Un viaje a Mendoza y San Luis, Argentina


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Sierra de las Quijadas Este fue un viaje que no planeamos en absoluto. No sabíamos dónde podíamos ir, sólo sabíamos que queríamos empezar en San Luis, un lugar donde ya habíamos estado antes. Nos sentamos en el auto, y manejamos los 800 kilómetros hasta San Luis, la capital de la provincia con el mismo nombre. Estuvimos ahí cuando éramos adolescentes, prácticamente mochileros haciendo dedo. Conocíamos algunos lugares, y queríamos volver a otros que teníamos como "materias pendientes". La primera era un lugar llamado "Sierra de las Quijadas", un paisaje increíble de piedras erosionadas por el agua, el agua de un océano desaparecido hace mucho tiempo atrás. Sierra de las QuijadasEl lugar es también un buen punto de partida para buscar trazas de dinosaurios, puestas en evidencia después de los cambios geológicos. No se puede llegar a Sierra de las Quijadas si no es con un auto; allí nos esperaba un guía que nos llevó al corazón mismo del lugar y nos explicó un montón de cosas. Era un hombre joven y apasionado; después descubrimos que él mismo se había buscado esto: no trabajaba ni para el gobierno ni para ninguna agencia turística. La GargantaNos dijo que era uno de una camada muy particular de egresados de la carrera de turismo, y que el resto estaba disperso en distintas partes de San Luis, haciendo el mismo trabajo. Consiguió geólogos, historiadores, expertos en dinosarios y paleontólogos, todo fue construido con sus propias manos, porque el gobierno no creía en Sierra de las Quijadas. Ahora que el lugar funciona de maravillas, el gobierno quiere sacárselo, con argucias legales y cosas así. El resiste, estoicamente. Encontramos la misma situación en otras partes de San Luis: todos esos jóvenes están haciendo un trabajo invaluable. Por ejemplo, hay un viejo pueblo minero, Carolina. El lugar está abandonado, ahora que ya nadie trabaja en las minas de oro. Cerca de catorce años atrás, cuando fuimos por última vez, no había nada interesante para ver. Ahora hay guías, te llevan al interior de las minas, te explican todo. Es fantástico. Hay una vieja caverna llamada Inti Huasi con pinturas rupestres donde está sucediendo lo mismo. En la ciudad de San Luis, en cambio, no hay nada particularmente atractivo. Queríamos ir a ver en San Juan un lugar famoso llamado Ischigualasto, también conocido como "el Valle de la Luna", pero nos dijeron que no íbamos a encontrar nada demasiado diferente a Sierra de las Quijadas, así que encaramos hacia el Sur, a la provincia de Mendoza.

Aventuras
San Rafael El primer lugar que encontramos fue San Rafael, famoso por sus viñedos. No estábamos demasiado interesados en el vino, pero había algunos lugares interesantes fuera de la ciudad. Encontramos un lugar cómodo con lindas cabañas a la ribera del río Atuel. Había un lago cerca, e hicimos todo tipo de actividades: montamos a caballo por una montaña, hicimos rafting en el río (no demasiado peligroso), remamos con un bote por una laguna hasta un lugar bastante silvestre, caminamos por ahí hasta que encontramos un lago interior que tuvimos que cruzar a nado. También tuvimos que trepar una pared de roca en nuestro camino, una nueva oportunidad de derrotar mi vértigo, hacia arriba de ida, hacia abajo de vuelta. Marina escalandoBien metidos dentro del paisaje, como me gusta decir. Comimos un maravilloso chivito en el lugar donde estábamos parando. Había un dique cerca, y todo era paz y naturaleza. Un lugar, tal vez, para descansar del ruido y la ciudad, durante años. Pero teníamos que continuar. Nos habían dicho que hacia el Sur había un lugar llamado El Sosneado donde se podía encontrar a un hombre que te podía llevar al volcán del mismo nombre, en un viaje hacia la cordillera de los Andes, caminando por tres días. Fuimos hacia allí, pero el hombre no estaba. Había llevado a otra gente a ver los restos del avión uruguayo que cayó en los Andes, el accidente que inspiró la película "¡Viven!". Mucha gente viene aquí para hacer eso. Nos dijeron que volvería en tres días, pero decidimos no esperar. No demasiado lejos estaba Malargüe, también conocida como "La Capital del Deporte Aventura", así que habíamos preguntado si había algo interesante para ver. En San Rafael recibimos un categórico "no". No teníamos posibilidad de volver a algún otro pueblo para dormir, así que manejamos hasta Malargüe en busca de un hotel. Como el sol todavía brillaba, decidimos buscar algo interesante por los alrededores, y pedimos información en la ciudad. Lago LlancaneloNos sugirieron dos lugares: el lago Llancanelo, y la Caverna de las Brujas. Habíamos visto un montón de cuevas en Europa, así que nos inclinamos por el lago. Se suponía que éste era el destino de las aves migratorias que venían del Hemisferio Norte: "está lleno de aves raras", nos habían contado. Manejamos por kilómetros de horrible ripio, y finalmente llegamos a ver el lago. Era enorme, mucho más que lo que la vista podía abarcar. Pero no había pájaros, y nadie para mostrarnos nada, para explicarnos algo de lo que veíamos. Estábamos terriblemente desilusionados, luego del ingrato viaje.

