El Gato que andaba por su cuenta

H
ACE mucho tiempo, mi más amada niña, sucedió y aconteció y acaeció y tuvo lugar esta historia, cuando los animales Domésticos eran salvajes. Quiero que escuches y que me oigas y que me atiendas: era el tiempo en que el Perro era salvaje, y el Caballo era salvaje, y la Vaca era salvaje, y la Oveja era salvaje, y el Cerdo era salvaje, tan salvajes como era posible, y andaban por la Salvaje Selva Sombría, solos y salvajes como eran. Pero el más salvaje de todos los animales salvajes era el Gato. Y andaba por su cuenta, y tanto le daba estar en un lugar u otro.

Por supuesto que el Hombre también era salvaje. Era terriblemente salvaje. Ni siquiera había empezado a ser domesticado hasta que conoció a la Mujer, quien le dijo que no le gustaba vivir en esa forma salvaje. Fue ella quien se buscó una Caverna linda y seca, en vez de una pila de hojas húmedas para acostarse, y esparció arena limpia en el piso, y encendió un lindo fuego de leña en el fondo de la Caverna, y colgó una piel seca de caballo salvaje, con la cola para abajo, en la entrada de la Caverna, y dijo: "limpiate los pies, querido, antes de entrar, porque desde ahora vamos a mantener una casa".

Esa noche, mi más amada niña, comieron oveja salvaje asada en piedras calientes, sazonada con ajo salvaje y pimienta salvaje, y pato salvaje relleno con arroz salvaje y alholva salvaje y cilantro salvaje, y caracú de buey salvaje, y cerezas salvajes, y maracuyá salvaje. Entonces el Hombre se fue a dormir junto al fuego, nunca tan feliz, pero la Mujer se levantó y se fue a peinarse. Tomó el hueso del hombro del cordero -el gran hueso de la paleta- y se fijó en las hermosas marcas que tenía, y puso más leña al fuego, y urdió una Magia. Urdió la Primer Magia Cantada del mundo.

Allá afuera, en la Salvaje Selva Sombría, todos los animales se juntaron en un lugar desde donde se podía ver la luz del fuego a lo lejos, y se preguntaron qué significaba.


Gato
ESTE es el dibujo de la Caverna donde vivieron el Hombre y la Mujer por primera vez. Era una Caverna realmente muy linda, y mucho más calentita de lo que parece. El Hombre tenía una canoa. Está en la orilla del río, para que se moje con el agua y se hinche. Esa cosa que parece un trapo atravesando el río es la red para pescar salmones. Hay piedras lindas y secas que llevan del río a la entrada de la Caverna, para que el Hombre y la Mujer puedar ir a buscar agua sin que los pies se les llenen de arena. Las cosas que parecen escarabajos más allá sobre la playa son en realidad troncos de árboles muertos que vinieron flotando sobre el río desde la Salvaje Selva Sombría, al otro lado. El Hombre y la Mujer solían sacarlos del río y secarlos y cortarlos para leña. No dibujé la cortina hecha de piel de caballo en la entrada de la Caverna porque la Mujer justo la sacó para limpiarla. Todas esas manchas en la arena entre la Caverna y el río son las huellas de los pies de la Mujer y de los pies del Hombre.
El Hombre y la Mujer están los dos dentro de la Caverna comiendo su cena. Cuando el Bebé nació, se mudaron a otra Caverna, porque el Babé solía gatear hasta el río y caerse, y el Perro tenía que sacarlo.


Entonces el Caballo Salvaje dio un pisotón con su pezuña salvaje, y dijo: "Oh, mis Amigos, y oh mis Enemigos, ¿por qué el Hombre y la Mujer habrán hecho esa gran luz en esa gran Caverna, y qué perjuicio puede traernos?"

El Perro Salvaje levantó su nariz salvaje y olió el aroma del cordero asado, y dijo: "voy a subir y ver y mirar, para contar, porque yo creo que es algo bueno. Gato, vení conmigo". 

Nenni!", dijo el Gato. "Soy el Gato que anda por su cuenta, y tanto me da estar en un lugar u otro. Yo no voy". 

