(publicado el 1 de
Septiembre de 2003)
Se ha comparado Internet incontables veces con la Biblioteca de Babel
de Borges (la mención más famosa, creo, es la de Ignacio
Ramonet, que provocó un
excelente texto de Christopher Rollason): la idea de un
océano de datos donde la información es difícil de
pescar, y una vez pescada, de comprobar su valor de verdad. Hubo un
tiempo en que Yahoo y Altavista se disputaban el dudoso
honor de ser los que proveyeran el índice a esa marisma;
Altavista procuraba un motor de búsqueda bastante eficiente,
mientras que Yahoo acometía vanamente la ciclópea (y
acaso imposible) tarea de ordenar en categorías los
heterogéneos sitios. ¿Cuántas categorías
puede haber?, pensaba uno, y recordaba las clasificaciones arbitrarias
de Borges o Greenaway; recordaba ese cuento, "El Congreso", donde se
pretendía tener un libro representativo de cada uno de los
aspectos de la humanidad, o ese otro mítico orden chino para los
animales, citado infinitas veces:
a) pertenecientes al Emperador
b) embalsamados
c) amaestrados
d) lechones
e) sirenas
f) fabulosos
g) perros sueltos
h) incluidos en esta clasificación
i) que se agitan como locos
j) innumerables
k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello
l) etcétera
m) que acaban de romper el jarrón
n) que de lejos parecen moscas
Naturalmente el propósito de Yahoo fracasó (o fue
heredado y continuado irracionalmente por la gente de DMoz) y el insoslayable Altavista fue
reemplazado gradualmente por Google,
que traía bajo el brazo un nuevo algoritmo que hacía que
los resultados de las búsquedas se parecieran sorprendentemente
a lo que nosotros esperábamos. Google ostentaba un botón
etiquetado "I'm feeling lucky" ("voy a tener suerte", en la
versión vernácula) que sugería que la mayor parte
de las veces el primer sitio propuesto por el motor resultaría
el indicado. Pronto este innegable éxito borró a
Altavista y a Yahoo, y de ahí en más todo fue Google.
Fuera de la felicidad de contar con una mejor herramienta de
búsqueda, no tardamos en darnos cuenta de que lo que antes era
franca competencia entre dos colosos, hoy es un monopolio, que cuenta
con un nuevo juego de reglas.
La moral vista desde Google
Una de estas nuevas reglas es la selectividad: Google no lista
cualquier contenido de la red, sólo aquellos que ellos
consideran válido. La romántica idea de que internet es
libre para todos se angosta viendo que la guía donde uno busca
la información ejerce una selección previa. Es de dominio
público que Blockbuster
decide que si una cinta de video no es para toda la familia, no
será distribuida por su cadena. Pero al ser Blockbuster el
más grande distribuidor de cintas de video de Estados Unidos,
esta desaprobación importa la pérdida de millones en
ventas para los que caen debajo de su pulgar, por lo que esto deriva en
la decisión de los productores de películas de cuidarse
de estar siempre dentro de los parámetros "familiares" decididos
por Blockbuster, y se genera una suerte de autocensura. Wal-Mart,
MTV,
los
periódicos y otras grandes cadenas deciden los destinos de
otros tantos géneros. Similarmente, cuando se trata de encontrar
contenido en Internet, uno no tipea un URL en la barra de
dirección, sino que inevitablemente termina buscando en Google.
Para ciertos gobiernos, sin embargo, no es conveniente que uno acceda a
toda la información
disponible. Así, el gobierno de China prohíbe
(a través de Google) que sus ciudadanos obtengan datos
indeseables. Para fines políticos, si se tiene suficiente poder,
es más sencillo poner filtros si hay una puerta de salida que si
hay varias. Pero esta censura no se limita a la (dudosa) moralidad de
cada uno de los gobiernos regionales, sino que el mismo Google la
ejerce con sus propias convicciones. Así, en Alemania y Francia
las páginas neonazis o racistas fueron
excluidas, y globalmente la pornografía pasó a ser
"políticamente incorrecta" en los resultados (en la
práctica no es tan sencillo, pero eso es harina de otro costal).
Claramente hoy se está en Google o no se está en
Internet, por lo que se debe coincidir forzosamente con el punto de
vista de este motor acerca de qué es ético y qué
no. Así, la famosa
controversia de Xenu.net,
quienes tienen una página contra una de las incontables sectas
religiosas de Estados Unidos, la así llamada Cientología.
