La Mariposa que dio un pisotón

T
an diferente es esta nueva historia 
a las otras historias, mi más amada niña, que te vas a maravillar: se trata del Soberano Más Sabio Suleiman-bin-Daoud: Salomón, el hijo de David.

Hay trescientos cincuenta y cinco historias sobre Suleiman-bin-Daoud, pero esta no es ninguna de ellas. No es la historia del Tero que encontró el Agua, ni la de la Abubilla que le hizo sombra a Suleiman-bin-Daoud para protegerlo del calor. No es la historia de la Vereda de Cristal, ni la del Rubí con el Agujero Torcido, ni la de las Barras de Oro de Balkis. Es la historia de la Mariposa que dio un Pisotón.

¡Ahora quiero que me prestes atención nuevamente!

Suleiman-bin-Daoud era sabio. Entendía lo que decían las bestias, lo que decían los pájaros, lo que decían los peces, y lo que decían los insectos. Entendía lo que las piedras decían muy profundo bajo la tierra cuando se inclinaban unas hacia otras gimiendo, y entendía lo que decían los árboles cuando murmuraban a mitad de la mañana. Entendía todo, desde el obispo en su banco hasta la hiedra en su pared, y Balkis, su Reina y Señora, la Hermosísima Reina Balkis, era casi tan sabia como él.

Suleiman-bin-Daoud era fuerte. En el tercer dedo de la mano derecha tenía un anillo. Cuando lo giraba una vez, salían Ifrits y Genios de la tierra para hacer lo que él les pidiera. Cuando lo giraba dos veces, bajaban Hadas del cielo para hacer lo que él les pidiera. Y cuando lo giraba tres veces, el grandioso ángel Azrael de la Espada venía, vestido como un aguatero, y le contaba las noticias de los tres mundos: Arriba, Abajo, y Aquí.

Y aún así Suleiman-bin-Daoud no era arrogante. Rara vez hacía alardes, y cuando lo hacía, se lamentaba por ello. Una vez intentó alimentar a todos los animales del mundo en un día, pero cuando la comida estaba lista, un Animal salió de las profundidades del mar y se la comió toda en tres bocados. Suleiman-bin-Daoud se sorprendió mucho y dijo: "Oh, Animal, ¿de dónde saliste?", y el Animal dijo: "Oh, Rey, ¡que vivas por siempre! Soy el más pequeño de treinta mil hermanos, y nuestro hogar está en el fondo del mar. Escuchamos que ibas a alimentar a todos los animales del mundo, y mis hermanos me enviaron a preguntar cuándo iba a estar lista la cena". Suleiman-bin-Daoud estaba más sorprendido que nunca, y dijo: "Oh, Animal, te comiste toda la comida que había preparado para todos los animales del mundo". Y el Animal dijo: "Oh, Rey, que vivas por siempre, pero, ¿a eso le llamás cena? En el lugar de donde provengo, engullimos el doble de esa cantidad entre comida y comida". Y Suleiman-bin-Daoud cayó de bruces al piso y dijo: "¡Oh, Animal! Hice esa comida para mostrar qué rey grande y rico era, y no porque quería ser amable con los animales. Ahora estoy avergonzado, y me sirve para aprender". Suleiman-bin-Daoud era en verdad un hombre sabio, mi más amada niña. Luego de aquello, nunca olvidó que era una tontería hacer alardes, y ahora es donde viene la parte de la historia que es verdaderamente donde comienza mi historia.


Mariposa
ESTE es el dibujo del Animal que salió del mar y se comió toda la comida que Suleiman-bin-Daoud había preparado para todos los animales, en todo el mundo. Era realmente un animal amable, y su mami lo quería mucho a él y a sus otros veintinueve mil novecientos noventa y nueve hermanos que vivían en el fondo del mar. Ya sabés que él era el más pequeño, y por eso su nombre era Parguito el Chico. Se comió todas esas cajas y paquetes y fardos y todo lo que estaba preparado para los animales, sin siquiera sacar las tapas o desatar las cadenas, y no se lastimó en absoluto. Esos mástiles puntiagudos detrás de las cajas de comida pertenecen a los barcos de Suleiman-bin-Daoud. Estaban muy ocupados trayendo más comida cuando Parguito apareció. No se comió los barcos. Dejaron de descargar los alimentos e inmediatamente navegaron mar adentro hasta que Parguito el Chico terminó de comer. Se puede ver que algunas de las naves ya habían empezado a irse, al lado del hombro de Parguito. No dibujé a Suleiman-bin-Daoud, pero está justo afuera del dibujo, muy asombrado. El bulto que cuelga del mástil de la nave en la esquina es en realidad un paquete de dátiles húmedos para que coman los loros. No sé los nombres de los barcos. Eso es todo lo que hay en el dibujo.