"Entonces nunca podremos volver a ser amigos", dijo el Perro Salvaje, y salió trotando para la Caverna. Pero cuando se había ya alejado un tranco, el Gato se dijo: "Tanto me da estar en un lugar u otro. ¿Por qué no podría ir yo también y ver y mirar y hacer a mi gusto?". Así que se deslizó muy pero muy suavemente tras el Perro Salvaje, y se escondió en un lugar donde podía oír todo.

Cuando el Perro Salvaje llegó a la entrada de la Caverna, levantó la piel de caballo con su nariz y olió el hermoso aroma del cordero asado, y la mujer, que miraba el hueso de la paleta, lo escuchó, y se rió, y dijo: "aquí llega el primero. Salvaje Ser salido de la Salvaje Selva, ¿qué estás buscando?"

El Perro Salvaje dijo: "Oh, mi Enemiga, y Esposa de mi Enemigo, ¿qué es lo que huele tan bien en la Salvaje Selva?"

Entonces la Mujer tomó un hueso de cordero asado y se lo tiró al Perro Salvaje, y dijo: "Salvaje Ser salido de la Salvaje Selva, degustá y probá". El Perro Salvaje se puso a morder el hueso, y era más delicioso que todo lo que había probado antes, y dijo: "Oh, mi Enemiga, y Esposa de mi Enemigo, dame otro".

La mujer dijo: "Salvaje Ser salido de la Salvaje Selva, quiero que ayudes a mi Hombre a cazar durante el día, y a vigilar esta Caverna durante la noche, y te voy a dar tantos huesos asados como necesites".

"¡Ah!", dijo el Gato, escuchando. "Esa es una Mujer muy sabia, pero no es tan sabia como yo". 

El Perro Salvaje entró en la Caverna y puso su cabeza sobre el regazo de la mujer, y dijo: "Oh, mi Amiga y Esposa de mi Amiga, voy a ayudar a Tu Hombre a cazar durante el día, y durante la noche voy a vigilar tu Caverna".

"¡Ah!", dijo el Gato, escuchando. "Ese es un Perro muy tonto". Y volvió a la Salvaje Selva Sombría moviendo su cola salvaje, y andando por su salvaje cuenta. Pero nunca le contó a nadie.

Cuando el Hombre se despertó, dijo: "¿Qué hace el Perro Salvaje acá?". Y la Mujer dijo: "Su nombre ya no es Perro Salvaje, sino Primer Amigo, porque a partir de hoy será nuestro amigo, por siempre y siempre y siempre. Vayan juntos cuando salgas de cacería".

A la otra noche, la Mujer se llenó los brazos de pasto fresco cortado de los bañados, y lo secó frente al fuego, de forma que tenía el aroma del heno recién guadañado, y se sentó en la entrada de la Caverna y trenzó una rienda con el cuero de caballo, y miró el hueso del hombro del cordero -el gran hueso de la paleta- y urdió una Magia. Urdió la Segunda Magia Cantada del mundo.

Allá afuera, en las Salvaje Selva, todos los animales se preguntaban qué le había pasado al Perro Salvaje, y finalmente el Caballo Salvaje dio un pisotón con su pezuña, y dijo: "Yo voy a ir a ver para contar por qué el Perro Salvaje no volvió. Gato, vení conmigo".

Nenni!", dijo el Gato. "Soy el Gato que anda por su cuenta, y tanto me da estar en un lugar u otro. Yo no voy". Pero igual siguió al Caballo Salvaje, caminando muy pero muy suvamente, y se escondió en un lugar donde podía oír todo.

Cuando la Mujer escuchó al Caballo Salvaje tropezando y trastabillando con su larga melena, se rió y dijo: "aquí llega el segundo. Salvaje Ser salido de las Salvaje Selva, ¿qué estás buscando?"

El Caballo Salvaje dijo: "Oh, mi Enemiga, y Esposa de mi Enemigo, ¿dónde está el Perro Salvaje?"

La Mujer rió, y levantó el hueso de la paleta y lo miró, y dijo: "Salvaje Ser salido de la Salvaje Selva, no viniste aquí por el Perro Salvaje, sino a causa de este buen pasto".

Y el Caballo Salvaje, tropezando y trastabillando con su larga melena, dijo: "es verdad, dámelo para que coma".

