasión en que la amiga de Virmati conoce a su prima, las dos no se llevan muy bien: con esta pequeña ironía narrativa, Manju demuestra su capacidad para evitar tanto el reduccionismo como el sentimentalismo.

A fin de cuentas, el vericueto de la actividad política no seduce a Virmati, como ella misma reconoce: ‘I am not like these women. They are using their minds, organizing, participating in conferences, being politically active, while my time is spent being in love’ (142) (‘No soy como estas mujeres. Ellas hacen uso de sus mentes, organizando, participando en congresos, siendo políticamente activas, mientras yo paso el tiempo enamorada’ – 174). Elige – no se puede afirmar que para su bien – el camino del Profesor: camino que no es el de Swarna Lata, con quien, finalmente, se ve obligada a romper definitivamente: ‘And Swarna dropped out of her life’ – (252) (‘Y Swarna salió de su vida’ – 300)6.

De todas maneras, podemos afirmar que la vida frustrada de Virmati se encuentra, en cierto modo, enmarcada – como en un tríptico – por esas otras dos vidas, mucho más exitosas: las de Shakuntala y Swarna Lata, ambas figuras emblemáticas de la mujer educada, politizada y emancipada7. Es decir, el aniquilamiento psíquico que padece Virmati, con su familia de origen y luego con la de su marido, no debe ser leído con una fatalidad. Puede que sea el destino más representativo de la mujer india (aun educada), en términos cuantitativos o estadísticos, pero la novela de Manju enseña que también hay otros caminos, e, igualmente, que las opciones ni siempre son sencillas o maniqueístas. Hay negociaciones femeninas que llevan al éxito, y otras que fallan: pero nada está predeterminado. En este marco, opina muy acertadamente Dora Sales: ‘En esta novela lo destacable es que la disyunción entre el peso de la tradición adscrita al género, por una parte, y los deseos de independencia y autoafirmación, por otra, no se plantea como una mera dicotomía de opciones vitales. No es blanco o negro, en ningún caso. Hay toda una gama de complejos grises emocionales entre estas dos alternativas’8. Aquí, podemos referirnos, desde un enfoque comparatista, a otro texto de la literatura femenina india: Fasting, Feasting, la novela de Anita Desai que salió en 1999 – en fin, poco después de Difficult Daughters – donde, si Uma, protagonista femenina de la sección india de la narrativa, no logra sacarse de la triste mediocridad que envuelve su vida de hija soltera, y si el destino de su prima Anamika, que pudo haber ido estudiar a Oxford pero que acaba siendo otra víctima más de la epidemia de ‘bride-burning’ (matanzas domésticas por el fuego) es aun peor, la hermana de Uma, Aruna, aparece como representante de otro tipo de mujer india, la ‘socialite’, aquélla que llega a imponer su personalidad a través del manejo sutil de los hilos sociales. Concluyamos que, si las experiencias de Virmati son tristemente típicas, existe igualmente, y con connotaciones positivas, el sendero de lo atípico y lo reivindicativo.

IV

Difficult Daughters no es una narrativa de tercera persona sin más. Si las vivencias de Virmati se narran principalmente en tercera persona (con algún recurso al modo epistolario), tienen como cuadro la narración, en primera persona, de una búsqueda: la tentativa, de parte de la hija de Virmati, Ida, de reconstituir la historia de su madre. Ida, mujer educada, divorciada y sin hijos, parece llevar una vida más libre que la de su madre en los aspectos exteriores; no obstante, interiormente padece algunas de las mismas ansias que ella, aunque de un modo menos acentuado: ‘No matter how I might rationalize otherwise, I feel my existence as a single woman reverberate desolately’ (3) (‘No importa de qué otro modo debería racionalizarlo, sentía que mi existencia como mujer no casada retumbaba de manera desoladora’ – 14). Dentro de las páginas del libro, es verdad que Ida, la narradora a través de quien habla Manju, ha conseguido más que su madre (y muchísimo más que su abuela): y eso por el simple hecho, creador, de haber ‘escrito’ su historia familiar. Para citar otra vez a Dora Sales (esta vez de un estudio redactado en lengua inglesa): ‘In Difficult Daughters we do not listen to Virmati’s voice. She could not speak out, being certainly situated at the juncture of two oppressions: colonialism and patriarchy. What we have is her daughter’s reconstruction and representation’ (‘En Difficult Daughters, no es la voz de Virmati que escuchamos. Ella no podía hablar abiertamente, al encontrarse seguramente en el cruce de dos opresiones: el colonialismo y el patriarcado. Lo que sí tenemos es la reconstrucción y la representación que hace su hija’)9. Se nota, así, un salto cualitativo entre las vivencias de la madre (narrada) y la hija (narradora). Y al mismo tiempo, como muy oportunamente nos recuerda otra crítica de Manju, Gur Pyari Jandial, no se debe caer en la tentación de desvalorizar la lucha de Virmati por el hecho de haber fallado, ya que lo fundamental era el intento: ‘What is necessary is to break the patriarchal mould, and for Virmati to have tried to do that in the forties was a great achievement’ (‘Lo necesario es romper con el molde patriarcal, y el que Virmati lo haya intentado en los años cuarenta era ya un gran logro’)10.

