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“Muertos de Amor” (Jorge Lanata)

Lanata, notorio periodista, dijo que noveló este libro de no ficción porque escribir como periodista le era difícil. El tema es una guerrilla de un puñado de personas, que se internó en las selvas salteñas para fracturar el yugo de los ingenios, por encargo del mismo Che Guevara.imageAlgunos de estos hombres, ciegos por la disciplina revolucionaria, terminan por fusilar a dos de sus propios compañeros, debilitados por el esfuerzo. Este es el nudo del libro: según informa el epílogo, la compañía nunca entra en combate, pero tienen dos bajas; el resto de sus miembros terminan dispersos, luego de torturas o entrevistas de radio. El punto de partida de Lanata fue una entrevista de Héctor Jouvé, uno de los revolucionarios, de Agosto de 2004, y un mea culpa de Oscar del Barco. La novela está narrada en retazos de varias voces (“coral”, dice la contratapa), al estilo literario impuesto por el siglo XX: el de “Los Detectives Salvajes”, digamos; estos retazos incluyen extensas copias del discurso original de Jouvé, de una entrevista a Ciro Bustos, fuentes que conozco, y seguramente de otras que no, como el diario de guerra de Hermes Peña.
El protagonista es Jorge Ricardo Masetti, que luego de que los guerrilleros son cercados y algunos muertos por los gendarmes, logra escaparse, debilitado por el hambre, y desaparece, “disuelto en la selva, en la lluvia, en el tiempo”, como escribe Rodolfo Walsh. Aquí la primera falacia del libro: hubo un enfrentamiento, no buscado, en el que murieron hombres, contra lo que dije que reporta el epílogo. Luego está la idea insidiosa de presentar todo el proceso como una locura improvisada por hombres inexpertos que jugaban a ser guerrilleros, sin plan, sin condiciones. Los fusilados son los que flaquean, y son borrados de todas las crónicas para evitar cuestionamientos; se muestra el foquismo como derrota esencial de los intentos revolucionarios de un Che megalómano. En el libro las fuentes no son citadas; las referencias contextuales, borroneadas. La idea misma de Lanata de presentar un libro hecho de citas como relato de ficción, de evitar ponerse como periodista (posición en la que necesitaría otra estructura crítica), también es significativa. El resultado es demoledor para los que vivieron esa época, y complaciente con el sector que la critica.
El título del libro juega con un verso de un poema de Alberto Szpunberg dedicado al grupo, con la idea de que sólo por amor (a las masas, a la revolución en este caso) la razón se ciega, y también con el primer nomme de guerre de Masetti, Jorge Amor: son los muertos de Jorge Masetti.
Tal vez el destino de Masetti, romántico y negligente como quiere mostrarlo Lanata, esté mejor retratado por un más creíble Rodolfo Walsh:

El destiempo, la deshora presidieron el destino turbulento de Masetti. Cuando viene a vestir el uniforme de guerrillero, el país es otro, los argumentos más obvios para una acción revolucionaria se han esfumado. Cuando todo está perdido, cuando el furor de la selva ha aniquilado prácticamente a su grupo, Masetti llena su mochila y se interna en la espesura, monte arriba. No vuelve, todo el mundo sabe que no puede volver.