La mujer dijo: "Salvaje Ser salido de la Salvaje Selva, incliná tu cabeza salvaje y ponete lo que te doy, y vas a poder comer el maravilloso pasto tres veces por día".

"¡Ah!", dijo el Gato, escuchando. "Esa es una Mujer inteligente, pero no es tan inteligente como yo". El Caballo Salvaje inclinó su cabeza salvaje, y la Mujer le puso la rienda de cuero trenzado, y el Caballo Salvaje respiró sobre los pies de la Mujer y dijo: "Oh, mi Señora, y Esposa de mi Señor, seré sirviente sólo por el maravilloso pasto". 

"¡Ah!", dijo el Gato, escuchando. "Ese es un Caballo muy tonto". Y volvió a la Salvaje Selva Sombría moviendo su cola salvaje, y andando por su salvaje cuenta. Pero nunca le contó a nadie.

Cuando el Hombre y el Perro volvieron de cazar, el Hombre dijo: "¿Qué hace el Caballo Salvaje acá?", y la Mujer dijo: "Su nombre ya no es Caballo Salvaje, sino Primer Sirviente, porque a partir de hoy nos llevará de un lugar a otro, por siempre y siempre y siempre. Montá en su lomo cuando vayas de cacería".

Al día siguiente, con la cabeza alta para que sus cuernos salvajes no se enganchen en los árboles salvajes, la Vaca Salvaje se avino a la Caverna, y el Gato la siguió, y se escondió de la misma manera que antes, y todo sucedió de la misma manera que antes, y el Gato dijo las mismas cosas que antes, y cuando la Vaca Salvaje prometió dar toda su leche a la mujer, todos los días, a cambio del maravilloso pasto, el Gato volvió a la Salvaje Selva Sombría moviendo su cola salvaje, y andando por su salvaje cuenta, de la misma manera que antes. Pero nunca le contó a nadie. Y cuando el Hombre y el Caballo y el Perro volvieron de la cacería y con la misma pregunta que antes, la mujer dijo: "su nombre ya no es Vaca Salvaje, sino La que Da Buen Alimento. A partir de hoy nos dará blanca leche tibia, por siempre y siempre y siempre, y yo la voy a cuidar mientras vos y el Primer Amigo y el Primer Sirviente salen de cacería".

Al día siguiente el Gato esperó a ver si algún otro Salvaje Ser iba a la Caverna, pero nadie se movió en la Salvaje Selva Sombría, así que el Gato anduvo por ahí por su cuenta, y vio a la Mujer ordeñando a la vaca, y vio la luz del fuego en la Caverna, y olió el aroma de la blanca leche tibia.

El Gato dijo: "Oh, mi Enemiga, y Esposa de mi Enemigo, ¿dónde fue la Vaca Salvaje?"

La Mujer se rió y dijo: "Salvaje Ser salido de la Salvaje Selva, volvé a la Selva otra vez, porque he trenzado mi cabello, y he dejado de lado el hueso de paleta mágico, y no tengo ya más necesidad de amigos o sirvientes en nuestra Caverna".

El Gato dijo: "No soy un amigo, y no soy un sirviente. Soy el Gato que anda por su cuenta, y deseo entrar en tu caverna".

La Mujer dijo: "¿Entonces por qué no viniste con el Primer Amigo, en la primera noche?"

El Gato se enojó y dijo: "¿El Perro Salvaje te anduvo contando cosas de mí?"

Entonces la Mujer se rió y dijo: "Sos el Gato que anda por su cuenta, y tanto te da estar en un lugar u otro. No sos ni un amigo ni un sirviente. Vos mismo lo dijiste. Quiero que te vayas y andes por tu cuenta, tanto me da si es en un lugar u otro".

Entonces el Gato simuló apenarse y dijo: "¿Es que nunca tengo que venir a tu Caverna? ¿Nunca debo sentarme junto al cálido fuego? ¿Nunca debo beber de la blanca leche tibia? Sos muy sabia y muy hermosa. No deberías ser cruel, ni siquiera con un Gato".

La Mujer dijo: "ya sabía que era sabia, pero no sabía que era hermosa. Así que voy a negociar con vos. Si alguna vez digo una palabra a tu favor, podés entrar en la Caverna".