Se casó con muchas esposas. Se casó con novecientos noventa y nueve esposas, además de la Hermosísima Balkis, y vivían todas en un gran palacio de oro en el medio de un encantador jardín con fuentes. En realidad no quería novecientos noventa nueve esposas, pero en esos días todo el mundo se casaba con muchas esposas, y por supuesto el Rey tenía que casarse con muchas más, para demostrar que él era el Rey.

Algunas de las esposas eran amables, pero otras eran sencillamente horrorosas, y las horrorosas se peleaban con las amables y hacían que se volvieran horrorosas también, y entonces todas se peleaban con Suleiman-bin-Daoud, y eso era horroroso para él. Pero Balkis la Hermosísima nunca peleó con Suleiman-bin-Daoud. Lo amaba demasiado. Se sentaba en sus aposentos en el Palacio de Oro, o caminaba en el jardín del Palacio, y sentía pena por él.

Por supuesto que si él hubiera querido, hubiera podido girar el anillo de su dedo y llamar a los Genios y las Ifrits, y ellos hubieran tejido un encantamiento a las novecientos noventa y nueve peleadoras esposas para convertirlas en mulas blancas del desierto, o en galgos o en semillas de granada, pero Suleiman-bin-Daoud pensaba que eso hubiera sido hacer alardes. Entonces, cuando peleaban demasiado, simplemente se iba caminando a alguna parte de los hermosos jardines del Palacio, y deseaba nunca haber nacido.

Un día, cuando habían peleado por tres semanas (las novecientos noventa y nueve esposas juntas), Suleiman-bin-Daoud salió a buscar paz y tranquilidad como siempre, y entre los naranjos se encontró con Balkis la Hermosísima, muy apenada porque Suleiman-bin-Daoud estaba tan preocupado. Y ella le dijo: "Oh, mi Señor, y Luz de mis Ojos, basta con que gires el anillo de tu dedo y le muestres a estas reinas de Egipto y la Mesopotamia y Persia y China que vos sos un Rey grande y terrible". Pero Suleiman-bin-Daoud sacudió su cabeza y dijo: "Oh, mi Señora, y Deleite de mi Vida, acordate de aquel Animal que salió del mar y me avergonzó frente a todos los animales del mundo porque estaba haciendo alardes. Ahora, si hiciera alardes frente a estas Reinas de Persia y Egipto y Abisinia y China, sólo porque me preocupan, podría quedar aún más avergonzado que aquella vez".

Y Balkis la Hermosísima dijo: "Oh, mi Señor, y Tesoro de mi Alma, ¿qué vas a hacer?"

Y Suleiman-bin-Daoud dijo: "Oh, mi Señora, y Alegría de mi Corazón, tengo que seguir tolerando mi destino, en las manos de estas novecientos noventa y nueve Reinas que me amargan con sus peleas constantes".

Así que siguió caminando entre las lilas y los nísperos y las rosas y las achiras y las plantas de jengibre, de denso aroma, que crecían en el jardín, hasta que llegó al gran árbol de alcanfor que se llamaba el Arbol de Alcanfor de Suleiman-bin-Daoud. Pero Balkis se escondió entre las altas flores de lis y los bambúes manchados y las lilas rojas detrás del árbol de alcanfor, para estar cerca de su verdadero amor, Suleiman-bin-Daoud.

En un momento dado, una Mariposa macho y una Mariposa hembra volaban bajo el árbol, peleando.

Suleiman-bin-Daoud escuchó al macho decirle a la hembra: "me asombra tu arrogancia al decirme estas cosas. ¿No sabés que si diera un pisotón, todo el Palacio de Suleiman-bin-Daoud y este jardín se desvanecerían en el instante con el sonido de un trueno?"