La Caverna de las Brujas
Volvimos al hotel, y fuimos a una agencia de turismo. Un hombre allí nos dijo que había que ir con un guía, no solos. Volvimos al hotel, luego de arreglar con él una visita a la caverna, antes de volver hacia el Norte de la provincia, como para hacer algo y justificar el desvío. Caverna de las BrujasA la mañana siguiente, estábamos a la entrada de la caverna, de cinco kilómetros de largo. Estábamos sorprendidos: no se parecía a nada que habíamos visto en Europa, donde las cavernas están iluminadas por reflectores de diversos colores estratégicamente ubicados, y uno camina por un sendero demarcado de madera. Aquí se entra a la caverna bajo la propia responsabilidad. El primer pasaje era un angosto agujero donde uno tenía que reptar y arrastrarse a través de un túnel para llegar al otro lado. No recomendado para obesos, gente de edad o claustrofóbicos. La mitad de la gente desertó aquí. Incluso un alemán que había venido a Mendoza a escalar montañas no quiso continuar. Luego, descender usando una soga a un lugar oscuro. Me gustaba la idea de conocer el corazón de la caverna como un hombre común, no como un turista. Sin luz, excepto la tenue lámpara del casco. Llegamos a conocer lugares realmente bellos, que no pueden ser capturados con una cámara de fotos.

La Payunia
La Payunia Nos gustó el guía, y le preguntamos si sabía de algún otro lugar en los alrededores. Habló de cierta parte de los Andes donde hay baños termales naturales. También describió un complejo volcánico. Fuimos a los dos lugares. La PayuniaEl parque volcánico es impresionante, nunca ví un lugar así. Cruzamos un río que corría entre paredes de lava. Llegamos a una especie de desierto, pero en vez de arena había grava volcánica. Se podía mirar alrededor y todo era negro. En vez de dunas había pequeños volcanes. La Payunia es uno de los tres lugares con mayor concentración de volcanes en el mundo. Nos sentíamos como en Marte: sin vegetación, excepto un duro pasto amarillo, que hacía un contraste impresionante con la arenea negra. Sin rocas, excepto las grandes bombas de lava, como si fueran lágrimas congeladas de rojo hierro en el suelo. El lugar en sí era totalmente distinto a cualquier otro que yo haya visto antes. La Payunia¡Y pensar que en San Rafael nos habían dicho que no había nada que ver aquí! Incluso más, creo que nadie me mencionó un lugar como éste, y Malargüe es conocido por la caverna, más que por esto. Poca gente va allí, me dijo el guía. Y por supuesto, pensé, ¡si nadie habla sobre esto! Hace un mes atrás (escribo esto a principios del 2003), leí que estaban planeando construir una especie de parque temático sobre volcanes en Malargüe. Tal vez todo se mantenga bueno mientras sea desconocido. Volvimos por un camino distinto que el que nos llevó al lago Llacanelo, pero esta vez nos trepamos a un viejo y enorme volcán para ver el lago desde arriba. Era realmente inconmensurable, aún desde las alturas era difícil abarcarlo con la vista. Los próximos dos días nos internamos en los Andes para encontrar los baños termales.

