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Third (Portishead)

Third (Portishead) 

Esteja alerta para a regra dos três. O que você dá, retornará para você. Esta lição, você tem que aprender. Você só ganha o que você merece.

Así, en portugués, comienza el tercer disco de Portishead: la regla del tres, para la Wicca, lo que uno da vuelve tres veces. Wicca era el título del tema que abre, que ahora se llama Silencio. Once años de silencio desde el último disco corresponden a las once canciones. Tres discos corresponden a las tres devoluciones.
Tres fueron los nombres del trip hop de Bristol, en la primera mitad de los noventa: Massive Attack, Portishead, Tricky. Tres que se diluyeron en el tiempo, por muchas razones, tres que quieren volver este año. Portishead fue el primero en poner un disco sobre la mesa: Third, el tercero de estudio, ya lo había dicho. Tres son los componentes de Portishead: un hombre que mueve discos sobre bandejas, una cantante de conflictos, un guitarrista de jazz. Tres registros presenta este disco.
Dummy, el álbum que comienza la historia de Portishead, era música del bonaerense Lalo Schiffrin y otros del estilo, articulada por la guitarra de Adrian Utley y mezclada por los dedos de Geoff Barrow, con líricas a posteriori creadas y cantadas por Beth Gibbons. Para Portishead, el segundo disco, Barrow y Utley decidieron crear y ejecutar y grabar los samples, en vez de saquear otros discos. La estructura, sin embargo, no escapaba a lo ortodoxo del género, mientras que el ambiente opresivo y la gran intuición melódica de Gibbons eran el oro. En Third, Barrow eligió patear otra vez el tablero. Nada es completamente ortodoxo ya en este disco.
Dije que tres registros presenta el disco: uno, la herencia de Portishead, el estilo inconfundible, presente en el tono más que en la repetición ciega. Dos, una carga de denso ruido industrial, expuesto paradigmáticamente en el primer corte, Machine Gun. Tres, un inesperado lado acústico y despojado. Deep Water:

Voy a la deriva en hondas aguas
sola conmigo misma, nuevamente dudando,
trato de no dar batalla esta vez,
porque voy a pasar por esta tormenta,
tengo que recordar
no ofrecer pelea,
incluso si
no me parece bien,
de alguna forma darme vuelta
las hondas aguas no me van a dar miedo esta noche.

Así, sobre una mandolina, la voz quebrada, un coro a lo barbershop. Quien haya escuchado Out of Season, el disco solista de Beth Gibbons, sabe de esta vena intimista, si es que este adjetivo puede hacer diferencias en un estilo de cantar que siempre está tan cerca.Dije que tres registros presenta el disco: es notorio que hay tres aspectos, tan diferentes, en las tres personas de Portishead, y el tiempo los está acercando sin pérdida, sin confusión. En el principio, un Barrow apenas salido de la adolescencia no entendía ni de qué hablaban las letras de Gibbons, una mujer que ya casi tenía treinta. Componía su base instrumental, la enviaba a la vocalista, volvía el tema hecho. Hoy treinta y seis y cuarenta y tres no son números tan diferentes. Hoy parecen hablar de lo mismo, hoy lo instrumental se parece a lo vocal, la música parece aproximarse a la letra. Hay momentos de verdadera comunión; en otros (Hunter), parecen perseguirse entre sí sin encontrarse. A veces la atmósfera recargada de fragor pierde la frágil voz de Gibbons; a veces la voz encuentra su lugar en el entramado (Machine Gun, We Carry On). La tristeza, leit motiv de los discos anteriores, ha sido desplazada del centro. Este corrimiento no hace el disco más accesible, ni menos visceral, sino más bien lo opuesto. Hay una busca constante, que no pacta, que deja una sensación muy intranquila, difícil de definir.
Hace falta escuchar al menos tres veces Third para entrar. Escucharlo desde que comienza hasta que termina, en ese orden que es implacable, donde cada canción ahonda el agobio, y el disco no es el mismo al principio que al final. Ellos ya no son los mismos: once años han pasado, y a diferencia de otros músicos que persisten en una sospechosa fidelidad (apática, deliberada o inevitable), en ellos una cierta madurez ha calado. No es una madurez completa, no es un disco perfecto, pero es un disco grande, más grande que los anteriores, menos acabado en su concepto, con menos certezas, pero indudablemente más personal, más honesto, más interesante.