Entonces Suleiman-bin-Daoud olvidó a sus novecientas noventa y nueve molestas esposas, y se rió de la jactancia de la Mariposa, hasta que el árbol de alcanfor se sacudió. Luego estiró un dedo y le dijo: "hombrecito, posate aquí".

La Mariposa macho tenía un susto horrible, pero se las arregló para volar hasta la mano de Suleiman-bin-Daoud, y se aferró ahí, abanicándose. Suleiman-bin-Daoud inclinó su cabeza y susurró muy suavemente: "hombrecito, sabés perfectamente que tu pisotón más fuerte no movería ni una hoja de pasto. ¿Por qué le dijiste esa mentira terrible a tu esposa? Ya que sin duda es tu esposa".

La Mariposa macho miró a Suleiman-bin-Daoud y vio el ojo del Rey más sabio de todos parpadear como estrellas en una noche helada, y tomó coraje con sus dos alas, y ladeó su cabeza y dijo: "Oh, Rey, que vivas por siempre. Es mi esposa, y ya sabés cómo son las esposas".

Suleiman-bin-Daoud sonrió en su barba y dijo: "Sí, lo sé, hermanito".

"Uno debe mantener el orden, de alguna manera", dijo la Mariposa macho, "y mi esposa me estuvo peleando toda la mañana. Le dije eso para calmarla".

Y Suleiman-bin-Daoud dijo: "Ojalá eso la haya calmado. Ahora volvé con ella, hermanito, y quiero escuchar lo que vas a decir".

Y volvió volando la Mariposa macho con su esposa, quien estaba temblando detrás de una hoja y diciéndole: "¡Te escuchó! ¡Suleiman-bin-Daoud en persona te escuchó!"

"¿Que si me escuchó?", dijo la Mariposa macho, "Claro que me escuchó. Esperaba que me escuche".

"¿Y qué es lo que dijo? ¿Qué dijo?"

"Bien", dijo la Mariposa macho, abanicándose con aires de importancia, "entre nosotros, querida (y no puedo culparlo, porque su Palacio le debe haber costado muchísimo y las naranjas están madurando), me pidió que no diera ningún pisotón, y yo le prometí que no lo haría".

"¡Qué benevolente!", dijo su esposa, y se sentó toda quietita, pero Suleiman-bin-Daoud se rió hasta que le salieron lágrimas de los ojos, a causa de la desfachatez de la malvada Mariposita macho.

Balkis la Hermosísima se paró detrás de un árbol entre las lilas rojas y se sonrió, porque lo había escuchado todo. Pensó: "si yo soy sabia puedo todavía salvar a mi Señor de las persecuciones de estas reinas peleadoras", y estiró un dedo y susurró suavemente a la Mariposa hembra: "mujercita, posate aquí", y ahí voló la Mariposa hembra, muy asustada, y se aferró en la blanca mano de Balkis.

Balkis inclinó su hermosa cabeza y susurró: "Mujercita, ¿le das crédito a lo que acaba de decir tu esposo?"

La Mariposa hembra miró a Balkis, y vio los ojos de la Hermosísima Reina brillando como estanques profundos donde se reflejaban las estrellas, y tomó coraje con sus dos alas y dijo: "Oh, Reina, que seas encantadora siempre. Ya sabés cómo son los esposos".

Y la Reina Balkis, la Sabia Balkis de Saba, escondió una sonrisa con la mano sobre sus labios y dijo: "hermanita, claro que lo sé".

"Se enojan", dijo la Mariposa hembra, abanicándose rápidamente, "sobre cualquier tontería, pero hay que seguirles la corriente, oh, Reina. Nunca quieren decir ni la mitad de lo que dicen. Si a mi esposo le gusta creer que yo creo que puede hacer desaparecer el Palacio de Suleiman-bin-Daoud con un pisotón, a mí no me preocupa. Mañana se va a olvidar de todo esto".

"Hermanita", dijo Balkis, "tenés mucha razón, pero la próxima vez que se jacte, tomale la palabra. Pedile que dé un pisotón, a ver qué pasa. Ya sabemos cómo son los esposos, ¿no? Va a avergonzarse mucho".

