
True Love Waits, de Christopher O'Riley
(publicado el 25 de
Agosto de 2003)
Cien veces hemos visto a la Filarmónica de Londres tocar temas
de los Beatles, o las obras de Queen adaptadas a orquesta
sinfónica. Cien veces hemos visto fracasar estos intentos, cien
veces hemos oído con esa mezcla de incredulidad y
resignación la reducción sistemática de un
género que depende de la inasible genialidad interpretativa de
sus individuos a la mera exposición académica de sus
melodías por replicados violines y atildados directores. Hay,
sin embargo, excepciones: las transcripciones de Pink Floyd por Jaz Coleman, un
ecléctico genial, son un buen ejemplo de que lo mejor que puede
hacerse en esos casos es olvidar lo literal y crear "inspirado en".
La estadística experiencia (que otros llaman "prejuicio"), sin
embargo, me hacía pensar que este nuevo CD de temas de Radiohead
adaptados al piano solista no iba a ser una de estas excepciones. Pero
había otro factor en juego: siempre me han atraído las
armonías inusuales del grupo británico, y las aún
más inusuales medidas rítmicas que usan, y juego
frecuentemente con el piano a tocar algunas de sus canciones por el
solo goce
de escucharlas en su estado puro. Al ver la selección de temas
de O'Riley, me dí cuenta en seguida que lo que él buscaba
era esto también, no hacer un CD de música de ascensor
con los hits del grupo del momento. No me equivoqué. Christopher O'Riley es un
pianista clásico, quien incidentalmente ha tocado música
latinoamericana con el pianista argentino Pablo Ziegler; admite que
fuera de la música clásica lo único que escucha es
Radiohead. "Es una obsesión", según sus palabras, lo que
lo ha llevado a comprar cuanto registro pirata de la banda se le haya
cruzado por los ojos, a bajar por internet temas raros, a tocar temas
del grupo en su programa de radio, donde lo único que se escucha
son músicos clásicos tocando música
clásica. La gente lo llamaba para preguntarle qué tema de
Debussy era el que había ejecutado, cuando se trataba de
"Subterranean Homesick Alien", o "Knives Out".
En principio uno se inclina a pensar que lo que define a Radiohead es la íntima y
unánime voz de Yorke, aderezada con la desprolija
actuación del resto de la banda. Las mismas canciones ejecutadas
sin voz y ordenadas según los precisos parámetros de un
músico clásico le quitarían el alma y la
razón de ser, las despojarían de todo valor, siguiendo
este razonamiento. Sin embargo, True
Love Waits es esto, y es Radiohead a la vez. Algunos conjuran que
este misterio prueba que la música de Radiohead ya cruzó
la barrera de la música popular para convertirse en
música culta (el mismo O'Riley esboza la teoría de que
Radiohead escucha música clásica moderna, y que cita a
Shostakovich en sus obras), otros prefieren adjudicar el éxito
al genio interpretativo del pianista. Mi convicción no excluye
ninguna de estas dos explicaciones; agregaría que este registro
pone en evidencia ciertos aspectos de Radiohead que quedaron relegados
a la sombra mediática de su carismático líder, a
la clasificación arbitraria y consiguiente
homogeneización imaginaria de la música alternativa de
los noventa, y a la atolondrada interpretación de unos
instrumentistas mediocres (O'Riley adjetiva piadosamente "no
virtuosos").
Las composiciones que sufren menos la reducción instrumental son
no casualmente las últimas, cronológicamente hablando.
Brillantes son "Everything in its Right Place", "Knives Out" y "Let
Down". La favorita de O'Riley, la que le da título al
álbum, muestra matices interesantes sobre la
interpretación de Yorke en vivo. En suma, no hay canciones de
más, aunque sí de menos: Paranoid Android, ya versionada
por el pianista de jazz Brad Mehldau, falta en esta exquisita
selección, y uno anhela algunos temas más de la etapa
más reciente, de la que sólo eligió un tema de
cada uno de los últimos tres discos, sin contar el nuevo "Hail
to the Thief". En Internet pueden conseguirse otros temas (como el raro
Polyethylene,
Part 2),
y reveladoras entrevistas al pianista.
Para redondear: decididamente recomiendo este disco, para escuchar y
también para
replantear otra vez las fronteras entre clásico y popular,
clásico y moderno, educación académica y
folklore de masas.
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