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El Blog de Seikilos

A veces asombra saber cómo internet se ha metido en “el medio del camino de nuestra vida”. Un díafui al cine y vi “Caché”y conocí así a Haneke. Otro día,Verónica escribió sobre una película del mismo director. Ese día me enteré que Haneke había filmado también “El Castillo” de Kafka: tuve que bajarlo de internet, tuve que verlo, tuve queescribir mis impresiones. EntoncesGustavo Nielsen, que pasó del blog de Verónica al mío y encontró la reseña, me pidió copia, y me encontré con él, y me pasó otra de Haneke (que voy a ver en cuanto junte dos horas consecutivas en mi vorágine), y me regaló un libro de él, y yo lo leí. Nielsen, arquitecto y escritor cuyos libros merecieron el saludo de grandes como Fogwill o Alicia Steimberg, me regaló “Marvin”, un libro de cuentos.imageYo, que soy nadie al lado de esos grandes, quisiera hablar un poco de los cuentos, como buen lector que soy.
Al finalizar el libro noté que, si bien cada historia es distinta a las demás, todas tienen un algo en común: la irrupción de lo extraño, de lo perturbador, en una escena por demás pacífica o cotidiana. No al estilo de Carver, que revela la miseria del comportamiento humano al ver con lupa un episodio cualquiera, no. Quiero algún ejemplo: en el cuento que le da título al libro, un mago itinera escuelas rurales para mostrar un único truco; en una de ellas mete a una niña con problemas de aprendizaje en una caja. Con espejos hace parecer que le separa la cabeza y se la vuelve a poner en su lugar; luego la niña supera sus problemas e intelectualmente llega más lejos que los otros. “Tutucas” es la historia de un chico que visita el zoológico y se enfrenta, con inocencia, al horror de la muerte. “Cinta de Moebius”, probablemente el más logrado del conjunto, entrelaza mágicamente dos momentos en el tiempo, dos culturas, dos escrituras, dos trozos de un barco encallado, dos hombres en una playa y dos amantes en una cama. “Debajo de la almohada”, el más intenso y perturbador, implanta la duda primero en un personaje, lector de un crimen, y luego en el propio lector del libro. En “A Wilmo lo dejó la mujer” asistimos a un punto de inflexión de un hombre y de una mujer que, cada uno por su lado, lo han perdido todo; el horror subyace en el contexto: en lo que pasó antes y después de lo contado, en lo que sucede detrás de la historia principal. “Las primeras cincuenta mascotas de la tierra”, con su título tremebundo, es quizás el que tiene la clave fantástica más explícita del libro, con trasfondo de duelos bucólicos, en el sentido más argentino del adjetivo.
El estilo tranquilo de Nielsen subraya lo no dicho, o lo dicho a medias; el ambiente que elige para cada historia es intencionadamente despojado: una playa solitaria, la soledad de una ruta de ésas que abundan en nuestro país, el campo, un geriátrico, la intimidad de la relación entre dos personas.