Y así se fue la Mariposa hembra volando hasta su marido, y en cinco minutos estaban peleando más que nunca.

"¡Acordate!", dijo la Mariposa macho. "Acordate de lo que puedo hacer si doy un pisotón".

"No te creo ni un poquito", dijo la Mariposa hembra. "Me encantaría ver que lo hicieras. Quiero que des un pisotón ahora".

"Le prometí a Suleiman-bin-Daoud que no lo haría", dijo la Mariposa macho, "y no quiero romper mi promesa".

"No tendría importancia si lo hicieras", dijo su esposa, "no podrías mover ni una hoja de pasto con tu pisotón. Te desafío a que lo hagas", dijo ella, "¡vamos, dá ese pisotón de una vez!"

Suleiman-bin-Daoud, sentado bajo el árbol de alcanfor, escuchó cada palabra de esto, y se rió como nunca se rió antes en su vida. Se olvidó de todo lo que tenía que ver con sus Reinas, se olvidó del Animal que salió del mar, se olvidó todo lo que había aprendido acerca de alardear. Se reía con alegría, y Balkis, del otro lado del árbol, sonrió porque su verdadero amor estaba tan alegre.

En un momento dado, la Mariposa macho, ardiendo, volvió dando vueltas bajo el árbol de alcanfor y le dijo a Suleiman: "¡quiere que dé mi pisotón! Quiere ver qué sucedería, ¡oh, Suleiman-bin-Daoud! Nosotros sabemos que no puedo hacerlo, y ahora ya no me va a creer ni una palabra de lo que diga de aquí en más. ¡Se va a reír de mí hasta el fin de mis días!"

"No, hermanito", dijo Suleiman-bin-Daoud, "nunca se va a reír de vos otra vez", y giró al anillo de su dedo, sólo por la Mariposa, no por alardear, y -¡maravilla!- cuatro grandes Genios salieron de la tierra. 

"Esclavos", dijo Suleiman-bin-Daoud, "cuando este caballero que está en mi dedo" (que es donde estaba la desfachatada Mariposa macho sentada) "dé un pisotón, quiero que hagan desaparecer mi Palacio y estos jardines, con el sonido de un trueno. Cuando dé otro pisotón, quiero que cuidadosamente traigan todo de nuevo".

"Ahora, hermanito", dijo, "volvé con ella, y date el gusto de dar ese pisotón cuando quieras".

Y volvió volando la Mariposa macho con su esposa, quien estaba gritando: "¡te desafío a que lo hagas! ¡Te desafío a que lo hagas! ¡Vamos, dá ese pisotón! ¡Dá ese pisotón de una vez!". Balkis vio a los cuatro vastos Genios encorvarse sobre las cuatro esquinas de los gardines con el Palacio en la mitad, y se puso a aplaudir suavemente diciendo: "al fin Suleiman-bin-Daoud va a hacer por una Mariposa lo que tendría que haber hecho hace mucho tiempo por él mismo, y las peleadoras Reinas se van a asustar mucho".

Entonces la Mariposa macho dio su pisotón. Los Genios levantaron de un tirón el Palacio y los jardines mil kilómetros para arriba; hubo un horrible sonido de un trueno, y todo se volvió negro como la tinta. La Mariposa hembra revoloteó retrocediendo asustada, en medio de la oscuridad, llorando: "¡Oh, voy a ser buena a partir de ahora! Lamento haber hablado. No voy a volver a contradecirte, por favor, mi queridísimo esposo, que vuelvan los jardines".