"¿Y si son dos las palabras a mi favor?"

"Nunca puede suceder", dijo la Mujer, "pero si dijera dos palabras a tu favor, podés sentarte junto al fuego en la Caverna".

"¿Y si son tres las palabras a mi favor?"

"Nunca puede suceder", dijo la Mujer, "pero si dijera tres palabras a tu favor, podés beber la blanca leche tibia, tres veces por día, por siempre y siempre y siempre".

Entonces el Gato arqueó su lomo y dijo: "Que la Cortina de la entrada a la Caverna, y el Fuego en el fondo de la Caverna, y los Tarros con Leche que están junto al Fuego, recuerden todos lo que mi Enemigo y la Esposa de mi Enemigo han dicho". Y se fue por la Salvaje Selva Sombría, moviendo su cola salvaje y andando por su cuenta.

Esa noche, cuando el Hombre y el Caballo y el Perro volvieron de cacería, la Mujer no les dijo lo que negoció con el Gato, porque tenía miedo de que no sea de su agrado.

El Gato se fue lejos, bien lejos, y se escondió en la Salvaje Selva Sombría, anduvo por su cuenta por un largo tiempo hasta que la Mujer se olvidó todo lo que tuviera que ver con él. Sólo el Murciélago -el pequeño Murciélago, cabeza abajo- que colgaba dentro de la cueva sabía dónde estaba el Gato escondido, y cada noche el Murciélago volaba hasta él con noticias de lo que pasaba.

Una noche el Murciélago dijo: "Hay un Bebé en la Caverna. Es nuevo y rosa y gordo y pequeño, y a la Mujer le gusta mucho".

"¡Ah!", dijo el Gato, escuchando, "¿pero qué cosas le gustan al Bebé?"

"Le gustan las cosas blanditas y que hacen cosquillas", dijo el Murciélago. "Le gustan las cosas tibias para tener en sus brazos cuando se va a dormir. Le gusta que jueguen con él. Le gustan todas esas cosas".

"¡Ah!", dijo el Gato, escuchando, "entonces ha llegado mi momento".



Gato
ACÁ está el dibujo del Gato que Andaba por su Cuenta, andando salvajemente por la Salvaje Selva y moviendo su cola salvaje. No hay nada más en el dibujo, excepto los hongos. Los hongos crecen ahí porque la selva es sombría. Esa cosa en la rama baja no es un pájaro. Es musgo que creció ahí porque la Salvaje Selva es muy sombría.
Debajo el dibujo principal hay un dibujo de la cómoda Caverna a la que el Hombre y la Mujer se mudaron cuando llegó el Bebé. Era su Caverna de verano, y plantaron trigo en el frente. El Hombre está montado sobre el Caballo, buscando a la Vaca para llevarla de vuelta a la Caverna y ordeñarla. Tiene la mano en alto para llamar al Perro, que cruzó a nado el río, buscando conejos.

A la noche siguiente, el Gato anduvo por la Salvaje Selva Sombría y se escondió muy cerca de la Caverna hasta que salió el sol, y el Hombre y el Perro y el Caballo salieron de cacería. La Mujer estaba ocupada cocinando aquella mañana, y el Bebé lloraba e interrumpía, así que lo llevó afuera de la Caverna y le dio un puñado de guijarros para que juegue. Pero el Bebé seguía llorando.

Entonces el Gato tocó al Bebé con su zarpa pata en la mejilla, y el Bebé gorjeó; el Gato se frotó contra sus gordas rodillas y le hizo cosquillas bajo su gorda barbilla con su cola. Y el Bebé se rió, y la mujer lo oyó y sonrió.

Entonces el Murciélago -el pequeño Murciélago cabeza abajo- que colgaba en la entrada de la Caverna dijo: "oh, mi Anfitriona, y Esposa de mi Anfitrión, y Madre del Hijo de mi Anfitrión, un Salvaje Ser salido de la Salvaje Selva está jugando muy hermosamente con tu Bebé".

"Bendigo a ese Salvaje Ser, quien quiera que sea", dijo la Mujer, enderezando la espalda, "porque estaba muy ocupada esta mañana y me ha hecho un favor".