Algo, sí, ha logrado la mujer india en medio siglo de Independencia; y sin embargo, para que haya una verdadera independencia femenina, siempre queda mucho por hacer. El proceso de autonomización sigue siendo una lucha inacabada, y es de esa óptica que, en su segunda novela, A Married Woman, que aparecerá cinco años más tarde, Manju Kapur, esta vez desde una perspectiva nítidamente contemporánea, volverá a narrar la problemática de la mujer, con un enfoque que, así como en Difficult Daughters, resulta ser simultáneamente indio y universal. Y esto, también, es un ‘gran logro’.

 

BIBLIOGRAFIA BREVE DE MANJU KAPUR

A. Obras de la autora

Kapur, Manju. Difficult Daughters [1998]. Londres: Faber and Faber, 1999. Versión de lengua castellana: Manju Kapur. Hijas dificiles. Traducida (con glosario y nota de la traductora) por Dora Sales Salvador. Madrid: Espasa, 2003.

Kapur, Manju. A Married Woman. Londres: Faber and Faber, 2003.

B. Textos críticos

Jandial, Gur Pyari. ‘Evolving a Feminist Tradition: The Novels of Shashi Deshpande and Manju Kapur’. En Atlantic Literary Review [Delhi], 4.3, 2003. (en proceso de edición)

Sales Salvador, Dora. ‘The Memory of Desire in Manju Kapur’s Difficult Daughters: In Past and Future Tense. En Constanza del Río y Luis M. García Mainar (eds.), Memory, Imagination and Desire. Heidelberg: Universitätsverlag C.Winter. (en proceso de edición)


1 En este trabajo, citaremos, a la vez, la edición de lengua inglesa: Manju Kapur, Difficult Daughters [1998], Londres: Faber and Faber, 1999, y la versión de lengua castellana: Manju
Kapur, Hijas dificiles, traducida (con glosario y nota de la traductora) por Dora Sales Salvador, Madrid: Espasa, 2003.
2  Manju Kapur, A Married Woman, Londres: Faber and Faber, 2003.
3  Dora Sales Salvador, ‘Nota de la traductora’, en Manju Kapur, Hijas dificiles, trad. Dora Sales Salvador, Madrid: Espasa, 2003, 356.
4 Véase la narrativa de peregrinaciones paquistaníes que aparece en el libro de Naipaul de 1998, Beyond Belief.
5 El tema de la mujer que se marcha al extranjero para seguir estudiando será retomado en ‘A Married Woman’.
6  La opción política reaparecerá, otra vez en un ambiente de reuniones y discursos, en ‘A Married Woman’, donde se fusionará, aunque por poco tiempo y de una forma nada socialmente ortodoxa, con esa otra opción que se llama ‘being in love’. En efecto, en la segunda novela de Manju se trata, entre otros temas, de una historia de amor entre mujeres, con los ‘sucesos de Ayodhya’ (enfrentamientos entre hindúes y musulmanes) como telón de fondo.
7 Así, ambas en cierto modo prefiguran la impresionante Pipee Trivedi, militante social y amiga (y amante) de la protagonista de la novela siguiente.
8 Dora Sales Salvador, op. cit., 358
9 Dora Sales Salvador, ‘The  Memory  of  Desire  in  Manju  Kapur’s  Difficult  Daughters: In  Past  and  Future  Tense’, en Constanza del Río y Luis M. García Mainar (eds.), Memory, Imagination and Desire, Heidelberg:  Universitätsverlag C.Winter (en proceso de edición).
10 Gur Pyari Jandial, ‘Evolving a Feminist Tradition: The Novels of Shashi Deshpande and Manju Kapur’ (texto que espera su publicación próxima en Atlantic Literary Review [Delhi], 4.3)