Mariposa
ACÁ está el dibujo de los cuatro Genios con alas de gaviota levantando el Palacio de Suleiman-bin-Daoud en el mismísimo minuto en que la Mariposa macho había dado su pisotón. El Palacio y los jardines y todo lo demás salió en una pieza como si fuera un tablero, y dejaron un gran agujero en el suelo lleno de polvo y humo. Si mirás en la esquina, cerca de la cosa que parece un león, vas a ver a Suleiman-bin-Daoud con su varita mágica y las dos Mariposas detrás. Esa cosa que parece un león en realidad es un león tallado en piedra, y esa cosa que parece como una vasija de leche es en realidad una parte de un templo o una casa o algo. Suleiman-bin-Daoud estaba parado ahí para salvarse del polvo y el humo que generaron los Genios cuando levantaron el Palacio. No sé los nombres de los Genios. Eran sirvientes del anillo mágico de Suleiman-bin-Daoud, y cambiaban todos los días. Eran sólo cuatro Genios con alas de gaviota.
Esa cosa en la parte de abajo es un dibujo de un genio muy amigable que se llamaba Akraig. Solía alimentar a los pececitos del mar tres veces por día, y sus alas estaban hechas de cobre puro. Lo puse ahí para mostrarte cómo es un Genio amable. No ayudó a levantar el Palacio. En ese momento estaba ocupado dándoles de comer a los pececitos del Mar Arábigo.


La Mariposa macho tenía tanto miedo como su esposa, y Suleiman-bin-Daoud se rió tanto que no fue hasta varios minutos después que encontró aliento para susurrarle a la Mariposa macho: "dá otra vez el pisotón, hermanito. Quiero que me devuelvas mi Palacio, Grandioso Mago".

"Sí, devolvele su Palacio", dijo la Mariposa hembra, todavía volando en la oscuridad como una polilla. "Devolvele su Palacio, y no quiero más de esta magia horrible".

"Bien, querida", dijo la Mariposa macho tan valientemente como pudo, "ya ves a dónde llegamos con tus fastidios. Claro que a mí me da igual -estoy acostumbrado a este tipo de cosas- pero como un favor a vos y a Suleiman-bin-Daoud, no me importa reestablecer todo como antes".

Así que volvió a dar su pisotón, y en ese instante los Genios bajaron el palacio y los jardines, sin siquiera un sobresalto. El sol brilló en las hojas verde oscuras de los naranjos, las fuentes jugaron entre las lilas egipcias, los pájaros siguieron cantando, y la Mariposa hembra estaba echada sobre un costado bajo el árbol de alcanfor, moviendo sus alas y jadeando: "oh, ¡voy a ser buena! ¡voy a ser buena!"

Suleiman-bin-Daoud apenas podía hablar de la risa. Se recostó desarmado por el hipo, sacudió su dedo apuntando a la Mariposa macho, y dijo: "Oh, Grandioso Mago, ¡qué sentido tiene devolverme mi Palacio si me estás haciendo morir de risa!"

Entonces se escuchó un ruido terrible, porque las novecientos noventa y nueve Reinas salieron corriendo del Palacio chillando y gritando y llamando a sus hijos. Corrían apuradas por los grandes escalones de mármol debajo de la fuente, en filas de a cien, y la Gran Sabia Balkis fue majestuosamente a encontrarlas y les dijo: "¿cuál es el origen de tanta tribulación, oh Reinas?"

Se pararon en los escalones de mármol, en filas de a cien, y gritaron: "¿que cuál es el origen de tanta tribulación? Vivíamos en paz en nuestro palacio dorado, como es nuestra costumbre, cuando de repente el Palacio desapareció, y nos quedamos sentadas en una oscuridad espesa y estruendosa, y hubo un trueno, ¡y Genios y Efrits se movían en la oscuridad! Ese es el origen de tanta tribulación, oh Reina y Señora, y estamos atribuladas extremadamente por esa tribulación, porque es una tribulación muy atribulada, a diferencia de otras tribulaciones que hemos conocido".

Entonces Balkis la Hermosísima -la más amada de Suleiman-bin-Daoud-, que era Reina de Saba y Sable y de los Ríos de Oro del Sur -desde el Desierto de Zinn a las Torres de Zimbabue-, Balkis, casi tan sabia como el Soberano Más Sabio Suleiman-bin-Daoud mismo, dijo: "no es nada, ¡oh, Reinas! Una Mariposa macho se quejaba de que su esposa era muy peleadora, y nuestro Señor Suleiman-bin-Daoud se complació en enseñarle a la Mariposa hembra una lección de cómo ser silenciosa y humilde, porque esas cosas son virtudes para las mariposas hembra".