En ese mismísimo minuto y segundo, mi más amada niña, la Cortina de piel seca de caballo que estaba estirada con la cola para abajo en la entrada de la Caverna se cayó -¡uush!- porque se acordaba de lo que había negociado ella con el Gato, y cuando la Mujer fue a levantarla -¡maravilla!- el Gato estaba sentado muy cómodo dentro de la Caverna.

"Oh, mi Enemiga, y Esposa de mi Enemigo, y Madre de mi Enemigo", dijo el Gato, "se trata de mí, porque dijiste algo en mi favor, y ahora me puedo sentar dentro de la Caverna por siempre y siempre y siempre. Pero sigo siendo el Gato que anda por su cuenta, y tanto me da un lugar u otro".

La Mujer se enojó muchísimo, y apretó los labios y tomó su rueca y empezó a hilar. Pero el Bebé se puso a llorar porque el Gato se había ido, y la Mujer no podía consolarlo, porque pataleaba y se debatía y la cara se le ponía negra.

"Oh, mi Enemiga, y Esposa de mi Enemigo, y Madre de mi Enemigo", dijo el Gato, "tomá una hebra del hilo que estás hilando, y atala a un carretel y arrastralo por el piso, y te voy a mostrar una magia que va a hacer que tu Bebé ría tan alto como ahora llora".

"Así voy a hacerlo", dijo la Mujer, "porque ya no sé más qué hacer, pero no te voy a dar las gracias".

Ató la hebra de hilo al carretel de arcilla y lo arrastró por el piso, y el Gato corrió tras él, y jugó con él con sus patas, y rodó de cabeza, y lo tiró para atrás sobre su hombro, y lo cazó entre sus patas traseras y simuló perderlo, y volvió a abalanzarse sobre él, hasta que el Bebé se rió tan alto como antes había llorado, y se puso a correr al Gato y llenó la Caverna con su alegría hasta que se cansó y se acostó a dormir con el Gato en sus brazos.

"Ahora", dijo el Gato, "voy a cantarle una canción al Bebé que va a mantenerlo durmiendo por una hora". Y se puso a ronronear, fuerte y despacio, despacio y fuerte, hasta que el Bebé se durmió, rápidamente. La Mujer sonrió al mirarlos a los dos, y dijo: "eso fue maravilloso. No hay duda de que sos muy inteligente, Oh Gato".

En ese mismísimo minuto y segundo, mi más amada niña, el humo del fuego del fondo de la Caverna bajó como una nube desde el techo -¡puf!-, porque se acordaba de lo que había negociado ella con el Gato, y cuando desapareció -¡maravilla!- el Gato estaba sentado muy cómodo al lado del fuego.

"Oh, mi Enemiga, y Esposa de mi Enemigo, y Madre de mi Enemigo", dijo el Gato, "se trata de mí, porque dijiste una segunda palabra a mi favor, y ahora puedo sentarme al lado del cálido fuego, en el fondo de la Caverna, por siempre y siempre y siempre. Pero sigo siendo el Gato que anda por su cuenta, y tanto me da un lugar u otro".

Entonces la mujer se enojo muchísisísimo, y se soltó el pelo y puso más leña al fuego y trajo el ancho hueso de la paleta del cordero, y empezó a urdir una magia para evitar que decir una tercera palabra en favor del Gato. No era una Magia Cantada, mi más amanda niña, era una Magia Quieta, y así la Caverna se quedó tan quieta que un ratoncito chiquitito salió desde un rincón y corrió por el suelo.

"Oh, mi Enemiga, y Esposa de mi Enemigo, y Madre de mi Enemigo", dijo el Gato, "¿ese ratoncito es parte de tu magia?"

"¡Uhh! ¡Bliii! ¡De ninguna manera!", dijo la Mujer, y dejó caer el hueso de la paleta, y se encaramó al banquito que había frente al fuego, y se tranzó el pelo muy rápidamente, por miedo a que el ratón se le trepe por ahí.

"¡Ah!", dijo el Gato, observando, "¿entonces el ratón no me hará ningún daño si me lo como?"

"No", dijo la Mujer, trenzándose el pelo, "comételo bien rápido y siempre te estaré agradecida".