Los Andes
Los AndesRíos en los AndesEl camino era encantador, lleno de verdes ríos and nevadas montañas. El clima nos acompañaba. En vez de arena, en las orillas del río había ceniza. Llegamos al lugar; los baños eran agujeros cavados en la tierra, en el corazón mismo de la cordillera, rodeados de altas montañas y un gran volcán, que conservaba una tranquila actividad humeando constante humo. Naturalmente quisimos ir a la cima, pero ya era demasiado tarde. Nos conformamos con trepar a otra montaña. El guía decidió quedarse, mientras subíamos corriendo la cuesta, como chicos. Nos quedamos enseguida sin aire, así que nos lo tomamos más tranquilamente. Los ríos alrededor nuestro tomaban diferentes colores: algunos eran azules, verdes, púrpura,  lila, amarillo, incluso blanco como leche. Los distintos minerales le prestan colores al agua. Llegamos a la cima, sin aliento, donde nos esperaba un glaciar. Vimos el nacimiento de un río, el lugar justo donde el hielo se derrite y se vuelve un poderoso torrente de agua. Vimos el sol reflejado en el hielo congelado en burbujas. Vimos las montañas circundantes. Estábamos en un lugar único, y agradecimos nuestra fortuna. Bajar no fue fácil; fue más sencillo subir. Las rocas estaban sueltas, y estuvimos por caer más de una vez. Teníamos que ser muy cuidadosos. Cansado, fui a los baños. Elegí el más caliente: se llamaba "El Pelambre", 45 o 50 grados, y yo estaba como en casa dentro del agua.La cima de la montaña El Pelambre Me quedé por un largo tiempo, sintiendo el agua ir y venir en tibias burbujas. Comimos un delicioso cordero recién carneado, y nos fuimos a dormir. Al día siguiente no pudimos subir a la cima del volcán, porque nos dijeron que iba a tomar dos días, y no todos estaban dispuestos a llevar a cabo una aventura semejante. Volvimos a Malargüe, y despedimos a los buenos amigos que habíamos hecho allí. Próximo destino: la capital de Mendoza.

Vuelta a Mendoza
Rafting RaftingHay un lugar famoso por sus rápidos, para hacer rafting. Naturalmente fuimos primero ahí: Potrerillos. El río Mendoza corre rápido a esa altura, y pronto estábamos remando y peleando contra el agua. Los rápidos era muy divertidos, y también la gente que estaba con nosotros. Muchísimo mejor que la pobre experiencia en el Atuel la semana anterior. Como siempre, había muchos escandinavos pululando para hacer rafting, y cayeron al agua muchas veces. Finalmente fuimos a la ciudad, y Mendoza es amigable y limpia. Nos sentimos casi en casa: probablemente sea el único lugar donde me mudaría, fuera de Buenos Aires, en caso que me viera forzado. La gente es muy amable, y tienen muchos parques y y una actividad nocturna bastante movida. Un parque en MendozaFuimos al parque principal, y los muchos árboles que hay allí absorben todo lo que es sucio y viciado de la ciudad. Fue complicado conseguir un hotel, ya que hay muchísimo turismo desde Chile, ahora que nuestra moneda está devaluada con respecto a la de ellos. Nuestro último viaje fue para acercarnos al Aconcagua, el pico más alto de América. El camino al AconcaguaEl camino es impresionante. Parece que uno está andando entre gigantes. El Aconcagua puede ser visto desde un punto en particular, pero escalarlo puede llevar varios días y una óptima condición física. Muchos intentan. Cerca del monte hay un cementerio donde se entierran a los andinistas que fracasaron fatalmente, por una razón u otra, tratando de llegar a la cima. Cerca del cementerio hay un viejo hotel que también fue enterrado, por un terremoto. Se puede visitar, y con la fascinación que nosotros, las diversas generaciones del siglo veinte, tenemos por las ruinas, es hermoso. Es todo óxido y roca, pero en un tiempo fue un hotel para ricos, muy exclusivo, con baños termales y todo. Dentro se pueden ver las habitaciones, y el sol entra a través de las ventanas construyendo una rara impresión. Es como un hotel fantasma. Se llama "Puente del Inca", pero no sé la razón del nombre. A pocos kilómetros de allí está el límite con Chile. Volvimos a Buenos Aires al día siguiente, llenos de sensaciones y totalmente sastisfechos.Hotel Puente del IncaDentro del hotel








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