Google decidió no listar las diversas protestas contra el
"lavado de cerebros" de esta religión, alegando una
aparentemente falsa infracción de copyright. Cuando la gente de
Google fue apretada admitieron el paso de algunas de estas
páginas, pero les negaron la publicidad a través del
programa de avisos del motor, llamado "Ad-Words", aduciendo que
desaprobaban los sitios que abogan en contra de individuos, grupos u
organizaciones. Inútil advertir que la línea que separa
la simple crítica de esa idea que propone Google es
finísima. Así, un grupo de modernos censores decide
qué es éticamente correcto y qué es impugnable en
Internet. Nadie me prohíbe publicar este artículo, pero
alguien decidirá si la gente podrá encontrarlo alguna vez
en esta Biblioteca de Babel.
¿En qué puesto estoy hoy?
La segunda regla implica la vida o muerte de algunos emprendimientos.
Si bien hoy es muy difícil ser censurado por Google, es en
cambio desalentadoramente sencillo que nuestro querido sitio se
encuentre (o nadie lo encuentre, que es lo mismo) en la décima
página de una búsqueda Google por ciertas palabras-clave
que coinciden con nuestro contenido. Es claro que nadie en su sano
juicio revuelve páginas y páginas de resultados;
así, buscando por "Tienda Vudu" este sitio de noticias se
muestra orgullosamente primero, pero buscando más naturalmente
"noticias open source linux", podemos pasar incontables páginas
sin que aparezca. Los webmasters matan por lograr un mejor lugar en la
lista de resultados; el aparentemente democrático mecanismo de
ubicación lleva a muchos a replantear el diseño (y a
veces hasta los contenidos) de sus páginas. Leyendo con
atención el paper
original donde Sergey Brin y
Lawrence Page presentan a Google en la Universidad de Stanford,
podemos visualizar la fórmula que es la obsesión que
desvela a algunos miles de diseñadores:
PR(A) = (1-d) + d (PR(T1)/C(T1) + ... +
PR(Tn)/C(Tn))
Tecnicismos afuera, esta fórmula bautizada "PageRank" implica
que cuanta más gente tenga enlaces a mi sitio y menos gente yo
enlace desde mi sitio, mi lugar en la lista de Google será
más beneficioso. Cuando uno piensa en la expresión "world
wide web", uno se imagina que una red hecha de nodos que apuntan hacia
muchos otros nodos, y que es apuntado a su vez por otros tantos. Esta
imagen está basada en la revolucionaria idea del hipertexto, que
dice que si al leer la historia de la literatura en idioma
alemán me topo con Franz Kafka,
habrá seguramente un enlace al alcance de un simple clic de
mouse que me permitirá saltar a la vida y obra del escritor
checo. Sin embargo, la nueva filosofía que propone Google es
que, a menor cantidad de enlaces hacia el exterior tenga, mejor
posicionamiento tendré, porque perderé menos puntaje en
esa especie de drenaje de energía vital que es el PageRank. Sin
embargo, he de conseguir que alguien me enlace a mí, porque debo
obtener la mayor cantidad de "votos" posible, especialmente de aquellos
sitios que tengan un alto puntaje a su vez. Incluso corre el rumor de
que una página que no es enlazada por al menos un site, no tiene
entrada en Google. ¿Cuál es el modelo ideal de un sitio
que reciba la bendición del famoso "I'm feeling lucky"?
Naturalmente, un sitio comercial como la página de web de la
tarjeta Visa, que muchos enlazan pero que no enlaza a nadie más:
la razón de ser de ese tipo de páginas es promocionar un
producto, no el permitir al navegante enriquecerse con otras
experiencias similares alternativas. Nadie esperaría que Visa
enlace a MasterCard. ¿Cuál es el modelo menos ideal para
Google? Un sitio que no es muy conocido, pero que sirve como un buen
repositorio de recursos para acceder a otros sitios de Internet. Por
ejemplo, tengo en mi
página una sección dedicada a sitios que proporcionan
información sobre algunos lenguajes europeos. El PageRank se
escapa por todos esos muchos links como si de un balde lleno de
agujeros se tratara. Ahora, de más está decir que lo que
es bueno para Google es el reverso de lo que es bueno para la internet
como un ente orgánico de expresión colectiva, o lo que es
bueno para un navegante asiduo como vos, o como yo.
Actualización: hay bastante más tela que cortar acerca
de Google, como he descubierto en su debido tiempo. En mi weblog escribí
un poco más sobre este tema.
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