El Gato de un salto atrapó al ratoncito, y la Mujer dijo: "Mil gracias. Ni siquiera el Primer Amigo es suficientemente rápido como atrapar ratones chiquitos como acabás de hacer. En verdad sos muy sabio".

En ese mismísimo minuto y segundo, mi más amada niña, el tarro con leche que había al lado del fuego se rompió en dos -ffft- porque se acordó de lo que había negociado ella con el Gato, y cuando la mujer bajó del banquito -¡maravilla!- el Gato estaba lamiendo la blanca leche tibia que se había derramado.

"Oh, mi Enemiga, y Esposa de mi Enemigo, y Madre de mi Enemigo", dijo el Gato, "se trata de mí, porque dijiste una tercera palabra a mi favor, y ahora puedo beber de la blanca leche tibia tres veces por día, por siempre y siempre y siempre. Pero sigo siendo el Gato que anda por su cuenta, y tanto me da un lugar u otro".

Entonces la Mujer se rió y le puso al Gato un plato de blanca leche tibia, y dijo: "Oh, Gato, sos tan inteligente como un hombre, pero no te olvides que esto que negociamos no incluye al Hombre o al Perro, y no sé que harán cuando vuelvan".

"¿Y eso a mí qué me importa?", dijo el Gato. "Si tengo mi lugar en la Caverna, junto al fuego, y mi blanca leche tibia tres veces por día, tanto da lo que el Hombre o el Perro hagan".

Esa noche, cuando el Hombre y el Perro entraron a la Caverna, la Mujer les contó toda la historia de lo que negoció con el Gato, que estaba sentado junto al fuego y sonreía. Entonces el Hombre dijo: "sí, pero no ha negociado nada conmigo, o con todos los Hombres que vengan después de mí". Entonces se sacó sus dos botas y tomó su pequeña hacha de piedra (con eso suman tres) y tomó un trozo de leña y un machete (y ya son cinco), y las puso en fila y dijo: "ahora vamos a negociar nosotros. Si no cazás ratones mientras estés en la Caverna por siempre y siempre y siempre, te voy a tirar estas cinco cosas cada vez que te vea, y lo mismo van a hacer todos los Hombres que vengan después de mí". 

"¡Ah!", dijo la Mujer, escuchando. "Este es un gato muy inteligente, pero no tan inteligente como mi Hombre". 

El Gato contó las cinco cosas (y tenían un tamaño considerable) y dijo: "voy a cazar ratones cuando esté en la Caverna, por siempre y siempre y siempre, pero sigo siendo el Gato que anda por su cuenta, y tanto me da un lugar u otro".

"No cuando yo esté cerca", dijo el Hombre. "Si no hubieras dicho eso último, hubiera dejado de lado estas cosas, por siempre y siempre y siempre, pero ahora voy a tirarte mis dos botas y mi pequeña hacha de piedra (y con eso suman tres) cada vez que te vea. ¡Y lo mismo van a hacer todos los Hombres que vengan después de mí!"

Entonces el Perro dijo: "Un minuto. No ha negociado nada conmigo, o con todos los Perros que vengan después de mí". Y mostró los dientes y dijo: "si no sos amable con el Bebé mientras estoy en la Caverna por siempre y siempre y siempre, te voy a perseguir hasta que te atrape, y cuando te atrape te voy a morder. Y lo mismo van a hacer los Perros que vengan después de mí."

"¡Ah!", dijo la Mujer, escuchando. "Este es un Gato muy inteligente, pero no tan inteligente como el Perro".

El Gato contó los dientes del Perro (y tenían puntas considerables) y dijo: "voy a ser amable con el Bebé mientras esté en la Caverna, mientras que no me tire de la cola demasiado fuerte, por siempre y siempre y siempre. Pero sigo siendo el Gato que anda por su cuenta, y tanto me da un lugar u otro".

"No cuando yo esté cerca", dijo el Perro. "Si no hubieras dicho eso último, hubiera cerrado mi boca por siempre y siempre y siempre, pero ahora voy a perseguirte cada vez que te vea. Y lo mismo van a hacer los Perros que vengan después de mí". 