Entonces se paró y habló una Reina Egipcia -la hija de un Faraón- y dijo: "nuestro Palacio no puede ser arrancado desde la raíces como un puerro sólo por un insecto. ¡No! Suleiman-bin-Daoud debe estar muerto, y lo que vimos y oímos fue la tierra tronando y oscureciéndose por la noticia".

Entonces Balkis apartó con un gesto a la atrevida Reina sin siquiera mirarla, y le dijo a ella y a las otras: "vengan a ver".

Bajaron por los escalones de mármol, en filas de a cien, y debajo de su árbol de alcanfor, todavía desarmado de risa, y vieron al Rey Más Sabio Suleiman-bin-Daoud, hamacándose a un lado y otro con una Mariposa en cada mano, y lo oyeron decir: "Oh, Esposa de mi hermano en el aire, no te olvides que hay que complacer a tu marido en todo, no sea que dé otro pisotón, porque dijo estar acostumbrado a esta magia, y es un gran y eminente mago, uno que puede robarse el Palacio mismo de Suleiman-bin-Daoud en persona. ¡Ahora vayan en paz, gente pequeña!", y besó a las Mariposas en las alas, y salieron volando.

Entonces todas las Reinas excepto Balkis -la Hermosísima y Espléndida Balkis, quien se apartó sonriendo- cayeron de bruces al suelo, diciendo: "si hace estas cosas cuando una Mariposa macho se enoja con su esposa, ¿qué nos haría a nosotras, que hemos disgustado a nuestro Rey con nuestras voces estridentes y peleando durante tantos días?"

Entonces se pusieron los velos sobre sus cabezas, y las manos sobre sus bocas, y volvieron al palacio en puntitas de pie, todas calladitas.

Y Balkis -La Hermosísima y Excelente Balkis- avanzó entre las lilas rojas hacia la sombra del árbol de alcanfor y puso su mano sobre el hombro de Suleiman-bin-Daoud, y dijo: "Oh, mi Señor y Tesoro de mi alma, alegrate, porque le hemos enseñado a las Reinas de India y Egipto y Etiopía y Abisinia y Persia y China una lección grande y memorable".

Y Suleiman-bin-Daoud, todavía mirando en la dirección en que las Mariposas jugaban a la luz del sol, dijo: "Oh, mi Dama y Joya de mi Felicidad, ¿cuándo sucedió esto? Porque estuve jugando con una Mariposa desde que llegué al jardín". Y le contó a Balkis lo que había hecho.

Balkis -la Dulce y Muy Encantadora Balkis- dijo: "Oh, mi Señor y Regente de mi Existencia, me escondí tras el árbol de alcanfor y lo vi todo. Fui yo quien le dijo a la Mariposa hembra que le pida a la Mariposa macho que dé su pisotón, porque esperaba que a causa de mi juego mi Señor urdiera alguna magia y las Reinas la verían y se asustarían". Y le contó lo que las Reinas habían dicho y visto y pensado.

Entonces Suleiman-bin-Daoud se levantó de su silla bajo el árbol de alcanfor, y estiró sus brazos y se alegró y dijo: "Oh, mi Dama y Endulzadora de mis Días, quiero que sepas que si hubiera urdido alguna magia contra mis Reinas a causa del orgullo o el enojo, como aquella vez que preparé el festín para todos los animales, ciertamente hubiera quedado avergonzado. Pero gracias a tu sabiduría he urdido la magia sólo por jugar, y por la pobre Mariposa macho, y -¡maravilla!- ¡también me ha librado a mí de los fastidios de mis fastidiosas esposas!  Ahora decime, oh, mi Dama y Corazón de mi Corazón, ¿cómo es que llegaste a ser tan sabia?" Y Balkis la Reina, hermosa y esbelta, miró a los ojos a Suleiman-bin-Daoud, y ladeó un poco su cabeza, igual que la Mariposa, y dijo: "Primero, oh mi Señor, porque te amo, y segundo, oh mi Señor, porque conozco cómo son las mujeres".

Entonces volvieron al Palacio y vivieron felices de ahí en más.

¿Pero no fue muy inteligente, Balkis?

