Del fracaso comercial de Mozilla

(publicado el 11 de Julio de 2003)

Leo hoy en el Guardian una nota que pondera la historia de Netscape/Mozilla a la luz (o a la sombra) de la eterna competencia con el Internet Explorer, nota que provocó una acalorada discusión en MozillaZine. El nudo de la controversia es que el periodista del diario británico aduce que la falla principal en la historia del browser que estoy usando para escribir estas líneas es su ambición de ser multiplataforma. En textuales palabras del artículo, semejante ambición es elogiable, pero Netscape "malgastó su presupuesto de desarrollo en una pequeña minoría del mercado", dándole poca importancia a su parte mayoritaria, esto es, Windows. Sugiere que una mejor solución hubiera sido dedicarse únicamente al sistema operativo de Microsoft bajo la forma de un ActiveX. Los acólitos de Mozilla que escriben comentarios en MozillaZine naturalmente se sienten ofendidos por estas palabras: se trata de personas que son contrarios a Microsoft por naturaleza, y la sola idea de que Mozilla debió haber sido únicamente un componente enchufable de Windows les produce náuseas. Voy a presentar brevemente las dos partes de esta contienda antes de formular las preguntas del caso.
Por un lado existe Mozilla, un desarrollo a código abierto nutrido por dos fuentes: Netscape, un browser multiplataforma que cayó en desgracia por diversos motivos (la agresiva táctica de mercado de Microsoft, las pocas innovaciones, los malos programadores) que antes de resignarse a morir legó su nombre, su código fuente inmantenible y algunos ingenieros pagos a la comunidad open source. Esta comunidad es la otra fuente donde abreva Mozilla, una comunidad que rechazó prácticamente todo lo importante: el nombre comercial y el código fuente "generosamente donado" para empezar de cero, una decisión arriesgada que les quitó prácticamente cinco años en este voluble mercado antes de volver a ofrecer algunas de las prestaciones del Netscape original. Además de los desarrolladores aportados por Netscape/America On-Line/Time/Warner, existía esa red de programadores externos voluntarios, como un enjambre de abejas donde los individuos siempre cambian pero el enjambre permanece constante. Esa red de programadores venía notoriamente desde el fenómeno Linux, y creían en la libertad pregonada por Richard Stallman. Todos estaban atentos a qué iba a suceder con Mozilla, el primer desarrollo a código abierto de proporciones considerables, que tenía un pie sobre una de las compañías que mejor representaba el capitalismo informático, y otro pie sobre casi el comunismo más pragmático que nos ha tocado vivir, pese a las protestas que esta palabra provoca en el creador de GNU. El resultado, luego de muchos años, fue un browser estable y lleno de virtudes, cuyo desarrollo estuvo sorpresivamente exento de presiones por parte de AOL, pero también de incentivos: AOL no se resignó a abandonar el seguro barco del Internet Explorer, y la mayor compañía de Internet del mundo despreció a su propio hijo sistemáticamente para favorecer al del enemigo, aquel por el cual se dio el juicio más importante de la historia de la computación, el que vergonzosamente fue ganado por lobby en el gobierno de Bush. Pero volviendo a la comunidad, ésta simpatizaba con Netscape por varias razones: sus antecedentes en Unix, la idea de multiplataforma (presente en todo desarrollo open source que se precie), la internet como medio y objetivo a la vez, la lucha mediática y filosófica contra Microsoft, el desarrollo de un sistema enorme como nuevo desafío. Linux necesitaba un browser, y ese browser no podía ser otro que Mozilla. La guerra de los browsers en Windows para esta comunidad pasó a segundo plano, y como siempre sucede en la comunidad, el objetivo de Mozilla no era comercial, sino el de "hacer el mejor browser posible, no importa si sale de acá a diez años". Windows no tenía en absoluto prioridad, me atrevería a decir que ni siquiera Linux la tenía.
El otro jugador es el usuario final. Existe en Windows un navegador mayoritario (Internet Explorer) que en el momento de desarrollo de Mozilla era la única opción viable para doña Rosa, como diría Neustadt. Como bien apunta el Guardian, la franja prominente de usuarios pertenece justamente a este sistema operativo, por lo cual se deduce que si se quiere hacer el mejor browser, ese browser tiene que vencer y reemplazar al que usa la mayor parte del mundo (por la insidiosa conclusión que si es usado por todos debe ser bueno). Si este objetivo no se cumple, entonces el desarrollo es un fracaso. El periodista no falla en darse cuenta que hoy Mozilla es mejor que Internet Explorer, que Mozilla Mail es mejor que Outlook. Pero estos dos programas de Microsoft no fueron reemplazados en una parte signficativa del mercado; esta aparente contradicción fuerza a The Guardian a explicar el por qué de este fracaso, y se atreve a formular un caso de uso que hubiera beneficiado a Mozilla sensiblemente (el del ActiveX y el desarrollo exclusivo para Windows). Estos argumentos reducen un problema complejo a la simple falta de visión comercial por parte de la difusa comunidad open source o por parte de AOL; parecen ignorar la fuente principal de desarrolladores de Mozilla y enfocarse únicamente en el resultado presente, y en concreto, en el resultado comercial de un desarrollo sin ambiciones de mercado. También parece preterir las ilimitadas posibilidades que da incluir por defecto e incrustación en el sistema operativo más popular cualquier producto que se quiera publicitar. El periodista quiere olvidar que este hecho fue el impulsor del juicio antimonopolio que ganó Microsoft, y que hace que cualquier estrategia de mercado palidezca en resultados finales. Por otro lado, la idea de desarrollar un browser exclusivamente en Windows existe: Opera también supera al Internet Explorer en prestaciones y usabilidad, está orientado exclusivamente al sistema operativo de las ventanitas, está impulsado por una empresa comercial, tiene una versión gratis, y sin embargo no tiene mayor porción de mercado que Mozilla. ¿No hubiera sido mucho más razonable indagar el por qué no ya del fracaso comercial de un programa no comercial, sino de la poca permeabilidad de la gente ante un browser que es con creces mejor (y, más importante, más seguro) que Internet Explorer? ¿No hubiera sido más importante para un diario de la salida y ambición política del Guardian apuntar a las prácticas monopólicas del gigante de Redmond como el obstáculo entre el usuario final y el programa óptimo? ¿Abrir ojos acerca de las implicaciones de un desarrollo a código abierto? La descripción histórica de los fenómenos detrás de los hechos presentes arroja probablemente conclusiones más válidas al lector que el examen superficial de una aparente contradicción.


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