Entonces el Hombre le tiró sus dos botas y su pequeña hacha de piedra (y con eso suman tres) al Gato, y el Gato salió corriendo de la Caverna, y el Perro lo corrió hasta que se trepó a un árbol, y desde ese día a este, mi más amada niña, tres Hombres de cada cinco siempre le van a tirar cosas al Gato cada vez que lo vean, y todos los Perros lo persiguen hasta que se trepe a un árbol. Pero el Gato se quedó también con lo que negoció. Mata ratones y es amable con los Bebés cuando está en la casa, mientras que no le tiren demasiado fuerte de la cola. Pero cuando ya ha cumplido, y entre una cosa y otra, y cuando la luna está en el cielo y viene la noche, es el Gato que anda por su cuenta, y tanto le da un lugar u otro. Entonces se va a la Salvaje Selva Sombría, o se trepa a un Arbol Salvaje, o sobre el Techo Salvaje, moviendo su cola salvaje y andando por su cuenta.

Michi puede cantar junto al fuego
    o treparse al árbol que hay ahí
o hacer de corcho y piolín un juego
    para entretenerse él, no a mí.
Pero yo prefiero a Duque conmigo:
    mi perro de fidelidad eterna;
así, Duque es como aquel Primer Amigo
    y yo soy el Hombre de la Caverna.

Michi puede jugar a ser Viernes, mañana
    
hasta que en su papel le tocó
y mojarse la pata y caminar en la ventana
    (para hacer las huellas que vio Crusoe)
entonces
maúlla y su cola sacude
    y ya no juega y yo no lo obligo
pero Duque a cualquier juego acude
    y él es mi verdadero Primer Amigo

Michi se frota contra mi rodilla
    simulando que mucho
me quiere
pero cuando el sol ya no brilla
    se va afuera, por frío que hiciere,
y se queda ahí hasta el otro día
    para que de su indiferencia sea testigo
pero Duque, está conmigo cada noche fría
    ¡porque es mi Primerísimo Amigo!


Notas:

El cuento ha sido visto como una "amable sátira" a la mujer de Kipling, Carrie, a quien le habían regalado un gato persa en la época en que Kipling escribió el cuento. Kipling mismo le había regalado un gato igual algunos años antes. Hay una foto de Josephine con un gato, en 1898, por lo que probablemente el cuento esté dirigido en realidad a ella, como todas las otras historias del libro. El poema, sin embargo, escrito a posteriori de la muerte de Josephine, parece estar inspirado en John, el otro hijo de Kipling, que tenía cinco años en ese entonces.
Si bien Kipling siempre estuvo rodeado de gatos, no parece conocerlos demasiado íntimamente, ya que adoraba los perros terrier. Por eso es que la idea de que a los gatos "tanto les da un lugar u otro" es falsa: son animales fuertemente territoriales. Tampoco es cierto que todos los gatos se escapan de noche, en vez de dormir en la cama con los adultos. Sí es verdad que los gatos no se subordinan a nadie.
La paleta (presumiblemente de cordero) que forma la letra inicial tiene una H, que vista con lupa, está compuesta de runas. Las runas dicen:

    Yo, Rudyard Kipling, dibujé esto, pero no había cordero en casa, así que lo copié de memoria. R. K.

y:

    Yo también escribí todas las obras atribuidas a la señora Gallup.

La señora Gallup en el año 1900 (en la época en que Kipling habrá hecho los dibujos del libro) había publicado The Bilateral Cipher of Francis Bacon, donde aseguraba que las obras atribuidas a Shakespeare en realidad habían sido escritas por Francis Bacon. Kipling se burló varias veces de las aspiraciones de los baconianos, en otras obras.
"Nenni" es una exclamación negativa que se usaba hace mucho en Francia, y que queda bien en un gato disgustado.
En la poesía se nombra a Viernes, el salvaje que vivía en la isla de Robinson Crusoe, nombrado así porque Robinson lo encontró un día viernes, veinticuatro años después de vivir en una isla desierta, solo con su perro, su loro y su chivo.
En el cuento en inglés, el Gato es macho, pero en la poesía es hembra. "Duque" es un nombre convencional de perro (como Michi para el gato); en inglés es Binkie.

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