Nunca hubo una Reina como Balkis
    en todo el mundo, te digo,
pero Balkis le habló a una mariposa
    como uno hablaría con un amigo.
Nunca hubo un Rey como Salomón,
    desde que la tierra estaba vacía
pero Salomón le habló a una mariposa
    como un hombre 
a otro le hablaría.
Ella era Reina de Saba,
    y él era
de Asia el Señor,
¡pero los dos le hablaban a las mariposas,
    cuando paseaban en derredor!



Notas:

Este cuento es probablemente el último escrito para la serie, y es distinto en temática a los demás (no explica nada). Tampoco parece haber habido una versión oral anterior. En la Biblia está Salomón, está la Reina de Saba, pero no se casan. Kipling sacó el nombre de Balqis para la reina (y la historia del animal que se comió toda la comida) de un libro musulmán llamado "El Jardín de la Pureza", de Muhammad bin Khavendshah bin Mahmud Mirkhwand. También hay un poema de Browning que Kipling conocía, "Solomon and Balkis".
Según la mujer de Kipling, originalmente las mariposas eran luciérnagas.
La letra "T" inicial muestra a Salomón con una banda con unas letras: "H T W S S T K S", junto con su vestimenta: ambas son referencias masónicas. Kipling era masón, logia donde Salomón es figura central. Las ocho letras son las iniciales del primer verso de una canción de Mark Mason que nombra a Salomón ("Hiram, the Widow's son, sent to King Solomon the Great Key Stone"), muy conocida en la francmasonería escocesa, a la que Kipling pertenecía como miembro honorario. Hiram Abif fue el arquitecto del Templo de Salomón, y supuesto fundador de la logia. El brazalete de Salomón en el dibujo tiene el emblema masón de la escuadra y el compás. Al pie del árbol puede leerse las iniciales de Kipling (RK).
El nombre
Suleiman-bin-Daoud significa, como dice el texto, Salomón, el hijo de David, en su forma semita.
La historia
del Tero que encontró el Agua está en el Corán, en la azora 27: Salomón, después de haber terminado de construir su Templo, peregrinó en alfombra voladora hasta la Meca, y en el camino, queriendo hacer abluciones, envió a un tero a buscar algún lugar con agua; éste sagazmente marcó el lugar con su pico, y unos demonios extrajeron el agua subterránea. En la misma azora está la historia de la Vereda de Cristal: un piso de vidrio transparente que mandó a construir sobre agua corriente, donde nadaban peces, que daba a su trono, donde se sentó a recibir a Balkis, la Reina de Saba. La historia del Rubí está en el otro libro mencionado ("El Jardín de la Pureza"), donde se cuenta que Balkis le envió regalos a Salomón antes del encuentro, entre ellos un rubí en un cofrecito. Salomón ordenó a unos demonios perforarlo con un diamante. Las barras de oro son las que Balkis le envió a Salomón, mencionadas en 1 Reyes 10:10 y 2 Crónicas 9:9. Respecto a que Salomón podía hablar con los pájaros, también está en la azora 27 del Corán, junto con la mención de que una vez habló con una hormiga. La frase "Entendía todo, desde el obispo en su banco hasta la hiedra en la pared" es casi un calco de la Biblia (1 Reyes 4:33): "también disertó acerca de las plantas, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que crece en la pared". El original de Kipling también decía "hisopo", pero como es una palabra polémica, preferí traducir "hiedra". El "hisopo", fuera de que hoy nos remite a la higiene del oído, aparentemente es una mala traducción, asociada por fonética a una planta llamada hisopo (Hyssopus officinalis), que no correspondería a la originalmente referida en hebreo (ezob), hoy no muy identificada, pero que sería algún tipo de vegetal aromático que crece en las paredes, ligada por Maimónides a la familia Origanum, a la que pertenece el orégano y la mejorana.
En la mitología árabe, los Genios (djinns o yinis) y los Efrits (o ifrits) son demonios que pueden asumir la forma de la serpiente, del gato, del perro, o incluso de seres humanos. Los malos son feos, pero los buenos son muy hermosos. Los Efrits son la forma maligna casi siempre, la segunda forma más poderosa de los Genios. En las Mil y Una Noches, Salomón es nombrado como el Señor de los Ifrits; se menciona también que castigó a algunos por no seguir la religión, encerrándolos en jarrones y obligándolos a trabajar para él. Las descripciones de los setenta y dos demonios implicados están escritos en el Ars Goetia.
Azrael es una leyenda árabe: el ángel de los muertos, el que separa el espíritu del cuerpo, y el que morirá último, cuando suene la segunda trompeta del Arcángel.
Respecto a las mil esposas de Salomón, en 1 Reyes 11:3 se lee: "tuvo setecientas mujeres reinas, y trescientas concubinas", y luego añade: "y sus mujeres hicieron que se desviara su corazón tras otros dioses".
El desierto de Zinn está en Judea, cerca de Belén, mencionado muchas veces en el Antiguo Testamento.
Zimbabue era una antigua ciudad en Mashonalandia, hoy la moderna República de Zimbabue, pero que en tiempos de Kipling no existía y se llamaba Rodesia.
En el primer dibujo, el del Animal que se comió todo, hay escrituras en cada caja, con el nombre del alimento en grande, y el destino geográfico y otros detalles debajo. Notas:

Dhurra meal (alimento Dhurra): hay también un emblema masónico, la estrella de seis puntas o estrella de David. La durra es un grano de cereal proveniente de Africa.

Tadmor: está mencionado en 1 Reyes 9:18, hoy conocida por Judea, al sudoeste del Mar Muerto.

Sidon: Zidón, un puerto marítimo al oeste del Monte Líbano.

Heshbon: al este de la Llanura de Jordán, famoso por sus estanques de peces: "tus ojos, como los estanques de Hesbón junto a la puerta de Bat-rabim", Cantar de los Cantares, 7:4. El Cantar de los Cantares, también conocido como Cantar de Salomón, es una colección de canciones que aparentemente narran el amor de Salomón por una sulamita. La comparación de los ojos con los estanques está también en el cuento, esta vez referido a la Reina de Saba.

Hamath: la tierra de Siria que está al norte del Monte Líbano.

Arphad: también Arvad, una isla en la costa de Hamath.

Bushire: hoy un puerto en el Golfo Pérsico.

Tyre: otro puerto, a unos cincuenta kilómetros al sur de Zidón.

Artichokes (Jerusalem): se refiere a un tipo especial de alcauciles que no son los globulares, sino una variedad completamente distinta, relacionada más bien con la papa, rica en almidón. Hay una frase "for wild asses" (para asnos salvajes), que nadie sabe a qué se refiere.

Pig-nuts: sería como un tubérculo en forma de nuez (Conopodium flexuosum).

Sabi: Probablemente Saba (Etiopía).

Assuan: Hoy Assuán está junto al río Nilo (primera catarata).

Javan, Gadire, Punt: Javan es Grecia en hebreo antiguo; Gadire hoy se llama Cádiz; Punt es probablemente Puoni, la tierra del incienso en la costa somalí. Los tres lugares están juntos en el dibujo como un guiño hacia una poesía de Kipling mismo ("La ley de Poseidón"), donde un verso dice: "from Punt returned, from Phormio’s Fleet, from Javan and Gadire".

Locust beans (porotos de langosta): son el fruto del algarrobo. Kipling pone la palabra "Carobbean", porque se parece a "Caribbean" (caribeño), pero "carob" es algarrobo.

Honey (wild) Lion Brand (miel (silvestre) marca león): es una nueva referencia bíblica, esta vez a una adivinanza a Sansón (Jueces, 14:14) que decía: "Del que come salió comida, y del fuerte salió dulzura". La complicada solución es unas abejas que hicieron un nido en el cuerpo de un león muerto. Hay otro poema de Kipling ("Las abejas y las moscas") con una referencia similar.

Tarshish: un puerto marítimo en Cush (Etiopía). No es Tarso, en Turquía.

Hay (heno): los paquetes están dirigidos al Bajo Nilo por un tal Ho-Tep, exportador, del cual no se sabe nada. ¿Será Amenhotep?

Otros alimentos escritos en las cajas son "sugar cane" (caña de azúcar), "lentils" (lentejas), "rice" (arroz), "grapes" (uvas), "figs" (higos), "fish" (pescado), "onion" (cebolla), "leeks" (puerros), "dates" (dátiles).
En la esquina inferior derecha del dibujo hay un arca de Noé, con las iniciales de Kipling ("RK").


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